EL OMBÚ, ÁRBOL PATRIO DE LOS ARGENTINOS

Ombú Ombú Imatge d'Ignacio Jonás. Font: FlickR

Si es ceibo es el árbol de la flor nacional argentina, el ombú es el árbol patrio para los argentinos. No obstante, el ombú no procede de La Pampa como muchas personas piensan por los versos del poeta Luis Domínguez. Es una especie originaria de Brasil, Uruguay, Perú y de la zona nordeste de Argentina. Pero esta singular especie, a la que cantan los poetas y los payadores ¿es realmente un árbol?

El ombú es una especie denominada Phytolacca dioica L que pertenece a la familia de las Phytolaccaceae. Se le conoce también por bellasombra, fitolaca o árbol de la bella sombra. Presenta hojas grandes verdes y lustrosas, en las que se ve el nervio principal muy marcado. La copa que forma es densa y redondeada, soportada por ramas gruesas. Las flores son unisexuadas y se presentan en pies separados: hay ejemplares con flores masculinas y ejemplares con flores femeninas. En ambos casos las flores se agrupan en largas inflorescencias. Los frutos se agrupan en infrutescencias que pueden llegar a medir cerca de 20 cm de longitud. La planta es semi-caducifolia.

 

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Ombú en los Jardines del Turia (Tramo VIII)

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Flor masculina

 

Pese a tener un porte grande, ya que puede sobrepasar los 10 metros de altura, en algunos textos es considerado una hierba gigante. Esto se debe al crecimiento singular del tallo: no hay un patrón definido en la distribución de los tejidos conductores y tampoco existencia de madera como tal. El resultado es un tronco ahuecado, poco consistente y carente de madera. Por otro lado, la especie se define como árbol en algunos textos porque puede presentar tronco principal y copa, características propias de un árbol. Es llamativa la base del ejemplar. Si el ejemplar está cultivado en jardinería, la base es muy irregular, gruesa y amplia, del centro de la cual surgen las ramas principales. Los ejemplares silvestres son más estilizados porque crecen en lugares en los cuales hay competencia por la luz.

 

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Detalles en ombús de los Jardines del Turia (Tramo I)

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Ombú en los Jardines del Real

 

El nombre del género, Phytolacca, viene del griego phyton y significa “planta” y del persa laq que significa “laca”, en alusión al color rojo del jugo del fruto. El nombre específico, dioica, viene del latín, significa “con dos casas”, y hace referencia a que la especie presenta pies masculinos (con flores unisexuadas masculinas) y pies femeninos (con flores unisexuadas femeninas). El nombre de ombú viene de “umbú” que significa “bella sombra” en guaraní.

 

Elección del árbol patrio

En 1927 se hizo una encuesta en la que participaron unos 30.000 escolares para determinar cuál era el “árbol patrio” de Argentina. Los resultados, publicados en el periódico argentino La Razón, fueron los siguientes: 14.670 votos para el ombú, 3.160 para el pino, 2.150 para el laurel, 2.100 para el ceibo y 1.430 para el algarrobo. Este resultado fue controvertido, puesto que el ombú realmente no es originario de La Pampa argentina aunque si está extendido por dicho territorio.


Hay un poema del poeta y político bonaerense Luis Lorenzo Domínguez (1819-1898) dedicado al ombú. Este poema, titulado “El ombú” (ver el fragmento), escrito en 1843 y que ganó un concurso literario, es un clásico en la cultura y la literatura argentina. Quizá este poema influyó en la votación, ya que todos los estudiantes y sus familias conocían el poema y se aprendía en los colegios.

 

Cada comarca en la Tierra
tiene un rasgo prominente
el Brasil, su sol ardiente;
minas de plata, el Perú;
Montevideo, su cerro;
Buenos Aires –patria hermosa-,
tiene su pampa grandiosa;
la pampa tiene el ombú

 

El poema parece indicar que el ombú es originario de La Pampa, pero no es así. Otro escritor argentino, Leopoldo Lugones, nacido en Córdoba (1874-1938), hace referencia al ombú y su origen en su obra “El payador”:


A la siesta, sobre los campos que la llamarada solar devora, mientras el caminante percibía tan solo a largos trechos el ombú singular, con su sombra de capilla abierta, el delirio luminoso de los espejismos, transparentaba olas remotas y siluetas inversas de avestruces, que eran motivo de cuentos fantásticos, urdidos en gruesa trama de color como los tejidos locales. La llanura inacabable donde aquel copudo emigrante de la Selva misionera iniciaba el período arbóreo, destacando en su propia sombra el tronco grueso como un éntasis de antigua columna dórica, sugería las generalizaciones descriptivas, las síntesis grandiosas que caracterizarían el futuro poema épico. Y semejante espectáculo, constituía ya un reposo filosófico”.


Respecto a si es una hierba o un árbol, en su obra “El libro celeste” el escritor y pintor argentino Emilio Lascano Tegui (1887-1966) cita al ombú como una “mata”: El ombú, que no es un árbol sino una mata antediluviana, atrae en la pampa al rayo y al pasajero.

 

Para los gauchos el ombú tiene buena y mala fama. Buena fama por sus aplicaciones medicinales: las hojas tienen propiedades laxantes, las cenizas de ramas y hojas son cicatrizantes de heridas. También se usa en forma de cataplasma para tratar los dolores de cabeza y los problemas derivados de una insolación. Para ello se pican hojas de ombú con altamisa y yerbabuena y se aplica en la cabeza. También buena fama por su sombra, ya que en La Pampa es el único refugio de sombra. Es albergue por las formas del tronco y raíces, que sirven incluso de mesa. Y sus frutos se aprovechan para lavar la ropa. A pesar de todas estas aplicaciones, el ombú no da leña, producto escaso en La Pampa, razón que explica su mala fama. Hay dichos gauchos como por ejemplo “El ombú no sirve ni para fuego” (falta de madera), “Casa con ombú, acaba en tapera” (trae mala suerte, una tapera es una casa abandonada en la llanura).

