¡La Albufera, ahora!

¡La Albufera, ahora! Imagen de GVA Parc Natural de l'Albufera

Os contamos de primera mano las conclusiones del simposio El Parc Natural de l’Albufera, ara que tuvo lugar el pasado noviembre. ¿Muchos cambios en los 30 años del Parque? Evidentemente, y también mucho trabajo para hacer. Los expertos han hablado, ¿encontraremos quien les escuche?

Los pasados 25 y 26 de noviembre se celebró en el Jardín Botánico el simposio El Parc Natural de l’Albufera, ara organizado por la Universitat de València y La Junta Rectora del Parque Natural con la colaboración de varias instituciones públicas. Las jornadas se plantearon como una reflexión colectiva sobre el estado del Parque Natural --abierta al conjunto la sociedad civil valenciana--, al cumplirse 30 años de la creación del espacio protegido. Pasadas tres décadas, la Albufera se encuentra en un contexto físico y social diferente al que enmarcó esta declaración, y también se enfrenta a nuevos retos y desafíos.

 

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Cartell del simposi El Parc Natural de l’Albufera, ara, organitzat per la Universitat de València i La Junta Rectora del Parc Natural amb la col·laboració de diverses institucions públiques

 

El escenario ha cambiado en treinta años, se han producido avances y mejoras significativas en la recuperación del ecosistema, pero existe un importante consenso social entorno a la idea de que todavía queda mucho camino para que la Albufera recobre el óptimo ecológico logrado a mediados de siglo XX, antes de que el impulso de un desordenado crecimiento urbano e industrial asolara la Devesa y degradara las marjales. El futuro, además, presenta nuevas trabas, como los derivados del calentamiento global, de la mayor presión sobre los recursos hídricos o de las nuevas formas y actividades vinculadas al turismo de masas.

 

Por todo esto, expertos en varias materias, procedentes de las universidades, las administraciones y de varias entidades y asociaciones, se reunieron durante dos días en torno a cinco líneas de trabajo: la protección y conservación del ecosistema, la regulación de los usos, la gestión del agua, la práctica agrícola y la ordenación del territorio. Las cinco sesiones recogieron visiones desde diferentes puntos de vista y, a pesar de las evidentes discrepancias en algunos aspectos, predominaron los elementos de consenso en los debates.

 

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Article recomanat: L’albufera, història d'una complicitat. Previ al simposi

 

El simposio fue una fenomenal tormenta de ideas que habrá que analizar con calma, para diseñar con paciencia y el máximo consenso posible una hoja de ruta para el futuro de la Albufera. El Comité Científico-Técnico del Simposio, coordinado por Enrique Cifres, ya está trabajando sobre estos materiales, que junto a las ponencias presentadas por los diferentes expertos, verán la luz en forma de libro la próxima primavera. No obstante, de manera preliminar, los moderadores de las diferentes sesiones prepararon un documento de conclusiones que se presentó en la conclusión de la reunión y que finalmente se articuló en torno a cinco conceptos transversales a las cinco áreas temáticas, los cuales hilvanan demandas y propuestas recogidas en las diferentes sesiones de trabajo.

 

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Imatge de GVA Parc Natural de l'Albufera 

 

La primera idea y el principal punto de consenso fue la conservación. Es, al fin y al cabo, la principal motivación sobre la que se fundamentó la declaración de protección del Parque Natural, y además se dirige a un objetivo claro y compartido por todos los agentes. Las medidas e iniciativas de conservación del ecosistema de la Albufera tienen como referencia el regreso a las condiciones oligotróficas que el humedal todavía mantenía en la década de 1960 del pasado siglo; la recuperación de la biodiversidad perdida en la Devesa –la zona del Parque donde se han producido mejoras más significativas; y por último, la mejora de los hábitats de la marjal, que ha experimentado un sutil proceso de degradación más recientemente.

 

La Albufera se caracteriza para ser un sistema socio-ecológico de una elevada complejidad. Las variables y las interrelaciones entre los elementos físicos y humanos de este paisaje son incontables, por lo cual, la persecución de los objetivos de conservación se hace enormemente difícil. Implica una gran exigencia de rigor y responsabilidad en la toma de decisiones, y hace emerger a menudo nuevos retos inesperados. Un buen ejemplo es el proceso reciente de degradación de la zona interior de las matas de la Albufera, consecuencia de la salinización del suelo que se asocia a la reducción de la altura de la superficie. Falta investigación y seguimiento de muchos de los procesos naturales y antrópicos que tienen lugar en el ecosistema; para poder tomar decisiones con conocimiento y para diseñar medidas de prevención o amortiguamiento de las consecuencias de cada actuación. El reconocimiento de esta complejidad podría ahorrar muchas polémicas y conflictos entre los agentes sociales que intervienen en el parque, los cuales ahora saltan con demasiada frecuencia a las páginas de la prensa diaria.


