LA ESPIRAL DEL BOSQUE VALENCIANO

Atardecer en el PArque Natural de la Font Roja (Alcoy, Alicante) Atardecer en el PArque Natural de la Font Roja (Alcoy, Alicante) Raul Soler, www.flickr.com/photos/labrujulainquieta

Nuestros bosques mediterráneos han sido sometidos a multitud de agresiones de todo tipo. Daños originados principalmente por una mala gestión por parte de los seres humanos que ha desdibujado por completo esos complejos ecosistemas que cubrían tres cuartas partes del territorio valenciano con paisajes dominados por alcornoques, carrascas, robles valencianos, sabinas e incluso pinos, pero autóctonos, acompañados de un sotobosque maduro con más importancia de la que pensamos. Pero, ¿esta situación se puede revertir o es demasiado tarde? ¡De esto y mucho más nos habla nuestro bloguer José Aparici!

Si nos preguntan qué es un bosque quizás contestemos que es un conjunto de árboles. Pero también un campo alcoyano de almendros, uno albaidín de albaricoqueros o una alameda de la Ribera son un conjunto de árboles y no acaban de ser un bosque. Habrá que considerar más aspectos. Y es que en un bosque hay mucho más que árboles. Existe toda una diversidad de especies herbáceas, matorrales, lianas, helechos, musgos, líquenes... que se relacionan entre sí. Pero ¿qué es vital en un bosque mediterráneo? En este artículo, junto a una segunda parte, abordaremos varias preguntas, reflexiones, donde destaca el papel fundamental del arbusto en la estructura básica del bosque valenciano, y, por qué no, intentaremos ser más críticos cuando andamos por nuestras sierras.


MÁS ALLÁ dE un bosQUE Y sus ÁrbOLES...

Obviamente, existe un amplio abanico de animales grandes y pequeños que se nutren, se refugian, crian y viven al bosque. Algunos de estos resultan esenciales para la supervivencia de muchas especies vegetales, como es el caso de los insectos polinizadores u otros animales que diseminan los frutos y las semillas. Pero hay otros que aunque pasan desapercibidos, también tienen un papel importantísimo en la dinámica del bosque. Hablamos de los hongos y las bacterias puesto que son los responsables de descomponer la materia orgánica y aportar nutrientes al suelo. Sin ellos, ni las plantas podrían vivir, ni el suelo podría formarse correctamente.

 

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Hongos. Imagen: Pablo Martínez, flickr 

 

Todos estos organismos no están agrupados por casualidad o por voluntad humana cómo en un cultivo o jardín urbano. Los componentes del bosque forman una red de interrelaciones cruzadas, ya sean los organismos vivos o el medio físico que los rodea, sirven unos de alimento a otros, y esto se denomina ecosistema. Interacciones mutuas permiten el mantenimiento de la vida y lo más importante, sin la necesidad de ninguna ayuda ni intervención humana. Y si esta es irrespetuosa e interesada, ya sabemos el desenlace: empobrecimiento y desaparición total del ecosistema.

¿POr quÉ necesitAmOS lOs bosQUes?

Como ya sabemos, el bosque aporta muchos recursos naturales a los humanos: madera, variedad de alimentos, sustancias medicinales y materiales industriales; bien que lo saben los noruegos a través de un auténtico “expolio” en sus mantos de coníferas. Pero el bosque también cumple otras funciones que no siempre valoramos adecuadamente porque simplemente todavía no tienen precio. Siendo realistas, confundimos valor y precio y pensamos que no valen nada. Al contrario, las funciones ecológicas del bosque son esenciales para nuestra supervivencia y la de todo el planeta. Hoy en día, empezamos a calcular el precio que tendríamos que pagar por estos servicios que el bosque nos ofrece gratuitamente, y ¡valen más de lo que nos imaginamos!

 

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Polinización. Imagen: Pablo Leautaud, flickr

 

El bosque contribuye al mantenimiento de los equilibrios atmosféricos (aportación de gran parte del oxígeno que respiramos). Preserva los ciclos climáticos globales y a escala más pequeña, los microclimas locales (incrementa la humedad, modera las temperaturas, rebaja las rachas de viento...); como también los ciclos hídricos (recarga los acuíferos y minimiza las crecidas fluviales en tierras costas después de episodios de lluvia torrencial). Pero principalmente, acoge gran parte de especies vivas conocidas con valor por sí mismas y por los productos que nos ofrecen. En realidad todas las propiedades mencionadas en torno al bosque, las tendríamos que decir de la vegetación forestal en general. Y es que un matorral denso, incluso aunque que no tenga árboles, puede hacer gran parte de las funciones del bosque y llega a ser casi tan valioso como aquel. Por el contrario, un bosque alterado y clareado, sin parte de sus componentes naturales, puede llegar a cumplir deficientemente las funciones ecológicas.