 

Concierto recital inspirado en la obra de Toni Esteve "Per les branques de l´ombú", con música de Dani Miquel y Alvar Carpi

 

Independientemente de su fama, el ombú aparece en numerosos textos de poetas, cantautores, escritores y payadores. El músico más importante del folklore argentino, Atahualpa Yupanqui (1908-1992), cita al ombú en su “Canto del Sur”:

 

Bajo el ombú solitario como un gaucho medito;
probo su voz en la Cifra, el Rasguido se encendio';
en la Milonga Surera serios asuntos trato',
y alzando poncho y viguela de su rancho se alejo',
y anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedo'

 

Aparece en los versos del escritor, político y militar bonaerense Bartolomé Mitre (1821-1906):

 

A un Ombú
... Ese destino te espera
Árbol cuya vista asombra
Que al caminante das sombra
Sin dar al rancho madera
Ni al fuego una astilla dar;...

 

También son muy conocidos los versos del poeta uruguayo Fernán Silva Valdés (1887-1975):

 

Ombú,
padre de la poesía rioplatense,
el redondel de tu sombra
esta alfombrado de versos mayores;
el redondel de tu sombra
fue la "Tabla redonda" de los payadores

Y los del poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973):

 

Y aun en las llanuras
como láminas del planeta,
bajo un fresco pueblo de estrellas,
rey de la hierba, el ombú detenía
el aire libre, el vuelo rumoroso
y montaba la pampa sujetándola
con su ramal de riendas y raíces

Actualmente se conservan ejemplares históricos en varias ciudades. Un ejemplo es el ombú del Virrey Vértiz, al que se le calculan 500 años de vida y quizá sea el árbol más antiguo de Buenos Aires. O el ombú de Perdriel, del que se sabe que ya existía el 1 de agosto de 1806 cuando Martín de Pueyrredón, al mando de 50 gauchos, se enfrentó al general Beresford y sus 500 escoceses en la batalla de Perdriel.


A finales del s. XIX aparecieron historias relacionadas con el “ombú de la esperanza” que se encontraba en San Isidro, Provincia de Buenos Aires. Según el historiador Mariano Pelliza (1837-1902), bajo la copa de este ejemplar San Martín, Pueyrredón y Tomás Guido “juraron consumar la obra de la independencia” como cuenta M. E. Blasco en su obra “El devenir de los árboles: ejemplares históricos vinculados a José de San Martín" (s. XIX y XX).

 

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Ombú en la zona Circuito de Karts de los Jardines del Real

 

En la cultura popular hay varias leyendas que hacen referencia al origen del ombú. Un relato de tradición oral es el que cuenta que una tribu de la pampa perdió todas sus cosechas de maíz por carencia de lluvias y por la guerra que obligó a los hombres a abandonar los sembrados. Solo quedó una planta, la cual fue protegida del sol día tras día por el poncho de Ombi, la esposa del cacique. Sus lágrimas aportaron agua a la planta, de forma que sobrevivió. Una mañana Ombi se había transformado en un árbol de frondosa copa que daba sombra a la planta de maíz. En honor a Ombi, a este árbol se le llamó ombú.

 

Otra leyenda cuenta que cuando Dios hizo el mundo dotó a diferentes árboles de características que ellos pedían: bellas flores, madera fuerte... El ombú pidió dar sombra a los caminantes y que su tronco no sirviese ni para clavar un clavo. Siglos después, cuando crucificaron a Jesús, el ombú fue a Dios y le dijo que él jamás quiso servir de cruz como otros árboles, ni ser bonito ni fuerte. Dios le consoló, y como agradecimiento le concedió el poder crecer rápido para dar sombra a hombres y animales y, además, hojas que no pudiesen ser comidas por los insectos.

 

El ombú en Valencia

El historiador argentino Enrique Udaondo (1880-1962) publicó sobre la exportación de ombúes a España. Citaba que ya en 1775, Don Manuel de Basabilbaso envió semillas y ejemplares pequeños a España. Actualmente se pueden ver ombúes en numerosos parques, jardines y alineaciones de calles. Es una especie que crece bien en climas templados, sin heladas y no es exigente respecto al tipo de suelos. En Valencia se pueden ver más de 70 ejemplares en el tramo VIII de los Jardines del Turia, hay magníficos ejemplares en los Jardines del Real (zona del circuito de karts) y en el Jardí Botànic de la UV.

 

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Ombú en el Jardí Botànic de la UV

 

En los Jardines del Real durante muchos años hubo un ombú llamado “bellasombra”. Este ejemplar murió a causa del desprendimiento de la gran rama de la que dependía la copa y fue finalmente talado en septiembre de 2013.

 

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Ombú en los Jardines del Real

 

Esta especie, que proporciona sombra en calles y jardines, se debe plantar en espacios abiertos como individuos solitarios o en grupos dejando cierta distancia entre ejemplares. En alineaciones de calles o en alcorques son capaces de levantar pavimentos.

Carmen López Valiente

Doctora en ciencias biológicas por la UV y máster oficial de Nutrición y Salud por la UOC.

Soy profesora de secundaria en el IES EL CLOT de Valencia, runner con mi equipo Redolat Team, forofa de las novelas de Stephen King, del senderismo en familia y nadadora, ¡muy nadadora!

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