Pensamientos, flores de invierno

No tiene porque ser todo triste en nuestro jardín los meses de frío. Algunas plantas aprovechan esta época para mostrar flores en todo su esplendor, como los pensamientos, que resisten las heladas y nos sorprenden cada otoño con un gran abanico de colores.

Hay quién pensará que el pensamiento es una flor a la cual le gusta traer la contraria, una rebelde que se convierte en protagonista a los meses más fríos. Y es que su ciclo de vida parece girar en el sentido contrario a las agujas del reloj. Los pensamientos (Viola x wittrockiana) empiezan su floración en otoño perdurando todo el invierno, y ya hacia el final de la estación, con la llegada del buen tiempo y los primeros calores, la planta empieza a decaer.

 

Pero los pensamientos no son plantas que podemos encontrar a la natura, en realidad son un híbrido complexe derivado del entrecruzamiento del pensamiento salvaje (Viola tricolor) con varias especies del género. Todo con finalidad ornamental, para hacerla más grande, más resistente al frío todavía y con más posibilidades cromáticas. Este pensamiento es originario de Europa y fue descrita por primera vez por Linneo en 1753, aunque también podemos encontrarla ampliamente naturalizada por Norteamérica donde fue introducida por aquellos años. Son plantas de hábito trepador y de unos 15 cm de altura con flores aisladas muy vistosas con pétalos de diferentes colores que pueden ser púrpuras, amarillos o blancos.

 

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Viola × wittrockiana


Su hibridación se produjo en el siglo XIX, cuando los jardineros y botánicos más importantes de Europa buscaban producir flores cada vez más atractivas. Así, Viola x wittrockiana, el que comúnmente se comercializa como pensamiento, surgió a principios de aquel siglo como resultado de cruzar primeramente Viola tricolor con otra especie europea más montañosa, la Viola lutea, para después cruzar este híbrido resultando con otra especie más oriental, la Viola altaica. Cómo decíamos, un híbrido complejo del que después se fueron seleccionando determinadas características para crear diferentes variedades cultivadas, llegando a obtener más de 400. Por eso se convirtió en una de las plantas favoritas de la nobleza y los forofos a la jardinería de aquella época. La planta consiguió su máximo esplendor a mediados de siglo, durante la época victoriana, debido al desarrollo del acero y a la fabricación masiva de invernaderos en palacios, jardines, botánicos y universidades.

 

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Viola lutea

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Viola altaica

 

Pero además de su aspecto, los pensamientos tienen una larga historia por su uso. Su infusión era recomendada para tratar el asma, la epilepsia, la bronquitis y la tos convulsiva, así como para la reumatitis y la cistitis por su uso diurético, mientras que si se utilizaba en forma de ungüento servía para curar eccemas. Por otro lado, sus flores servían también para realizar tinturas y las hojas eran empleadas como indicadores químicos. Por último, otra función que todavía se muy querida a la actualidad es la de las suyos aplicaciones gastronómicas. Y es que, al igual que la rosa o la caléndula, las flores del pensamiento son comestibles con un sabor suave y dulce, empleándose como condimento o acompañamiento para ensaladas, tortillas, pastas, carnes, aves, pescados, quesos, vinagretas, pasteles o helados. Os animamos a probarlas si todavía no lo habéis hecho.

 

Una flor inspiradora

Las leyendas y la literatura también nos han dejado constancia de la repercusión del pensamiento en las diferentes sociedades. Tradicionalmente esta planta se relacionó con el amor, vinculándose directamente con el día de Santo Valentín. No tan sólo porque era utilizada para elaborar todo tipo de pociones de amor si no porque, según dice la leyenda, si colocas un pensamiento encima de alguien que está dormido, cuando se despierte se enamorará de la primera persona que vea.

 

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En el campo de la literatura, Shakespeare dejó constancia en dos de sus obras de la repercusión que la versión más salvaje de la flor tenía en la Inglaterra de finales del siglo XVI. Así, el Ofelia de Hamlet se refiere a esta flor diciendo "hay pensamientos que son pensamientos", mientras que en El Sueño de una noche de verano Oberón, el rey de las hadas, envía al pícaro espíritu Puck a recoger una pequeña flor del oeste que llamaba "amor en la pereza", el pensamiento, puesto que se trataba de una planta mágica capaz de despertar un profundo enamoramiento de aquel que recibe sus efectos.

 

Esta gran popularidad en la poesía romántica lo ha traído a tener una gran variedad de nombres comunes que hacen referencia a su gracia, delicadeza y ternura. En su lugar de origen, Inglaterra, era llamada inicialmente como "Tres bonitas caras bajo una capucha", debido al gran parecido que tenía la flor con un rostro humano. De hecho, el nombre de pensamiento o pienso, que se originó en Francia, es a causa de que en agosto, cuando la planta se marchita, la flor se inclina hacia delante como una pequeña personita que está reflexionando, absorta en sus recuerdos y pensamientos.

 

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Pero esta flor también es conocida como trinitaria, haciendo alusión a la Santísima trinidad, en su variedad salvaje Viola tricolor y sus tres pétalos de colores. De hecho explica la leyenda que el pensamiento, en sus primeros días de existencia, tenía un aroma más suave y delicado que su hermana la violeta (Viola odorata). Cómo solía crecer en los campos de trigo y era muy buscada por sus bellos colores y exquisita fragancia, los campos quedaban destrozados por los interesados en la flor y el grano empezó a escasear. La flor, afligida por los destrozos que había causado, le pidió un día de primavera a la Santísima Trinidad que la privara de su perfume puesto que no quería que por su culpa se perdieron las cosechas. Su plegaria fue escuchada perdiendo el aroma y desde entonces fue llamada como la planta de la trinidad.

 

¡Cultivemos pensamientos!

Amarillos, naranjas, púrpuras, rojos, blancos... podemos encontrar pensamientos con flores de todos los colores para llenar de alegría nuestros jardines en esta época. Son plantas perennes bianuales que podemos sembrar y esperar al segundo año para que nos doy estas bonitas flores, o adquirirlas directamente en esta fase por transplantarlas.

 

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Crecerán bien en zonas de sol y semisombra, pero siempre con bastante luz natural, y en suelos ricos en materia orgánica para maximizar la floración. Hay que procurar que la tierra en la cual crecen esté siempre húmeda, pero también es conveniente prestar atención porque los suelos no se encharcan. Resisten las bajas temperaturas y las heladas, pero no el calor, así que habrá que renovar la planta una vez pasan las épocas estivales, es decir en otoño. En cuanto a las plagas y enfermedades, hay que tener especial cuidado con los pulgones y el oidio, un hongo que hace que la planta adquiera un color blanquecino.

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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