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En este sentido, la interacción entre todos los que participan y viven en la Albufera requiere la asunción de un principio de restricción: es necesario perder poder para lograr el bien común. Sólo desde esta perspectiva se puede conseguir el éxito en sistemas socio-ecológicos tan complejos. Esto vale tanto para el tradicional diálogo entre la agricultura arrocera y la preservación de la biodiversidad, como para los nuevos usos ligados al ocio y al turismo que están expandiéndose en el Parque Natural.

 

Pero la palabra restricción también tiene otra acepción que estuvo presente en los debates más intensos del simposio, los que tuvieron lugar en torno a la gestión del agua. Según la Directiva Marco del agua de la Unión Europea, los usos medioambientales del agua –como los de la Albufera—son una restricción para otros usos en la cuenca (agrícolas, industriales,...), lo cual tendría que otorgar al humedal una prioridad en la asignación de recursos. Pero no faltan voces que, frente a esta restricción legal que ven difícil de concretar, piden la asignación de una dotación específica (más generosa) para el humedal. La confrontación surge, posiblemente, de la falta de tradición de la aplicación de prioridades ambientales en la reciente política hidráulica española, que hace que muchos duden de la materialización de los criterios de la Directiva y confían más en el histórico criterio concesional de asignación de recursos hídricos.

 

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Demostració de sega manual. Imatge de GVA Parc Natural de l'Albufera

 

La gobernanza es también un término clave. La Albufera presenta un problema descomunal de fragmentación administrativa y solapamiento competencial. Es urgente articular protocolos y mecanismos de coordinación entre las numerosas administraciones que trabajan en el Parque, o incluso entre las diferentes secciones de las entidades que participan. Iniciativas sectoriales como el reciente Plan Especial de la Albufera, centrado en la gestión del agua, son calurosamente bienvenidas. Pero es necesario que estas iniciativas se desarrollen con criterios de máxima transparencia, para que todos los interesados puedan estar informados. La transparencia se tiene que exigir a todos los que manejan datos, conocimientos y recursos relacionados con la gestión del humedal –que recordemos es un bien público. Es por eso que los mecanismos de participación son imprescindibles, y pueden contar con un potente y activo tejido asociativo que a estas alturas es presente en la Albufera.

 

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Sembrant l'arròs a mà. Imatge de GVA Parc Natural de l'Albufera

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Els motors regula el règim hídric dels camps d'arròs durant tot el cicle del cultiu. Imatge de GVA Parc Natural de l'Albufera

 

Finalmente, hace falta más gestión. Los últimos años se han caracterizado por una acusada laxitud en la gestión y una cierta relajación en el cumplimiento de determinadas prácticas y reglamentaciones, plasmación, probablemente a partes iguales, de una carencia de recursos económicos y de la falta de voluntad política. Existe un claro consenso en torno en el hecho que la administración del Parque se desarrolla con una notable penuria de recursos materiales y humanos, hecho que lastra acusadamente la gestión, y limita el potencial de uso y recuperación del ecosistema. Hay temas esenciales, fundamentalmente en torno a la gestión hídrica, que están enquistados por desencuentros entre administraciones y/o usuarios, como por ejemplo la reutilización de aguas depuradas o su renaturalitzación en filtros verdes. Es necesario articular instrumentos y procesos mediación para desbloquear estos estrangulamientos.

 

En resumidas cuentas, el *simposio desveló cómo, debajo el ruido mediático que determinados conflictos trasladan a los medios de comunicación, hay muchos elementos de consenso que pueden coadyuvar a diseñar el futuro del humedal. Los cinco conceptos mencionados tienen que ser la base para esta nueva etapa del Parque. Recordando las palabras de Vicenç M. Rosselló, extraídas de su magnífico libro sobre la Albufera de Valencia, que sirvieron para cerrar el *simposio: “No són utopies i, si ho són, ningú no pot dir que no siguen desitjables. Si tots volen –o volem–, llauradors i estiuejants, passejadors i automobilistes, esportistes i contempladors, polítics i administrats, autoritats i científics....., el paisatge de la Devesa, l’Albufera i la Marjal podrà tornar a ser el gloriós espectacle que era per a tots els valencians.”

 

Carles Sanchis Ibor

Tècnic d'investigació del Centre Valencià d'Estudis del Reg de la Universitat Politècnica de València, Professor Associat del Departament de Geografia de la Universitat de València i membre del Patronat de la Fundació Assut