El hipérico o hierba de San Juan: estrellas doradas para fomentar la autoestima

Se acerca la fecha señalada y volvemos con una nueva entrega de la serie dedicada a las plantas para la noche mágica de San Juan. El Hypericum perforatum, más conocido como hipérico, corazoncillo o hierba de San Juan, es una hierba de singular belleza con la que se elaboran algunos de los remedios más reputados para curar cuerpo y alma. Nos lo cuenta el especialista en etnobotánica Daniel Climent Giner.

Fiel a la cita primaveral, hay una hierba que rebrota por mayo y que adorna el campo con estrellas doradas. Unas estrellas acompañadas de hojas de un verde intenso que acumularán esencias y lograrán la plenitud en la noche de San Juan. Se trata del hipérico o corazoncillo, Hypericum perforatum, de la familia hipericáceas, gutíferas o clusiáceas. Es la hierba de San Juan por antonomasia, con fitónimos populares como el valenciano herba de Sant Joan, el italiano erba di San Giovanni, el inglés St. John’s wort o el alemán Johanniskraut, etc.

La planta se mantiene viva durante el invierno escondida bajo tierra, en forma de rizoma o tallo horizontal enterrado y cargada de reservas. Y despierta cuando lo hace Maia, la antigua diosa romana epónima (es decir, “que le da nombre”) del mes de mayo y que los cristianos convirtieron en el mes de María. Al sentirse mimada por el tiempo primaveral, el Hypericum perforatum o hierba de San Juan emite unos tallos verticales de hasta medio metro de estatura que cubre de parejas de hojas. Estas, miradas a contraluz, parecen punteadas, agujereadas por vesículas translúcidas.


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Detalle de las hojas de Hypericum perforatum / Daniel Climent

 

A esos puntitos translúcidos aluden tanto el epíteto científico de perforatum como varios nombres populares, como el valenciano foradada el gallego milfurada o el francés millepertuis. Unas vesículas que al ser chafadas con los dedos estallan y los manchan con un zumo rojizo (sangue di San Giovanni, se llama en Italia). 

En cuanto a las flores, llamativas, conspicuas, parecen estrellas áureas con cinco pétalos de un amarillo vivo y bordes marcados por puntos negros, rojizos o ambarinos. El conjunto ofrece una visión de singular belleza, incrementada por el hecho de que del centro surgen un gran número de estambres también amarillos y punteados en lo alto de negro o de púrpura.

 

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Flor de Hypericum perforatum / Daniel Climent

 

Una planta mágica

Bien por el simbolismo de las estrellas doradas, bien por las propiedades atribuidas a su humo —el olor recuerda al incienso—en la Edad Media se lo denominaba fuga daemonium (ahuyenta demonios), y se quemaban manojos para echar de las casas los malos espíritus, idea que todavía pervive en fitónimos populares como el francés chasse-diable y el italiano scacciadiavoli. También se suponía que manojos de la planta colgados a las puertas y ventanas impedían que los malos espíritus accedieran al hogar. Además, en determinadas partes de Italia, quienes bailaban alrededor de las hogueras de la Noche de San Juan, se adornaban la cabeza con espumillones de esta hierba.

Más allá de la magia y los hechizos, las hojas y las flores del hipérico guardan un secreto que sólo pueden disfrutar quienes han aprendido a mirar la naturaleza con ganas de ver y de vivir. Porque a la belleza del contraste cromático se une alguno de los remedios más reputados para curar determinadas partes del cuerpo... y del alma.

Pero claro, todo esto sólo podrá pasar si las hojas y las flores se recogen — ¿es que lo dudábamos?— la noche de San Juan. Unos remedios y propiedades atribuibles a unas esencias que han empezado a elaborarse por mayo y que lograrán las máximas concentraciones durante el apogeo floral y curativo de la noche más corta y mágica del año, la noche de San Juan, del 23 al 24 de junio.

Vamos por partes.

 

Contra las quemaduras, moratones y heridas superficiales

Miremos que se dice en el Llibre dels secrets d'agricultura, casa rústica i pastoril escrito por Fray Miquel Agustí (Banyoles, 1560 - ?, 1630), agrónomo y prior de la orden de San Juan de Jerusalén en Perpiñán. En concreto, en la página 34, habla de la planta que estamos considerando.

 

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Facilitemos la lectura con esta traducción aproximada:

«Secretos de la hierba Transflorina, dicha hierba de Sanct Ioan:
Su flor esta mucho en vs para hacer curar las llagas, y golpes, tal cual este. Tomaréis del fruto, y flor de esta hierba, botones de Rosas, que son los capullos todavía, y poner todo junto en una botella de vidrio con aceite, lo pondréis al Sol, hasta que esté todo consumido, después lo colaréis y guardaréis para usar para las quemaduras, golpes y llagas».

 

La receta que propone es la clásica para hacer cualquier ungüento: macerar en aceite y exponer a la luz solar. Un procedimiento que apenas ha variado dado que ahora mismo la fórmula habitual para hacer el aceite de hipérico consiste en macerar 100 gramos de sumidades floridas frescas en un litro de aceite de oliva de de 9 a 40 días “a sol y serena” (es decir, que le de la luz de día y la oscuridad por la noche). Pasado ese tiempo, el conjunto ha adquirido un color rojo oscuro, casi negro; se filtra el preparado y se guarda a la espera de ser usado para desinfectar, cicatrizar una llaga, una quemadura o una herida no demasiado profunda.

