Mala espina

En el mes de las flores queremos dedicar este artículo a las protagonistas de muchos de nuestros jardines, las rosas. Tienen tantos colores como significados, pueden estar presentes en los acontecimientos más festivos y en los más tristes pero siempre son bonitas y pinchan.

Ya hablamos del aspecto más negativo de las flores en el artículo de Esporas titulado Estornudos! en el que hicimos un recorrido por todo aquello que nos permite saber el polen. Para mejorar la reputación de las flores, en el mes de mayo disfrutaremos de las rosas, la Planta del Mes del Jardín Botánico de la Universitat de València.

 

Las rosas fueron las primeras flores que se cultivaron con fines ornamentales. En la Edad Media, cuando las plantas no eran más que un botiquín o una fuente de alimento, las rosas ya se cultivaban para alegrar la vista y las narices. Desde entonces hemos cruzado rosales para obtener híbridos con propiedades muy distintas que faciliten su cultivo, que nos proporcionen un color o un aroma distinto o que crezcan trepando por nuestras paredes, como es el caso de Rosa grandiflora, la planta del mes del Jardín que os recomendamos que visitéis en el Umbráculo.

 

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Umbráculo de el Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

 

Por la nariz

Debido a la gran tradición de cultivo de rosas, la cantidad de variedades y especies es muy amplia, tanto que resultaría aburrido enumerarlas así que nos centraremos en otros aspectos más curiosos. Uno de los caracteres más reconocible de las rosas es su aroma, del que es bien sabido que las marcas más prestigiosas fabrican perfumes y otros tipos de cosméticos como la rosa mosqueta, que se usa para mejorar el aspecto de las cicatrices.

 

Por los ojos

Los colores de las rosas van desde el blanco, al rojo o al negro pasando por el naranja y el rosa y tienen significados distintos: el blanco de las rosas representa el amor puro y quizás por eso sean las protagonistas en las bodas y los regalos más habituales para quienes acaban de ser madre. Las rosas de color rojo simbolizan la pasión y el poder, las negras el luto y la tristeza, las de color naranja se regalan para demostrar entusiasmo, las amarillas son para los adolescentes y las de color rosa, un detalle perfecto para agradecer un favor.

 

Por si las flores unicolor no os sorprenden, os presentamos las rosas del Arco iris, un efecto casi extraterrestre que se obtiene manipulándolas. Si cortamos longitudinalmente el tallo de una rosa de un color preferiblemente claro, sin llegar a separar las cuatro secciones e introducimos cada una de las secciones en un vasito con agua y colorantes diferentes, la flor absorberá el líquido y por capilaridad, durante unos poco días, ascenderá hasta los pétalos donde se acumulará haciendo este efecto.

 

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Rosas Arco Iris. Imagen de FlickR, autor Jofre Ferrer


Por la lengua y la piel

Obviamente, no podemos escuchar a las rosas pero sí podemos saborearlas. Si buscáis en Internet hay recetas con pétalos de rosas de lo más llamativas: sopa de rosas, espagueti con un sofrito de pétalos de rosa, mermeladas...

 

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Infusión a base de pétalos

 

El tacto es el que hace de las rosas una alegoría de la belleza tricionera, nos atraen con los colores y aromas, como a los insectos, pero nos pinchan con las uñas que sobresalen de sus tallos y que tienen formas distintas dependiendo del tipo de rosa.

 

¿Qué necesitan?

Los rosales son arbustos vigorosos que crecen bien en climas templados como el nuestro. Necesitan luz solar directa al menos la mitad del día y un suelo ácido y muy drenado. También agradecen la ventilación y no necesitan mucha agua, puesto que los suelos fangosos favorecen la aparición de hongos que pueden provocar la defoliación del arbusto. Se plantan preferiblemente en otoño y se podan en invierno, mientras la planta está en reposo. Su floración es un hecho espectacular que tiene lugar en primavera y que atrae muchos polinizadores.

 

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Imagen de FlickR, autor Digo Souza 

 

Las rosáceas trepadoras son la forma más agradecida de tapar un muro viejo y dar una fragante bienvenida a los visitantes si las hacemos crecer sobre una estructura creando un dosel.

 

En cuanto a las plagas y enfermedades, la buena ventilación y la disponibilidad del espacio suficiente, sin hacinarlas, es muy importante para la prevención de hongos como por ejemplo el mildiu. Los insecticidas sistémicos pueden combatir ácaros e insectos chupadores que afectan al crecimiento y desarrollo del rosal. Por eso, mimar nuestras plantas es necesario para detectar pronto los problemas.

 

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Las rosas secas son una opción decorativa. Imagen de FlickR, autor Javier Collado Jiménez

 

Rosas salvajes

Las dos especies más conocidas de rosáceas silvestres son Rosa canina, que florece también en primavera y el nombre de la cual quizás se deba a la forma de sus espinas, muy parecidas a los colmillos de los perros. La tiene numerosas aplicaciones medicinales, dicen que es digestiva, estimulante sexual y que su fruto, el escaramujo, es astringent. Las flores son blancas o rosa y mucho más discretas que las flores de los rosales ornamentales.

 

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Rosa canina. Imagen de FlickR, autor Cosmea2012

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Mora de zarzamora


También es muy conocida la zarzamora, la rosácea más abundante puesto que ocupa los márgenes de caminos y campos porque prolifera vegetativamente de forma muy agresiva. Sus hojas se asemejan a las del olmo, por eso su nombre científico Rubus ulmifolius, y dicen de ellas que masticarlas fortalece las encías. Su fruto es la mora, con un sabor ácido y dulce que se han usado para hacer vino de mora.

 

Sant Jordi, el Día de la Madre, la Ofrenda... Muchas son las fiestas que celebramos con flores. En algunos países del este de Europa los invitados a una fiesta de cumpleaños tienen la obligación de regalar a la madre del protagonista una rosa de color rojo. Os animamos a incorporar esta tradición y que no os olvidéis de regalar plantas y flores y con ellas, un pequeño manual de cómo cuidarlas, para evitar disgustos.

 

Imagen de cabecera de FlickR, autor CittoNick

Inés Perales

Colaboradora del Departamento de Cultura y Comunicación del Jardí Botànic

Exagero siempre que puedo y me gusta atiborrar a mis amigos y familia. Me maravillan las cosas o animales que vuelan excepto E.T, que me da miedo.