¿Por qué no miramos a las plantas?

Cuántas veces en el Botánico guiamos una visita por nuestro maravilloso Jardín y asistimos estupefactos a la imantada atención que logran los gatos que lo pasean mientras las plantas son sutilmente ignoradas. Sergio Ripoll nos da las claves de esta curiosa reacción del público.

Crecemos, vivimos y nos desarrollamos rodeados de plantas. Sin embargo, apenas llaman nuestra atención. ¿A qué se debe? Con esta reflexión me gustaría dar un paseo por los diferentes factores que nos generan la llamada “ceguera hacia las plantas”. Este término hace referencia a ciertas características presentes en el ser humano (no en todos), que resultan en una pérdida de la atención hacia nuestros vecinos vegetales, generando que pasen desapercibidos e incluso impidiendo que percibamos la importancia que tienen en nuestras vidas y en el medio natural.

 

Para ahondar en este fenómeno recurriré a las ideas de Francis Hallé y John Berger a lo largo de esta reseña, a la par que plantearé las dos siguientes preguntas: ¿Por qué no nos fijamos en las plantas? ¿Por qué, no obstante, sí que miramos a los animales?

 

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Estamos tan acostumbrados a ver plantas por doquier que por ello mismo se convierten en algo trivial

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Para responder a la primera pregunta sólo tenemos que mirar por la ventana. Viviendo en una ciudad podemos comprobar cómo la mayoría de elementos urbanos pasan desapercibidos porque son conocidos y forman parte de nuestro día a día. Muchas plantas que viven en la ciudad corren la misma suerte, porque las incluimos en ese ambiente urbano tan cotidiano y monótono. Estamos tan acostumbrados a ver plantas por doquier que por ello mismo se convierten en algo trivial, pese a ser organismos vivos muy diferentes a otros elementos urbanos, los categorizamos como tal.

 

En ciertas ocasiones las plantas generan estructuras que sí nos son llamativas, como las flores (pues tal es su función), que compramos y usamos para regalar o decorar un espacio dada su belleza. Pero ahí acaba ese momento, ya que generalmente nos es suficiente con el componente estético y no nos preguntamos por qué esos estambres están tan juntos o por qué esos pétalos tienen esa forma tan curiosa. Simplemente rememoran en nuestros hogares la belleza de la naturaleza que tan lejana nos parece, aunque nos rodee incluso en la ciudad.

 

Me he encontrado en multitud de ocasiones con pesonas que centran su atención en un estanque porque está lleno de peces. Sin embargo, a su alrededor, magníficas especies vegetales acuáticas pasan desapercibidas. ¿Por qué? ¿Por qué nos fijamos más en los animales? ¿Por qué todas las fotografías van dirigidas al oso que se rasca la barriga? Es debido a que nosotros también somos animales y compartimos más rasgos con ellos que con las plantas.

 

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¿Por qué cuando miramos a una libélula tomando el sol sobre una planta no nos percatamos de esa planta? En muchos casos las plantas son percibidas como el escenario donde se desarrolla la vida animal. Esto hace que nos resulte muy difícil separar los diferentes individuos vegetales de un ambiente natural.

 

Adicionalmente, si nos comparamos con las plantas encontramos diferencias rápidamente que explican por qué preferimos mirar animales. En primer lugar, su forma y modo de vida. Las plantas no presentan formas que nos resulten familiares y nos cuesta identificar las funciones de sus diferentes estructuras. Además, nosotros no crecemos indefinidamente ni regeneramos partes del cuerpo como es su caso. Su falta de movilidad y su aparente pasividad hacia diferentes estímulos no suscita ningún interés a nuestra percepción porque los animales, en cambio, sí que responden de una manera más visual y activa ante estos. Si el clima no es el adecuado el animal se desplaza a otro más óptimo, mientras que la planta ha de fortalecerse o buscar una manera que le permita sobrevivir hasta que el clima vuelva a ser el adecuado. Para reproducirse, el animal podrá ir en busca de un compañero reproductor mientras que la planta dependerá de los animales, del viento u otros factores.

 

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Estas diferencias, entre muchas otras, ponen de manifiesto que formamos parte de un conocido reino animal, donde somos expertos, y que por lo tanto todo lo relacionado con este reino atraerá, en primera instancia, nuestras miradas. No hay más que fijarse en las plantas carnívoras. ¿Por qué las plantas carnívoras resultan tan atractivas al público en general respecto a otros tipos de plantas? Tal vez sea porque parece que llevan a cabo algo muy animal como es “comer”.

 

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Drosera rotundifolia

 

El tiempo es otro factor a tener en cuenta, pues la escala de tiempo vegetal es completamente diferente a la animal. Una planta puede estar muriéndose durante años y a nosotros parecernos que está viva. En nuestra vida puede que ese roble con el que jugábamos de niños siga ahí después de nosotros, reafirmando la idea de que las plantas viven indefinidamente. Esto distrae nuestro interés hacia las plantas, porque ese animal bebiendo del río no estará siempre ahí y por eso mismo hemos de dedicarle toda nuestra atención.


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También he de destacar las dificultades que se pueden encontrar en el ámbito educativo. La parte del temario de ciencias dedicada al mundo vegetal en la etapa de Educación Secundaria puede resultar poco atractiva y algo compleja para los alumnos si la comparamos con otras partes del temario. Esto alimenta la “ceguera hacia las plantas”, impidiendo que las personas conozcan la importancia del mundo vegetal en el mundo y alejándolo a su vez de nuestras vidas. Ante esto, se han de poner en funcionamiento acciones que sirvan para paliar su efecto. Un buen método para despertar el interés por el mundo vegetal es abordar como tema inicial las curiosidades e historias que lo rodean, antes de incidir en la terminología o en los procesos fisiológicos vegetales, entre otros.

 

¿Una batalla perdida? Quizá haya esperanza, propongo hacer más atractivo el mundo vegetal, ser conscientes de él, para así poder comprenderlo, disfrutarlo y respetarlo como merece. Será una tarea ardua sin duda, pero gratificante y, en definitiva, necesaria.

 

Bibliografía:

Hallé, F. (2016). Elogio de la planta. España. Libros del Jata
Berger, J. (2009). Why look at animals? Inglaterra. Penguin Books

Sergio Ripoll Gomez

Licenciado en ciencias biológicas por la UV y profesor de secundaria

Me gusta el senderismo, la lectura, el ajedrez y los videojuegos de submarinos. Soy alérgico a los pañuelos y no me gustan los viajes en bicicleta cuando no llevan sillín.