 

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Aceite de hipérico macerando, expuesto a la luz del sol. / Holger Casselmann (Wikimedia Commons)

 

El ungüento de la hierba de San Juan o aceite de hipérico ha disfrutado desde muy antiguo de una justa fama como vulnerario (del latín vulnus-eris, “herida”, “golpe”) y cicatrizante. Es decir, que se aplica por vía tópica (directamente sobre la zona afectada) para curar la piel y los tejidos subcutáneos alterados por úlceras, heridas, quemaduras, golpes, llagas, eccemas o inflamaciones. De hecho, uno de los nombres antiguos de la planta era el de hierba militar porque solían llevarla los soldados para tratar los traumas físicos derivados de los ejercicios y los combates.

Los responsables de las propiedades antisépticas, cicatrizantes y antiinflamatorias del aceite de hipérico son unos principios activos muy interesantes desde el punto de vista farmacológico: aromáticas esencias, astringentes taninos, versátiles glucósidos como la rutina, fortalecedora de los capilares sanguíneos, un derivado polifenólico y un pigmento antibiótico llamado hipericina que abunda en los estambres, etc. Precisamente por el que el preparado contiene la fotosensibilizante hipericina, conviene que la zona tratada no se exponga al sol las horas posteriores a la aplicación.

 

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Ilustración Hypericum perforatum L. de Jan Kops (1765-1849), en Wikimedia Commons. A la derecha, fotografía de la planta de Daniel Climent.

 

Un remedio para mejorar la autoestima

En ocasiones, el nombre de una planta intenta ser descriptivo, y la forma, el color, el ambiente, las propiedades o la procedencia han quedado recogidos en el fitónimo, el popular o el científico. Así, por ejemplo, el gran sabio Linné, promotor de la terminología científica de las plantas, bautizó esta hierba con el específico perforatum para indicar los punteados translúcidos de las hojas.

El nombre del género, Hypericum, también contiene información, no tanto morfológica como fisiológica. De hecho, el nombre genérico es una referencia a la capacidad de esta planta de “subir” (hyper) “la imagen” (eikon), en el sentido de elevar la propia imagen, de incrementar la autoestima o imagen que una persona tiene de sí misma. El hecho es que desde muy antiguo, esta hierba se ha usado para tratar las depresiones leves, para curar la melancolía y, ya puestos, para menguar la ansiedad, los terrores nocturnos, los trastornos neurovegetativos asociados al climaterio, y... ¡qué bien!, ¿no? para atraer el amor.

¿Qué de cierto hay en todo esto? Hay que decir que de todo un poco. Por lo que merece algunos comentarios.

Si un producto fitoterapéutico es bueno, lo es no por “natural” sino por contener sustancias que en determinadas condiciones nos benefician. Como también hay sustancias “naturales” que nos pueden perjudicar si las ingerimos, si entramos en contacto o si las usamos en condiciones no apropiadas.

Existen terapias tradicionales cuya eficacia ha sido comprobada farmacológicamente. En estos casos, el remedio ha sido incorporado a la farmacopea, el tratado que reúne las especificaciones para usar adecuadamente las materias primeras y los preparados farmacéuticos. El hipérico forma parte de la farmacopea europea, donde figura la mejor manera de usar el extracto de la hierba original.

Pues bien, en cuanto a la acción antidepresiva, los estudios clínicos han mostrado la utilidad del hipérico en el tratamiento de determinados tipo de depresiones leves y moderadas. Todavía no se han dilucidado ni el mecanismo de acción ni la sustancia o sustancias responsables de la acción antidepresiva pero se supone que están implicadas la hipericina, la hiperforina y los flavonoides. En cualquier caso, como el preparado contiene algún componente fotosensibilizante, como ya hemos comentado, se recomienda evitar la insolación directa durante las horas posteriores al tratamiento.

 

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Aceite de hipérico a la venta en el mercado semanal del pueblo de Otos, en la Vall d'Albaida (2015) / Daniel Climent

 

Y un licor para probar y disfrutar

Pero de momento, y mientras la ciencia resuelve el enigma de los principios activos responsables y los mecanismos bioquímicos y fisiológicos relacionados con las cualidades antidepresivas del hipérico, podemos disfrutar de otro modo las propiedades de esta planta: tomando el licor de hierba de San Juan. El preparado de la fórmula fue, afortunadamente, recogido por ese gallego-alicantino tan admirable como todavía poco ponderado: Francisco G. Seijo Alonso, en su libro Las bebidas valencianas (1980).

El licor de hierba de San Juan se prepara por maceración de un puñado de ramitas de hipérico junto a 125 gramos de azúcar por litro de aguardiente. Tan sencillo como recomendable. Y aunque el macerado contiene la fotosensibilizante hipericina, como el licor quizás te lo tomarás por la noche, por la mañana podrás comprobar si funciona para elevar la autoestima y atraer el amor sin peligro de que el sol te irrite la piel. Y si es así, si realmente te encuentras mejor, por favor, no dudes en contar tu experiencia.

 

Daniel Climent Giner

Professor de Ciències de la Natura. Investigador i divulgador etnobotànic. Autor d'articles a Mètode i llibres d'etnobotànica. Conferenciant sobre temes de divulgació científica, etnobotànica i antropologia cultural.