Un paseo vegetal por la ronda Nord de València

Un paseo vegetal por la ronda Nord de València E. Bezembinder-Flickr (CC BY-NC 2.0)

Caminar por la Huerta de València significa, también, reencontrarse con la historia y las tradiciones vinculadas a los cultivos que han ido sucediéndose a lo largo de los tiempos. Las moreras y la seda, las propiedades tintóreas de la morera negra, el ricino, los palillos de madera del falso pimiento, granados y chufas… Un paseo con el que M. Julia Martínez nos convida a seguir el pasado y presente de las tradiciones vegetales de la ronda Nord de València.

La huerta, nuestra huerta valenciana, tras el boom de las construcciones y los nuevos planes urbanísticos ha sido avasallada sin piedad, tanto en la Valencia Norte como en otras partes de nuestro territorio. No obstante, en la actualidad vemos que una nueva conciencia solidaria, el respeto por el campo, nuestra vida, puede dar un cierto respiro a un medio de sustento de nuestros ancestros, que lo cuidaban y respetaban.

Habitualmente, suelo pasear con mi perro por los actuales caminos y antiguas sendas de tierra que bordean la ronda Norte, uno de los cinturones de la ciudad de València. Mi pasión por la historia de las plantas y sus aplicaciones en la Antigüedad me llevan a observar, fotografiar y pensar en cada uno de los usos tradicionales que pudieron o puede tener cada planta, cada arbusto y cada resto de árbol frutal o suntuario que sigue creciendo. Restos de cultivos ancestrales como las morerasy de árboles o arbustos ornamentales que embellecían las antiguas alquerías como, por ejemplo, las falsas pimientas (Schinus molle L.), las diferentes variedades de acacias, los ricinos (Ricinus communis L.), las adelfas (Nerium oleander L.) o las murtas (Myrtus communis L.), entre otros.

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Parcela con cultivo de cebollas y habas en la ronda Norte (Alboraya). / M.J. Martínez.

 

El territorio que conozco con mayor detalle se circunscribe a la huerta de Alboraya y la de Benimaclet Este. Lindando con este barrio, podemos encontrar un mayor número de campos baldíos que en la parte perteneciente al término municipal de Alboraya. Se trata de terrenos que siglos atrás, posiblemente, albergaron cultivos de temporada comola cebolla, la patata, los nabos, etc., algún campo de naranjos y otros árboles aislados que se plantaban bordeando las huertas. Por ejemplo, los nísperos, Eriobotrya japonica (Thunb.) Lindl. Es un árbol con propiedades medicinales, de origen asiático, naturalizado en toda la cuenca Mediterránea. De su fruto recuerdo las advertencias que me hacía mi abuelo: “els pinyols són veneno”. Y es que la presencia de glucósidos cianógenos en su semilla la hacen bastante tóxica. Además del níspero, encontramos higueras (Ficus carica L.), granados (Punica granatum L.), laurel (Laurus nobilis L.), ricino y, sobre todo, moreras (Morus alba L. y Morus nigra L.).

 

Las moreras: un emblema de las tierras valencianas

La morera, particularmente la especie Morus alba, es un árbol emblemático en nuestras tierras, teniendo en cuenta la importancia y reconocimiento de los tejidos de seda valencianos (velluts, domassos y brocats) durante los siglos XV al XVIII, siglo de mayor esplendor de las sederías valencianas (Franch 1996: 201). La elaboración de los hilos de seda y tejido se remonta a finales del siglo IX según cuenta las crónicas de IbnAdari y Al-Razi (Iradiel 1996: 185). Así, la seda siempre estará presente en nuestra huerta mientras podamos ver en ella alguna morera blanca, árbol de cuyas hojas se alimentaba al gusano de seda, del cual se obtiene la materia prima para elaborar los delicados tejidos.

Morus alba es una especie originaria de China que se exportó a Persia y en el s. VI a Constantinopla. Tiene predilección por los suelos arenosos, llanos y marítimos, por lo que estos árboles fueron abundantes en nuestras huertas. Su cultivo se extendió mucho en algunas comarcas como La Ribera Alta, La Safor y L’Horta de València (Bataller y Narbon, 2008). A partir de 1768, los productores de seda no podían vender toda su producción y las ganancias que se obtenían con ésta eran menores a las que se alcanzaban con otros productos agrarios (Palop 1997: 188-193).Afinales del siglo XVIII, se arrancaron masivamente de nuestras huertas. La Junta de Comercio Valenciana constata que “los labradores hicieron un arranque de moreras horroroso” siendo sustituidas por otras especies de árboles (Franch 1996: 206). En muchas zonas, como podemos observar en este tramo de huerta, quedan algunas bordeando caminos y acequias como barrera para el viento o delimitando lindes.

