Una huerta de mil sabores

El Jardín Botánico de la Universidad de Valencia recupera una selección de variedades tradicionales de pimientos y tomates a través de un proyecto de colaboración con la Estación Experimental Agraria de Carcaixent (IVIA).

¡Es tiempo de cosecha en la huerta del Botánico! En pleno apogeo estival, tomates, berenjenas y pimientos se convierten en los reyes del rincón más jugoso del Jardín, y no sólo para hacer las delicias de los amantes del gazpacho, la coca de verduras o el esgarraet, sino también con propósitos científicos y sobre todo didácticos, para que podamos empaparnos de la gran riqueza en variedades que encierra la tradición agrícola valenciana.

 

Y es que por segundo año consecutivo, el Botánico de la Universidad de Valencia en colaboración con la Estación Experimental Agraria de Carcaixent, del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), ha cultivado una amplia selección de variedades tradicionales de estas hortalizas que podrán disfrutar los visitantes de nuestro Jardín. Ñora, tomate rosado de Castellón, pericana, berenjena listada de Gandía, pimiento de cuatro cantos, pimiento del piquillo, tomate centenares del Rincón de Ademuz, berenjena larga negra, pimiento blanco y así hasta unas 30 variedades diferentes de la familia de las solanáceas.

  

 Lycopersicum esculentum Mill. cv. Rosada

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Huerta del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia. Autor: Marine Souxdorf

 

Este convenio de colaboración comenzó hace unos años, cuando el Botánico decidió pasarse al manejo ecológico de sus colecciones de plantas. Una iniciativa donde tomó especial relevancia la huerta y para lo que buscó el asesoramiento de Pep Rosselló, director de la Estación Experimental, y no sólo en cuanto a los requisitos básicos que debía cumplir la colección para adaptarse a esta nueva línea de agricultura ecológica sino también para el suministro de semillas ecológicas, así como diferentes aspectos relacionados con la estructura, composición del suelo o la gestión y el diseño del espacio.

 

Una relación muy estrecha y positiva que acabó convirtiendo a la huerta del Jardín en un lugar estratégico para valorizar, caracterizar y dar a conocer esas variedades tradicionales que en ocasiones quedan al margen del mercado de producción ordinario, donde suele primar más el propio rendimiento del cultivo que la calidad del producto en si.

 

Quién tiene una huerta tiene un tesoro
Hasta no hace tanto, los agricultores seleccionaban las mejores semillas de la cosecha para ir optimizando progresivamente sus frutos a nivel organoléptico y cruzaban los cultivos para conseguir nuevas variedades cada vez mejor adaptadas a las condiciones ambientales de cada lugar y de cada comarca. Variedades rústicas, muy resistentes a plagas y enfermedades, que podían conservarse hasta el año siguiente sin problemas a través de las semillas.

 

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Huerta del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia. Autor: Elisa Caballer

 

Una riqueza genética que se ha transmitido a lo largo de generaciones, familiarmente o a través del intercambio de semillas entre los propios agricultores, y que ahora se ve amenazada ante un modelo agrario que apuesta por productos estandarizados y donde prevalece el aspecto visual, las necesidades productivas y las propiedades ligadas a un mejor transporte, conservación y venta. El sabor, el aroma, la textura o el valor gastronómico, quedan relegados a un segundo lugar, ante las necesidades de un mercado globalizado.

 

No es que debamos volver al sistema anterior, pero si encontrar la manera de incluir a estas variedades tradicionales que parece que a los agricultores de hoy ya no les interesa producir. De ahí que sea tan importante su puesta en valor y la preservación de sus semillas para que no terminen desapareciendo. Una importante tarea en la que la Estación Experimental lleva trabajando desde hace años y a la que el Botánico ha querido sumarse a través de la incorporación de las semillas recogidas tras la cosecha a su Banco de germoplasma, para poder crear así una nueva colección de semillas hortícolas tradicionales.

 

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Cata de tomates en el Jardín Botánico de la Universidad de Valencia. Autor: Elisa Caballer

 

Y además de recoger semilla, ¿qué hacemos con la producción de la huerta del Botánico? Por lo que respecta a los tomates, tanto el año pasado como este, hemos organizado una serie de catas "a ciegas" (sin conocer el nombre de las variedades a degustar), en las que se ha valorado el perfume, la dureza y el gusto. Así podemos evaluar las preferencias del consumidor y apostar por unas variedades más que otras, aunque ya se sabe, ¡para gustos colores!. Los resultados de la cata del año pasado ya los publicamos en espores el año pasado y en breve publicaremos los de este año, que tuvo lugar el pasado mes de julio.