 

¿CÓmO erAn lOs bosQUES valencianOs en ÉpoCAs pasadAs?

Los humanos hemos transformado tanto nuestro entorno, nuestro medio, que tenemos que distinguir entre la situación que ahora tenemos (vegetación actual) y la que había originariamente sólo dependiente de factores naturales como el sustrato o el clima, antes de que nuestra acción fuera importante (vegetación potencial). Es decir, en pocos rincones del territorio valenciano la acción antrópica ha sido respetuosa y por lo tanto la vegetación actual poco se puede parecer o, incluso, coincidir con la original. Y es que tres cuartas partes del País Valenciano, han tenido bosques de forma natural, exceptuando aquellas áreas más secas.

 

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Detalle foliar de un ejemplar de roble valenciano (Quercus faginea). Imagen: César García, flickr 

Las pistas del polen fósil, el estudio de las áreas de distribución potencial de las especies, hallazgos de vestigios históricos o la observación de aquellas áreas no modificadas excesivamente por la mano del hombre nos traen al núcleo: la reconstrucción de la vegetación originaria valenciana de la mano que nuestros bosques fueron dominados por los carrascales. Mientras en áreas de montaña subhúmeda y con un suelo bastante desarrollado destacaba el roble valenciano (Maestrat castellonense), en zonas elevadas, frescas y ventosas se instalaban bosques de sabinas (Rincón de Ademuz). En lugares más limitados y sobre terrenos ácidos, teníamos bosques de alcornoques (Sierra del Buixcarró o de Espadán); y sin la intervención humana, sólo poseíamos extensiones limitadas y maduras de pinares autóctonos de pino rojo si sobrepasábamos los 1.600 m de altitud (Cima Calderón o Peñagolosa).

Esto puede resultar confuso si nos preguntamos el por qué estamos rodeados de tantos de pinos. ¿Son o no autóctonos? En realidad hay 5 pinos que podemos considerar plenamente autóctonos: el pino rojo, el pino blanco, el pino negral, el pino piñonero y el pino rodeno. En condiciones originarias y sin acción humana, todos estos pinos ocupaban un discreto papel en los bosques valencianos, sólo eran acompañantes de los extensos mantos de carrascales. En cambio, los pinos sí que podían abundar si anteriormente se había dado una alteración de la vegetación originaria: incendio, clareados, lugares con poco de suelo y mayor pendiente, etc. Es decir, la actividad humana ha favorecido los pinos, a la vez que han eliminado y dificultado la recuperación de los bosques de hoja ancha, los carrascales.

 

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Detall de la pinya del pi blanc (Pinus halepensis). Imatge: Tony Rodd, flickr 

 

Una buena parte, quizás la mitad de los actuales pinares, proceden de repoblaciones forestales efectuadas sobre todo en las últimas décadas del siglo pasado. El resto se ha instalado como consecuencia de la eliminación continuada y drástica de la vegetación inicial (transformación del paisaje en cultivos, zonas muy sobrepasturadas, áreas donde se ha llegado a extraer las raíces para obtener leña y carbón...). Al cesar la actuación humana, la vegetación natural tiende lentamente a recolonizar el espacio, pero todavía puede ser el ritmo más lento si las especies iniciales han desaparecido sin poder garantizar a penas un banco de entonces en el suelo.

 

Y HOY EN DÍA, ¿quÉ nOs queda de toDO ESO?

La actual vegetación es muy diferente de la que hemos descrito antes en gran parte del territorio valenciano y además, el punto crítico reside en que la superficie forestal ha retrocedido aproximadamente a la mitad en el territorio valenciano. El resto está ocupado por cultivos, ciudades y otras actividades que han no eliminado, sino devastado completamente la vegetación originaria. Es más, esa mitad de superficie considerada forestal no posee necesariamente bosques. Sólo un tercio de esta está dominada por árboles. El resto, o bien no tiene árboles o bien son escasos o dispersos sin que se pueda considerar un auténtico bosque. Por lo tanto, en la vasta superficie forestal reina la ocupación de diferentes tipos de matorrales (maquia, maleza, garriga...) o por herbazales. Incluso, tenemos zonas absolutamente baldías, con sólo algunas pobres hierbas o pequeños arbustos diseminados, que dejan gran parte del suelo desnudo, sin cubierta vegetal.