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Morera creciendo junto a una acequia en el término Alboraya. / M. J. Martínez. A la derecha, detalle de las hojas. / Fastily (Wikimedia).

 

Respecto a la especie Morus nigra L., quedan arbolillos marginaleso cerca de las acequias tapadas en torno al camino de Vera. Aunque sus hojas podían servir de alimento al gusano de seda, su solidez hacía que fueran menos apreciadas, ya que la producción de seda solía ser menor y de una calidad más basta. Pero fue un árbol muy popular por su fruto, la mora roja, que adquiere un color oscuro cuando está madura, de sabor muy dulce y delicioso. El fruto es astringente y ácido cuando está verde, por lo que tradicionalmente se han recomendado para la disentería, las diarreas e incluso para la llamada “pasión celiaca”. Sus propiedades ya eran citadas por Dioscórides y Galeno, que atribuían a todo el árbol propiedades astringentes y catárticas.

Cuando el fruto está maduro tiene un zumo viscoso que tiñe las manos de color rojo oscuro. En el campo de los tintes naturales podría usarse para teñir, y es citado en un papiro griego del siglo III d. C. (Martínez 2014). Mancha las telas y es muy difícil de eliminar, de hecho, se ha usado para colorear muchos licores. Las hojas y ramas ricas en taninos y dejadas secar también pueden usarse en tintura por el método de decocción dando colores marrones.

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Morus nigra marginales, Benimaclet este. / M.J. Martínez.

 

El ricino: alertando de su toxicidad

La especie más común en los terrenos baldíos de esta área es el ricino, una euforbiácea, también conocida como higuera infernal y Palma Christi. La encontramos pegada a las aceras, las acequias y próxima a los cercados de las pequeñas huertas urbanas que han empezado a desarrollarse en esta zona. De las semillas del ricino también nos advertían nuestros sabios abuelos, muy llamativas para los niños, pero muy venenosas, tanto para personas como para animales e insectos, ya que contiene una proteína muy tóxica llamada ricina. Es importante que la gente conozca la toxicidad de este arbolillo por su masiva presencia en la ronda Norte y en zonas de paseo.

Sin embargo, a pesar de su toxicidad, el aceite de ricinoextraído de las semillas se usaba tradicionalmente como purgante y aparece enmuchas formulaciones farmacéuticas como aceite de Castor. Por su sabor algo nauseabundo, se administraba en preparados análogos a este: “Aceite de Ricino y vino de Málaga, en proporción de 15 a 45 gr. Agitar antes de tomar”. En la Parte práctica de la Botánica del Caballero Linneo de 1787, se dice que la semilla es “drástica, inflamatoria y excelente antihelmíntica”. De su aceite señala que “es muy laxante (usado con prudencia) en la pasión ilíaca, en la celiaca, en los cólicos nefríticos y para matar la tenia”.

A pesar del tradicional uso del aceite de ricino, vecinos de Benimaclet me indicaron que esta especie solía plantarseen los jardines de las alquerías con fines únicamente ornamentales, como estuvo de moda en toda Europa. Hoy en día, debido al abandono de los campos, la población de ricinos ha aumentado considerablemente pudiendo encontrar agrupaciones o bosquecillos de ricinos con un tallo leñoso a modo de arbusto.

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Bosquecillo de ricinos en la linde de los huertos urbanos de Benimaclet en el margen de una acequia. / M. J. Martínez.

 

El pimentero silvestre

Otro de los árboles ornamentales a destacar es la falsa pimienta o pimentero silvestre (Schinus molle L.), con una distribución marginal, a menudo creciendo en solares cercanos a núcleos urbanos y en terrenos muy degradados o pegados a paredes en mal estado de antiguas alquerías. Se trata de una anacardiácea oriunda de Sudamérica que fue traída de Perú, conocida allí como árbol de la vida y aguaribay. Se usó mucho en Europa como árbol ornamental porque su crecimiento es muy rápido. Quer y Martínez señalaba en su Flora española que se cultivaba en las huertas de la ciudad de València destacando que de las ramas delgadas se hacían mondadientes. También su madera podía utilizarse para hacer postes y mangos de herramientas.

