De ruta con el Botànic, por las tierras altas del río Mijares

Por caminos de ganaderos discurrió esta excursión del ciclo De ruta amb el Botànic por las tierras altas del río Mijares. Acompañadas por Carles Fabregat como guía botánico, las personas participantes en la excursión pudieron disfrutar de un recorrido rico a nivel paisajístico, botánico y cultural. Una ruta que nos recomienda su guía en este artículo en el que recuerda los puntos clave que no nos podemos perder.


El río Mijares, eje vertebrador de la mitad sur de las tierras de Castellón, nace en Cedrillas (Teruel), en el corazón de la Sierra de Gúdar. En su cabecera es un río de montaña, y sus aguas discurren entre profundas gargantas y estrechos valles, hasta llegar a nuestro territorio en las inmediaciones de Olba. Hasta aquí nos dirigimos en nuestra excursión del ciclo De ruta amb el Botànic para disfrutar de los soberbios paisajes y la diversidad vegetal que nos ofrece este tramo alto del río en las tierras fronterizas de Aragón. El valor e interés ambiental de este entorno ha propiciado que tanto la parte aragonesa como la colindante valenciana hayan sido incluidas como espacios protegidos de la Red Natura 2000, con los LICs “Estrechos del río Mijares” en Teruel y “Curs Alt del Riu Millars” en Castellón.

 

El puente de la Fonseca y Rubielos de Mora

Tras un tranquilo viaje por la autopista A-23, en la Venta del Aire tomamos rumbo hacia Rubielos de Mora, aunque antes de llegar cruzamos ya el Mijares en las inmediaciones del puente viejo de la Fonseca y nos detuvimos para admirar este monumento. Se trata de un puente medieval, fechado en 1670, construido para unir las dos orillas del Mijares y facilitar así el paso de viajeros y ganados trashumantes en lo que era una de las principales vías de comunicación entre Aragón y Levante. Aquí entramos ya en contacto con la vegetación de ribera: chopos y sauces acompañan al río en su discurrir entre impresionantes bloques de roca, en los que pudimos contemplar también especies rupícolas adaptadas a vivir en este difícil sustrato. En este ambiente fluvial bien conservado se puede observar esporádicamente a la nutria. En el entorno, quejigares con coscoja nos anuncian que dejamos ya la alta montaña del Sistema Ibérico aragonés y nos acercamos a las tierras más cálidas del litoral mediterráneo.

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Puente de la Fonseca. / www.laranda.es

Tras esta breve parada, seguimos hasta Rubielos de Mora, donde aprovechamos para almorzar y disfrutar de la magnífica arquitectura medieval de esta preciosa villa, en la que destacan su casco antiguo amurallado y sus puertas blasonadas.

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Rubielos de Mora. / J.E. Prades

 

De Fuentes de Rubielos a Olba

Continuamos la ruta en autobús hasta Fuentes de Rubielos, donde íbamos a iniciar el tramo más largo de la excursión, que nos conduciría, siguiendo básicamente el PR-30, hasta Olba. La senda, que enlazaba con tramos de pista forestal, discurría entre pinares, inicialmente de pino rodeno (Pinus pinaster), en las areniscas del entorno de Fuentes de Rubielos, y posteriormente de pino carrasco (Pinus halepensis), acompañados por matorrales con abundancia de enebro (Juniperus oxycedrus) y sabina negral (Juniperus phoenicea).

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Pinares mediterráneos de pino carrasco a las orillas del río Mijares. 

Seguíamos desde las vertientes altas el cauce del Mijares y sus afluentes, encajados en estrechas hoces, y en el entorno destacaban impresionantes cortados de roca, que eran sobrevolados por grandes rapaces como los buitres leonados. La senda, siempre en descenso, nos condujo a las inmediaciones de Olba, donde hicimos una pausa para comer.

Destaca Olba por sus fuentes y acequias, que impregnan sus estrechas calles del rumor del agua, y por la proliferación de aldeas (llamadas localmente barrios) que se reparten por el valle del Mijares en todo el término municipal, con nombres que aluden en muchos casos a los apellidos de las familias que originalmente los poblaron cuando eran simples caseríos (Los Villanuevas, Los Pertegaces, Los Lucas o Los Giles, entre otros).

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Acantilados en los estrechos del Mijares. 

 

La Fuente de la Salud Y el Caserío de la Verdeja

Por la tarde, todavía nos quedaban interesantes lugares por descubrir. En ruta de vuelta desde Olba hacia la Venta del Aire, nos detuvimos primero en la Fuente de la Salud, un pequeño nacimiento de agua situado en el Barranco de Rubielos, un angosto cauce que desemboca en el Mijares en las inmediaciones del caserío de La Tosca.

Una senda que bordea el cauce nos conduce desde la carretera a la cercana fuente, y en el camino podemos observar los últimos lentiscos (Pistacia lentiscus) que se adentran por el valle del Mijares, alcanzando la provincia de Teruel. Siendo una planta termófila, resulta muy escasa su presencia en Aragón. Los roquedos húmedos de las paredes del barranco, en las inmediaciones de la fuente, nos muestran extensos tapices vegetales donde destacan el culantrillo de pozo (Adiantum capillus-veneris), helecho característico de estos ambientes, y la imperatoria o hierba imperial (Peucedanum hispanicum), umbelífera de grandes y brillantes hojas que resulta frecuente en las riberas del curso alto del Mijares.

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Entorno de la Fuente de la Salud. Rocas húmedas con culantrillo de pozo y imperatoria.

En las pozas del cauce, nos llaman la atención las pequeñas y delicadas hojas flotantes de la lenteja de agua (Lemna minor), que puede llegar a formar un manto verde que cubre completamente la superficie del agua.

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Lenteja de agua.

Tras la Fuente de la Salud, la última parada, ya atardeciendo, fue el Caserío de la Verdeja, un bucólico conjunto de masías dispersas entre las huertas de un tramo algo más amplio del valle del Mijares, desde donde accederíamos a otro de los estrechos del río. El recorrido fue muy agradable, por pistas de tierra y tramos de senda hasta confluir con un camino rural asfaltado que conduce a una pequeña central hidroeléctrica. Los bancales y huertas del valle dieron paso a una escarpada vertiente de umbría donde se desarrolla un interesante robledal mixto con carrascas, al pie de un impresionante farallón rocoso.

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Robledal mixto con carrascas.

En la orilla opuesta del estrecho, en exposición de solana, dominan los pinares de pino carrasco, y en las rocas que también coronan esta vertiente pudimos observar un grupo de cabras montesas. Con las últimas luces del atardecer regresamos al Caserío de la Verdeja, desde donde el autobús nos condujo ya de vuelta a Valencia.

 

Carles Fabregat

Biòleg, investigador vinculat al Jardí Botànic de la Universitat de València