Aceites esenciales para matar hongos

Desde el Centro de Reconocimiento molecular y Desarrollo Tecnológico de la Universidad Politécnica de Valencia (IDM-UPV) y la Universidad Checa Agraria de Praga, un equipo de investigadores, está llevando a cabo el uso de algunos aceites esenciales como biopesticidas mediante microcápsulas, para luchar contra el hongo Aspergillus niger.

Configurado como un Instituto Interuniversitario, a finales del año 2008, nació el Centro de Reconocimiento Molecular y Desarrollo Tecnológico (IDM), al que pertenecen instituciones como la Universitat Politècnica de València (UPV) y la Universitat de València, entre otras. Un proyecto para compartir recursos, ideas y trebajar todos juntos en la creación de nuevas tecnologías al alcance de nuestra sociedad.

 

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Web del IDM en la Universidad de Valencia


Entre sus fines se encuentra la investigación, enseñanza y transferencia en campos como la alimentación, medio ambiente y salud humana. En concreto, su trabajo se centra en el desarrollo de sensores químicos, estudios de farmacodinámica, nuevos materiales para la liberación controlada, metodologías analíticas y equipos de microelectrónica. Como objetivo principal, el centro trata de transmitir conocimientos a la sociedad mediante formación especializada, prestación de servicios, acciones de transferencia de tecnología y proyectos de I+D colaborativa.

 

Aceites esenciales polifacéticos
Partiendo del hecho de que los aceites esenciales de las plantas, además caracterizarse por sus propiedades aromáticas, pueden tener propiedades antifúngicas, los investigadores del IDM-UPV han trabajado en este sentido y han conseguido producir, a escala de laboratorio, microcápsulas con aceites esenciales de tomillo, clavo, orégano y canela, que podrían ser utilizados como conservantes naturales frente al hongo.

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Canela. Imagen de Flickr. Autora: Lívia Ramirez


El estudio, ha sido financiado mediante la ayuda del Gobierno de la República Checa y de la Agencia Interna de Subvenciones (CIGA) de la Universidad Checa Agraria de Praga, y los resultados del trabajo, han sido publicados en el Journal of the Science of Food and Agriculture.

 

El ataque del Aspergillus niger
El Aspergillus niger es un hongo común que se encuentra fundamentalmente en regiones cálidas y secas, y que puede colonizar plantas y animales muertos o heridos, pero también frutas y verduras como la lechuga, el tomate, la uva o la cebolla, así como en otros productos agrícolas. Es conocido como "moho negro", porque produce la aparición de manchas negras en los vegetales ocasionando problemas importantes en las postcosechas.

 

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Aspergillus niger y Penicillium spp. Imagen de Flickr. Autor: Kathie Hodge


Así, como provoca daños en la etapa posterior a la cosecha, los investigadores han pensado que el mejor método para combatirlo sería aplicar las microcápsulas antes de empezar la cosecha, haciendo frente a la patología y consiguiendo además favorecer el rendimiento del cultivo.

 

¿Por qué en microcápsulas?
Siguiendo con el estudio, los investigadores destacan en su trabajo que la alta volatilidad de los aceites esenciales dificulta su aplicación como agentes antifúngicos ya que se produciría una rápida evaporación del mismo y disminuiría su efecto.

 

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Manzana infectada por Aspergillus niger


Por tanto, para tener el control de la volatilidad, procedieron a analizar el potencial de la encapsulación o cargado en materiales porosos y obtuvieron resultados productivos. Y es que aplicando directamente sobre los cultivos los aceites esenciales en microcápsulas se produce un contacto directo entre el hongo y la micropartícula en el suelo, que actuúa de forma más eficiente contra el hongo. Es decir, estos podrían ponerse directamente en el cultivo actuando como biopesticidas a lo largo del crecimiento de los vegetales.

 

Carvacrol y timol
Se trata de sustancias que están presentes en algunos aceites esenciales y son responsables de el aroma tan característico del orégano y el tomillo. Durante el estudio los científicos evaluaron la actividad antifúngica in vitro de dichos compuestos, cargándolos en microcápsulas de sílice mesoporoso MCM-41 y de B-ciclodextrina, al igual que con dos componentes más: el cinamaldehído y el eugenol, presentes en la canela y el clavo respectivamente.

 

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Planta del orégano. Imagen de Flickr. Autor: Rae Allen


Los ensayos realizados demostraron que los que mejores propiedades antifúngicas exponían eran el carvacrol y el timol en el material mesoporoso MCM-41, frente al compuesto puro del aceite esencial o los encapsulados en cicloextrinas. Según los investigadores, estos dos componentes, son capaces de mantener la actividad antifúngica e impedir el crecimiento del hongo durante un mes, hecho que los convierte en conservantes naturales con alto potencial.

 

Antecedentes: Cítricos antifúngicos
Ya en el 2008, se plantearon en la Universidad Miguel Hernández de Alicante desarrollar investigar en la búsqueda de alternativas a los productos antimicrobianos sintéticos. Los científicos sugirieron la función antifúngica que podrían ejercer los aceites esenciales de algunos cítricos.

 

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Conjunto de cítricos. Imagen de Flickr. Autora: Jennifer Chait


Y es que en cítricos como la naranja, la mandarina, o el limón, la esencia se encuentra en la parte más externa de la piel donde presenta el color más vivo, y los aceites se obtienen simplemente presionando el fruto hasta sacar el jugo, por lo que es más práctico trabajar con ellos. El estudio señalaba que sus aceites esenciales presentaban actividad antifúngica contra las colonias de algunos hongos, destacando el de la naranja como el más eficaz contra el Aspergillus niger. Otros estudios, indicaban que la inhibición podría ser a causa de los monoterpenos (componentes presentes en los aceites), los cuales, aumentarían la concentración de peróxidos lipídicos pudiendo provocar la muerte celular.

 

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Imagen de Flickr. Autor: dotpolka


En definitiva, cada vez més es mayor el interés por que aquellos productos que consumimos sean totalmente naturales, así es importante que vayan surgiendo alternativas de este tipo, en sustitución a las químicas, a la hora de combatir plagas y enfermedades, y que nos garanticen que aquello que comemos es seguro.

 

Inés Fernández Ángel

Estudiante de Ciencias Ambientales en la Escuela Técnica Superior de Gandía. Colabora en el Departamento de Cultura y Comunicación del Jardín Botánico