La adormidera y los monstruos

Flor i fruit del cascall (Papaver somniferum L.) fotografiats en una plantació en Turquia, prop d'Afyon, al voltant del 1988 Flor i fruit del cascall (Papaver somniferum L.) fotografiats en una plantació en Turquia, prop d'Afyon, al voltant del 1988 Wikimedia Commons

Obtenido de la adormidera, el opio era la base del láudano, medicamento que los bohemios consumieron indiscriminadamente debido a sus propiedades narcóticas. Estas propiedades fueron uno de los factores que predispusieron a Mary Shelley y John Polidori a escribir respectivamente Frankenstein y El vampiro. Profundicemos en la botánica que esconde el origen de la historia de estos monstruos.

Corría el año de 1815 cuando en la isla indonesia de Sumbawa el volcán Tambora entró violentamente en erupción, arrojando a la atmósfera enormes cantidades de polvo, cenizas y gases tóxicos. Como resultado de esto, el sol se nubló parcialmente, produciéndose una serie de anomalías climáticas en el hemisferio norte del planeta que dieron lugar a que 1816 se recuerde como el año sin verano. Y también, y lo que es peor, a que en Europa y Norteamérica se desatara una terrible hambruna que terminó con la vida de miles de personas.

Fue precisamente en ese momento de oscuridad y muerte, clave para el movimiento romántico, cuando el indómito poeta Lord Byron (1788-1824), condenado al ostracismo social por sus continuos escándalos, abandonó definitivamente su país y partió hacia Suiza. Pero no lo hizo solo, sino acompañado por su médico de cabecera, el Dr. John William Polidori (1795-1821). Un joven erudito tío, ni más ni menos, que de Dante Rossetti, el célebre pintor prerrafaelista.

 

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Izquierda, Lord Byron en un grabado de 1873 / Wikimedia Commons. I  Derecha, detalle del retrato de Ada Lovelace pintado en 1836 por Margaret Sarah Carpenter. Única hija legítima de Byron. Ada es considerada la primera programadora informática / Wikimedia Commons.

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Izquierda, retrato a acuarela de Percy Bisshe Shelley (c. 1822) / Wikimedia Commons. I  Drerecha, fotograbado de 1889, a partir del conocido retrato de Mary Shelley pintado por Richard Rothwell (1840) / Enciclopedia Libre Universal en Español.

 

Una vez en Suiza, Byron se reuniría con el ensayista y poeta Percy Shelley (1792-1822) y con Mary, la por entonces pareja de este. Escritora precoz, la más conocida como Mary Shelley (1797-1851) se había fugado con su amante a los 17 años, pues su padre desaprobaba la relación de su hija con un hombre casado y padre de familia. Algo que resulta sorprendente si tenemos en cuenta que el progenitor en cuestión era el polémico William Godwin, el importante político y filósofo protoanarquista.

Con idea de pasar el verano, Byron alquiló un palacete a orillas del lago Lemán, la hoy legendaria Villa Diodati. Allí se vio obligado a refugiarse con sus compañeros cuando, para consternación del grupo de bohemios, la climatología adversa les impidió disfrutar de las actividades al aire libre durante días. Días que, por cierto, no desperdiciaron, pues los invirtieron, entre otras cosas, en mantener profundas conversaciones sobre filosofía y ciencia. En especial, sobre la por entonces tan en boga teoría del galvanismo y, más concretamente, sobre la posibilidad de devolver la vida mediante la electricidad.

 

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La Villa Diodati (Ginebra, Suiza) en 2008 / Wikimedia Commons.

 

Una noche especialmente desapacible en la que los integrantes del círculo Diodati leían Fantasmagoriana (1812), una antología de historias alemanas de fantasmas, en voz alta junto a la chimenea, a Byron se le ocurrió proponer a sus colegas que todos escribieran un relato de terror. Una idea que a estos les pareció de perlas, predispuestos como estaban por lo tenebroso de la velada y también, por el alcohol y el láudano que habían escanciado a placer aquella noche.

Inventado en 1660 por el médico británico Thomas Sydenham, el láudano se preparaba cociendo a fuego lento al baño maría, durante 2 o 3 días, y después filtrando, una mezcla compuesta por 1 libra de vino de Málaga, 1 dracma de canela (Cinnamomum verum J. Presl, Lauraceae) y clavo [Syzygium aromaticum (L.) Merr. & L.M. Perry, Myrtaceae] en polvo, 1 onza de azafrán (Crocus sativus L., Iridaceae) y 2 onzas de opio (Escohotado, 1998: 274; Esteva, 2005: 98)

 

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Frutos de adormidera chorreando el látex que proporcionará el opio.