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Schinus molle L. A la derecha, detalle de hoja y fruto de la misma especie. / A. Davey (Flickr).

 

Algunas crónicas prehispánicas señalan su uso tradicional en la antigua medicina peruana atribuyéndole propiedades curativas a las diversas partes de la planta, tanto de las hojas y la corteza como de la resina obtenida por incisión, con un aroma muy parecido al del lentisco. Las hojas, en infusión, curan los cólicos estomacales y la resina tiene poder cicatrizante. Los frutos o bayas, cuando maduran, son de color rojo y se usan como condimento en la cocina mezclados con otras pimientas. Además, sus propiedades tintóreas han sido conocidas por los pueblos andinos desde tiempos prehispánicos y sus hojas eran usadas para teñir de amarillo los antiguos tejidos incas.

Los antiguos incas lo consideraron un árbol sagrado y aún hoy conserva un halo mítico-mágico. Las curanderas indígenas usan el agua de molle para lavar a los difuntos antes de ser enterrados liberándolos de sus pecados (Figoni 2014: 69).

Actualmente, se están estudiando sus metabolitos secundarios y evaluando sus propiedades insecticidas.

 

Nerium oleander : nuestro baladre

Siguiendo con este paseo no podemos olvidar nuestro baladre (NeriumOleander L.), una apocinácea que aún hoy sigue usándose en jardinería y en muchas huertas productivas como valladoal igual que la murta. El baladre, también conocido como adelfa, es una especie que prefiere los terrenos marítimos y las riberas de los ríos.

Según el Inventario de plantas medicinales de uso popular en la ciudad de Valencia, en la Comunidad Valenciana, el baladre se empleaba para curar las verrugas, como veneno y contraveneno, y para curar la sarna. Popularmente, el líquido de las ramas en decocción se utilizaba en forma de enjuagues para quitar el dolor de muelas. Estas también se han usado para elaborar fibras vegetales utilizadas para confeccionar o remendar redes de pesca entre los pescadores de los poblados marineros de Valencia.

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Más sobre Nerium oleander en este artículo de Espores.

Si echamos un vistazo al tratado De materia medica de Dioscórides, ya encontramos referencias a su elevada toxicidad, señalando que tanto las hojas como las flores son venenosas para la mayoría de los animales de cuatro patas, pero que son útiles al hombre para las mordeduras de serpientes, bebidas con vino, añadiendo la Ruda; y que, los animales endebles, como cabras y ganado lanar, mueren si beben el agua en que se hayan infundido las hojas del baladre. Sin embargo, Galeno decía que las hojas machacadas y aplicadas exteriormente eran digestivas, resolutivas, y buenas contra la mordedura de animales venenosos, mientras que tomado interiormente era un veneno mortal para el hombre y para la mayor parte de los animales.

 

Del granado a la chufa

Es importante la presencia de frutales como el granado (Punica granatum L.), cuyo fruto aparece en la iconografía de la cerámica ibérica de Edeta; nuestra higuera, y del perenne laurel. Árboles que encontramos junto a algún olivo anciano y al níspero en terrenos lindantes a solares que hoy se hayan rodeados de edificaciones.

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Higuera. / A. Marín (Flickr).

 

En el momento de esplendor de la huerta, estas especies pudieron ornamentar patios o jardines delimitando muchas veces las alquerías. Del granado cabe destacar su riqueza en taninos y su gran poder tintóreo. Unido al desarrollo de la industria sedera en Valencia y utilizado para teñir de amarillo, su agresividad con la seda hizo que se prohibiera su uso por decreto real (Martínez 2011: 251s.).

Sus propiedades medicinales han destacado desde época griega. Por su poder astringente, en ciertas partes de España, los agricultores utilizaban el líquido obtenido al cocer la cascara del fruto para cortar la diarrea. En Valencia, se utilizaban la corteza y las raíces como vermífugas poniéndolas en remojo hasta que estaban blandas, machacándolas con almendras y azúcar moreno, y comiendo esta pasta.

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Cultivo del granado actualmente en la huerta de Alboraya. / M. J. Martínez.

 

Del laurel, tradicionalmente se han empleado las hojas para usos culinarios. Calímaco decía que en el oráculo de Delfos se ponían hojas quemadas bajo el trípode de la Pitia y al aspirar este humo ella entraba en trance. En Valencia, en las zonas de la Albufera, se cocían las hojas y el caldo se tomaba para limpiar el intestino, como digestivo, antihemorroidal y antirreumático. También se ha empleado en farmacia y en cosmética por sus aceites esenciales.