 

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Detalle de la hoja y la flor de los reinants matorrales valencianos liderados por romero (Rosmarinus officinalis). Imagen: Manel, flickr

 

En ese tercio de bosque, hay pinos, muchos pinos. Mientras se estimuló el crecimiento de pinares, los bosques de carrascas (robles y alcornoques) han sufrido un grave retroceso, inicialmente cubrían entre el 70% y el 80% del territorio, ahora a penas ocupan el 2% de la superficie valenciana. No únicamente ocurre esto. Muchos de los lugares que denominamos bosques porque hay una cubierta dominante de árboles, tienen una estructura muy alterada, se trato de pinares o de carrascales. Árboles jóvenes y de poco tamaño, alejados de lograr la madurez y, en muchos casos, abundan arbustos del bosque modificado y de las etapas más jóvenes, pioneras (de menor valor ecológico). Hay que sumar que en gran parte de los pinares de repoblación como en otros tipos de bosque, el hombre se ha esmerado en borrar el sotobosque.

 

LA CUMBRE de malAs prÁctICAs: lA eliminacióN del sotObosQUE

Empezaron nuestros antepasados y, nosotros, los ciudadanos tanto urbanitas cómo rurales lo hemos intensificado bajo intolerantes lemas “los arbustos son el refugio de peligrosos animales”, “son la suciedad, el estiércol del bosque”, “son la pólvora de los incendios forestales”. Sin duda, esta visión ausente de sensibilización se extiende a lo largo de las sierras valencianas. Dicho esto, habría que subrayar que un bosque sin los arbustos característicos es un bosque más allá de incompleto, mutilado y que cumple mal y, a veces de manera muy deficiente, las funciones ecológicas. Deja el suelo más desprotegido y en peligro de ser arrastrado por la erosión hídrica.

 

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Detalle de fruto i de la hoja del aladierno (Rhamnus alaternus). Imagen: Wikifaunia 

 

Como hemos descrito, la reconstrucción natural del bosque puede ser muy lenta mediante distintos mecanismos de *recolonització, cuando desaparece el agente *pertorbador que ha eliminado el bosque. Lenta o no dependerá de la vegetación originaria y del tipo de impacto o agresión que haya sufrido el bosque. Por qué decimos esto? No es el mismo la recuperación después de un incendio de un pinar sin vegetación *arbustiva, o sólo con arbustos *menuts no *rebrotadors frente a la regeneración de un *carrascar con un sotobosque de etapa adulta, que suelen ser en su mayoría, formado por especies *rebrotadores después del paso de las llamas.

Aquí está el epicentro de la reflexión puesto que conviene distinguir entre los *menuts arbustos de las etapas tempranas, jóvenes de la sucesión ecológica y los correspondientes a las etapas maduras. Los primeros arbustos (romero, estepas, aulagas, tomillo y otros arbustos de hoja pequeña y espinescente) se encuentran adaptados en la fuerte insolación, suelen ser más inflamables y no tienen capacidad de rebrote. Si dejamos avanzar el tiempo, se mujer la sustitución de la mano de arbustos más maduros, de mayor tamaño, de hojas más anchas y con mayor contenido hídrico, más adaptados a la sombra del bosque; es decir, sueño menos inflamables y sí, suelen tener la capacidad de rebrotar (estamos hablando del durillo, el madroño, el aladierno, el lentisco, entre otros).

 

¿Qué hemos hecho nosotros para merecer la deriva del bosque valenciano?

No es ninguna novedad que los humanos traemos siglos y siglos modificando nuestro medio y esto es especialmente representativo en ecosistemas mediterráneos como el nuestro, vasto territorio de confluencia de reinos e imperios, de culturas y tradiciones, en el cual, desde el neolítico, hemos influido poderosamente sobre la vegetación. Repetida intervención sobre las montañas y se que hay testigos muy antiguos que muestran episodios de deforestación intensa en áreas mediterráneas, semiáridas de entorno a los dos mil años. En épocas más recientes, nuestro apreciado Cavanilles nos ponía ya de manifiesto un uso y abuso intenso de los bosques, totalmente exterminado en muchos lugares...