 

En cuanto a los pimientos, este año la Estación Experimental y el Botánico han querido caracterizar algunas variedades que no estaban bien definidas. La caracterización es de tipo morfológico y es necesaria para poder discriminar bien unas variedades de otras.

 

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Algunas de las variedades de pimientos cultivadas en la huerta del Botánico. Autor: Marine Souxdorf

 

De cada muestra tomada se medirá el porte de la planta, del fruto y del pedúnculo de la flor, pero también la longitud del limbo de la hoja y del fruto, así como el espesor de la carne o el diámetro de este último. También se analizará, entre otros parámetros, el brillo, la existencia o no de sabor picante, o el color, antes y durante la madurez, de cada una de los pimientos.

 

Un Jardín Botánico ecológico

En países como Francia, Alemania o Reino unido, la jardinería ecológica y el paisajismo sostenible son auténticos ejes vertebradores del plan de gestión de los diferentes espacio verdes que poseen. Sin embargo, tal y como apuntaba no hace mucho nuestro blogger Paco Marco, hoy por hoy, la jardinería ecológica todavía es una asignatura pendiente en España. Una gestión de calidad requiere del uso de la diversidad vegetal y la sostenibilidad en las zonas verdes, incluyendo soluciones racionales a los problemas fitosanitarios.

 

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Jardín Botánico de la Universidad de Valencia. Autor: José Plumed

 

Pero, ¿es viable este modelo a la hora de gestionar un Botánico? Estos Jardines encierran una biodiversidad vegetal mucho más rica que el resto de jardines urbanos convencionales, constituyendo un ecosistema muy específico que favorece la presencia de los organismos fitófagos pero también la de sus enemigos naturales. Así que a la hora de controlar las plagas y las enfermedades, mantener ese armonía será nuestro principal objetivo y, precisamente, es el uso continuado de tratamientos fitosanitarios con plaguicidas convencionales lo que suele llevar a la rotura de esa equilibrio.

 

De esta manera, el Jardín Botánico de la Universidad de Valencia decidió acogerse en el 2004 a un proyecto integrado de manejo ecológico. Desde entonces y de forma progresiva se han sustituyendo los plaguicidas de origen químico que se utilizaban por otras materias menos tóxicas para el medio natural y los seres vivos.

 

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Cryptolaemus montrouzieri, un enemigo natural de los áfidos que podemos observar frecuentemente en el Botánico

 

Un trabajo que ha sido complementado con diferentes tareas de control biológico entre las que destacamos: liberaciones de parasitoides y depredadores para combatir pseudocóccidos y áfidos entre otras plagas, o medidas de conservación específicas para fomentar los artrópodos útiles ya presentes en el Jardín, como es el caso de diferentes especies de coccinélidos, cecidómidos, sírfidos, neurópteros e himenópteros parásitos. Actuaciones que no habrían podido llevarse a cabo sin el asesoramiento y la labor de investigación de Antonia Soto Sánchez, del Instituto Agroforestal Mediterráneo (Universidad Politécnica de Valencia).

 

Pero además de estas iniciativas y de apostar por una agricultura ecológica y la recuperación de variedades locales y tradicionales a través de la huerta, el Jardín Botánico, como institución comprometida con la conservación y la biodiversidad vegetal, ha dado un impulso a sus colecciones de plantas, incrementando notablemente en los dos último años su número de especies. Razones que le llevaron a realizar dos actuaciones concretas más que completan este modelo de gestión sostenible.

 

Real Compost

 

Por una parte, se han instalado en el suelo del Jardín sensores de humedad a diferentes profundidades que, junto a un nuevo sistema de riego automático, han permitido una gestión más precisa y eficaz del agua en el Botánico. Y por otra, se ha habilitado un nuevo espacio para la fabricación de su propio compost, aprovechando todos los restos vegetales que generan en el Jardín y que hasta ahora únicamente se reutilizaban para hacer mantillo. Ahora, hasta el 80% de los restos se reutiliza (el 20% desechado incluye elementos pinchantes, voluminosos o semillas de malas hierbas) obteniendo un compost de muy buena calidad con el que ya se ha mejorado el suelo de prácticamente todo el jardín exterior, y en especial el de la huerta. Una práctica muy recomendable que os detallaremos en un próximo artículo para que os animéis a instaurarla en vuestro jardín o huerta. 

Elisa Caballer

Licenciada en biología y ciencias ambientales. Técnico de Cultura y Comunicación al Jardí Botànic de la Universitat de València