Las huertas pertenecientes al término municipal de Alboraya conservan su valor productivo con predominio del cultivo de la chufa (Cyperus esculentus L.). De esta gramínea se utilizan los tubérculos de la raízpara la elaboración de la famosahorchata valenciana.El cultivo de la chufa se alterna con el de otras hortalizas. Tras la recogida de la chufa, el mismo campo se siembra con un producto de temporada como, por ejemplo, las cebollas, los puerros, las coles o las patatas, según las necesidades, sacando por lo general dos cultivos anuales y dejando en barbecho un año para descanso de la tierra.

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Campo de chufa en la huerta de Alboraya. / Wikimedia.

 

La humilde riqueza de las plantas silvestres

Hoy en día, cuando observamos estos territorios vemos que muchas parcelas han sufrido un abandono drástico. En las huertas donde no hace mucho se criaban acelgas, alcachofas, etc. hoy se desarrollan especies vegetales silvestres que invaden rápidamente grandes extensiones de huerta. Como contrapartida, encontramos una gran biodiversidad entre las especies que invaden los campos baldíos y es sugestivo hacer hincapié en el interés paisajístico, sobre todo en primavera, y en los usos populares de algunas de estas plantas silvestres.

Por ejemplo, podemos encontrarnos con la borraja (Borago officinalis L.), la escorihuela (Convolvulus arvensis L.), el cuajaleche (Gallium verum L.), la cola de caballo (Equisetum arvense L.) y la malva silvestre (Malva sylvestris L.), entre otras. Se trata de plantas usadas en la medicina popular y en otras actividades como la tintorería natural.

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Borraja, cuajaleches y malva común (de izquierda a derecha). / M. J. Martínez. 

 

De la borraja, tradicionalmente a Valencia, se han utilizado las hojas y las flores, muy apreciadas en ensaladas gourmet. La medicina popular le atribuyó propiedades diuréticas y sudoríficas. Del cuajaleches, cabe destacar su virtud diurética: sus flores en cataplasma rebajan la inflamación y cortan las hemorragias nasales. Además, como apunta su nombre común, se utilizaba para cuajar la leche en la elaboración de quesos. Como rubiácea, cabe destacar las propiedades tintóreas de sus raíces. La malva silvestre crece abundantemente en estos parajes con especímenes que llegan a alcanzar una altura considerable. Las partes usadas de la planta son las sumidades aéreas y florales ricas en mucilagos. Se ha empleado en infusiones orales para los constipados bronquiales y como laxante, diurético, antinflamatorio y para relajar los nervios. Por vía tópica, las hojas cocidas en forma de cataplasma se utilizaban para las quemaduras. Las raíces cocidas también se han usado para enjuagues y alivio de las encías irritadas (Fresquet et al. 2001).

 

Notas finales

A pesar de toda esta belleza descrita, el futuro de este territorio es un enigma difícil de resolver. La huerta valenciana es un pulmón de la ciudad y un medio de vida para muchas personas que tratan de lidiar cada día con la incógnita de qué especies valdrá la pena sembrar para poder mal vivir, cuales serán las más productivas, o como dirían: “si val la pena deixar perdre la terra”.

Por otro lado, la huerta de Benimacleteste se halla inmersa en una lucha para impedir un PAI que permitirá la construcción de unas 1350 viviendas con la inclusión de zonas verdes y espacios dotacionales. Actualmente, la zona donde está previsto el proyecto tiene muy pocas parcelas de cultivo activoya que un 40% pertenecen a la empresa que presentó dicho proyecto. La mayoría de las tierras de labor están abandonadas e invadidas por las especies silvestres comentadas más arriba, pero aún así, ¿qué belleza paisajística pueden aportar torres de 30 alturas?¿Cómo se va a gestionar el espacio de los huertos urbanos y las dotaciones de zonas verdes? A medida que València crece va a ser necesario incluir la antigua huerta en el espacio urbano y es un reto para la administración el resolver como llevar a cabo esta inserción preservando al máximo y con responsabilidad la identidad de nuestra huerta.  

 

 

María Julia Martínez García

Doctora en Historia y Especialista en tintes naturales. Investigadora en proyectos de la Universitat de València.

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