 

El opio, componente principal del láudano de Sydenham, es una sustancia rica en alcaloides (sobre todo en morfina, potente analgésico y sedante llamado así por Morfeo, dios griego de los sueños) que se obtiene extrayendo y secando el jugo lechoso (látex) producido por los frutos de la adormidera (Papaver somniferum L., Papaveraceae). Una planta cuyas grandes flores recuerdan a las de la amapola (Papaver rhoeas L.), su pariente cercana.

Al principio, el láudano se utilizó para calmar todo tipo de dolores (incluso los de origen canceroso). También, para tratar la ansiedad y el insomnio, y como antitusivo y antidiarreico. Sin embargo, no tardaría en encontrar otras aplicaciones para nada medicinales. Y es que pronto se descubrieron sus propiedades narcóticas, que hacían que aquel que lo ingería en dosis superiores a las prescritas viviera “una especie de sueño contemplativo” (Rivera & Obón, 1991: 277). De ahí que, pese a su toxicidad y carácter adictivo, no tardara en ponerse de moda entre las gentes de la bohemia, quienes consideraban a la llamada por algunos “aspirina del siglo XIX” (Diniejko, 2002) una suerte de licor sagrado que les abriría las puertas de la percepción, haciendo posible así la visita de las musas.

 

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Frasco de láudano

 

Contra todo pronóstico, ni Byron ni Shelley llegaron a rematar ninguna narración acorde con el ambiente opresivo y lúgubre en el que vivieron aquel frío verano de 1816. Cosa esta que no ocurrió ni con Mary ni con Polidori quienes, a raíz del reto de Byron, comenzaron a gestar los que hoy en día son considerados relatos de culto por los amantes de la literatura (y por extensión, del cine) de terror. Es decir, Frankenstein o el moderno Prometeo (1818) y El vampiro (1819).

Al parecer, la señora Shelley se inspiró para crear a su monstruo en las discusiones mantenidas por Byron y su esposo sobre:

“ . . la naturaleza del principio vital, y la posibilidad de que se llegase a descubrir tal principio y conferirlo a la materia inerte” (Shelley, 2015).

 

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Portada e ilustración de la edición de Frankenstein publicada en 1831 por la editorial londinense Colburn & Bentley / HathiTrust.

 

Pero también y, sobre todo, en una inquietante ensoñación que experimentó una madrugada. Ensoñación que la propia Mary describió así:

“Vi –con los ojos cerrados, pero con aguda visión mental-, vi al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al ser que había ensamblado. Vi al horrendo fantasma de un hombre tendido, y luego, por obra de algún ingenio poderoso, le vi manifestar signos de vida, y agitarse con movimiento torpe y semivital” (Shelley, 2015).

 

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Izquierda, portada de la primera edición de El vampiro / British Library. I  Derecha, fotograbado autografiado de Bram Stoker (1906). El irlandés nunca negó que la obra de Polidori le sirvió de inspiración a la hora de escribir Drácula (1897) / Wikimedia Commons.

 

En cuanto a Polidori, parece ser que concibió a Lord Ruthven, su vampiro, teniendo en mente a Byron. Un hombre atractivo e irresistiblemente seductor, pero también cínico y amoral, que gozaba inmensamente cuando mortificaba al pobre e hipersensible médico. Quien, por cierto, tuvo que soportar que su pequeña joya fuera atribuida por muchos al sádico de su jefe.


Referencias bibliográficas
Diniejko, A. (2002). Victorian drug use. The Victorian Web. Literature, history and culture in the age of Victoria.
Escohotado, A. (1998). Historia general de las drogas. Área de conocimiento: Humanidades. Alianza Editorial. Madrid.
Esteva de Sagrera, J. (2005). El opio. De la farmacopea a la prohibición. Offarm, 24(10), 97-110.
Rivera, D. & C. Obón (1991). La guía de INCAFO de las plantas útiles y venenosas de la Península Ibérica y Baleares (excluidas medicinales). INCAFO. Madrid.
Shelley, M. (2015). Frankenstein. Nórdica Libros. Madrid.


Puedes encontrar más información sobre el tema en el artículo de espores ¡Plantas tóxicas!
espores.org/es/plantas/plantes-toxiques.html

Beatriz T. Álvarez

Doctora en Ciencias Biológicas por la UAM (Universidad Autónoma de Madrid), especialista en etnobotánica.

Investigadora y divulgadora científica a cargo de De plantas, cultura e interdisciplinaridad. Etnobotánica+. Le encanta visitar museos y exposiciones, y coleccionar ropa y adornos característicos de indumentarias tradicionales.