 

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Bancal llaurat d’ametllers en flor. Imatge: Lamarinaplaza 

 

Ja remuntats en el temps, les causes més antigues i responsables de la transformació del bosc resideixen en l’agricultura, la ramaderia i les tales per obtenir fusta. És veritat que totes aquestes activitats no son tan destacades com en èpoques passades, de manera que podem infravalorar la seua importància en eixe passat. En canvi, em negue a pensar així. L’extensió de l’activitat agrària, la ubicació del conreu va implicar prèviament una reducció del bosc. Una salvatge, inconscient crema de vegetació natural, tala d’arbres i modificació de l’estructura de valls i vessants per a implantar els bancals, les terrasses agrícoles. En això s’han convertit per exemple, gran part de les comarques valencianes centrals, en les nostres singulars toscanes.

La ramaderia, ara també residual en el nostre motor econòmic, porta actuant durant milers d’anys. Una gran quantitat de ramats de cabres i ovelles han anat transformant poderosament el nostre paisatge. Des de les marjals litorals fins al cim del Montcabrer, han retallat el bosc i han afavorit la pèrdua de sòl en molts casos. I que seria d’un ramat sense els incendis provocats? El foc es feia servir per tal d’ajudar a estendre les pastures i impedir la regeneració de la vegetació llenyosa. Aquest còctel el tanca les citades tales. Aquestes han arribat a ser molt intenses en el passat ja que la fusta era objecte de moltes utilitats: construcció, mobiliari, navegació, carbó...

 

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Ramat de cabres. Imatge: M. Peinado

 

En el dia d’avui, altres agressions es sumen a les antigues: obres públiques (quan més faraònica millor), parcs industrials, urbanisme dispers, contaminació variada, turisme d’interior mal gestionat... son els ingredients que calien per decorar encara més el còctel, afegeixen el toc de degradació de la casa. Tot i que, no cal oblidar les velles pràctiques, tot i que molt més reduïdes que fa segles, segueixen actuant en alguns llocs, de vegades allà on més mal fa.

  

Percepció generalitzada que els incendis és l’únic factor de degradació d’un bosc?

I tant que tenim arrelada eixa percepció i sembla una simplificació no només absurda, sinó al fi i al cap, preocupant. Per una banda, ens fa oblidar altres causes molt importants i poderoses que han actuat i que actuen i, que poden tenir efectes tan destructius con les flames. Per altra banda, des de l’Administració pública i des dels mitjans de comunicació és promou la manipulació social quan ens venen la justificació d’intervencions pressupostaries preventives, però que tenen greus contrapartides perquè ni eviten els incendis ni ajuden a parar el ritme de degradació del bosc. Desafortunadament, moltes de les activitats mediambientals en matèria de prevenció d’incendis o fins i tot de repoblació postincendi, son tan destructores o més que els incendis. Sí, efectivament, com veurem en la segona part, la gestió forestal s’ha convertit en sí mateix, en un dels motors de la fragmentació, degradació del bosc valencià durant les últimes dècades.

 

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Mitjans aeris combatin un incendi. Imatge: leonoticias

 

Arribats a aquest punt, vorejant la fi de la primera part d’aquest article, cal recordar que unes formacions vegetals son més resistents al pas del foc que d’altres i que en alguns casos, es poden recuperar ràpidament després del incendi. Això sí, si el sentit comú haguera superat les ànsies de destruir, si no haguérem eliminat dràsticament els boscos originaris i potencials de la major part del territori valencià; el impacte dels incendis, tant arrelats al clima mediterrani, serien molt menors. Catifes de carrasques, de sureres, de rouredes amb els pins i arbustos acompanyants resistien millor el pas del foc i es recuperaven ràpidament mitjançant el rebrot. Si ara no els tenim a les muntanyes no és pels incendis, sinó per l’agricultura, la ramaderia, les tales, el carboneig... D’aquell “les seues guerres, els nostres morts” a “les seues agressions de l’entorn, les nostres pinedes inflamables”. 

Estimat lector, no es tracta que desitge llevar-li importància al foc, però cal situar el seu impacte en la mesura justa i en un context històric. No obstant, quines son les conseqüències de perdre el nostre bosc?, com es realitza una adequada prevenció? I l’essència, repoblem amb suficient coherència i respecte amb l’entorn? Noves qüestions en una segona part. Fins la pròxima!.

José Aparici

Graduat en Biologia per la Universitat de València i postgrau d’Ecologia Avançada i Gestió del Medi Natural per la Universitat d’Alacant
He treballat al Servei Tècnic d’Espais Naturals Protegits de la D.G. de Medi Natural (GV), al Museu de Ciències Naturals de València i al Parc Científic-UV. També he realitzat col·laboracions formatives al Jardí Botànic UV, assistències tècniques en AE-Agró i com a Especialista Municipal Voluntari del Fons Valencià per la Solidaritat a Bolívia.