EL TINTO, RÍO DE CIENCIA FICCIÓN

Río Tinto Río Tinto Imagen de Jose A. Fuente: FlickR

Hay un río rojizo asociado a la minería que tiene unas características muy especiales fruto de su acidez. Un microbiólogo fijó en él su atención y descubrió que sus particularidades provenían de acuíferos subterráneos, y que es uno de los mejores análogos geoquímicos terrestres de Marte. Descubre esta historia que parece de otro planeta.

El Paisaje Protegido del río Tinto (suroeste de la Península Ibérica), el cual engloba el tramo alto y medio de este, es único en el planeta, tanto por su belleza cromática como por sus excepcionales condiciones geobotániques e históricas. Y es que alrededor del curso inicial del cauce se sitúa el mayor afloramiento minero a cielo abierto de Europa, que ya fue explotado por tartesios y romanos hasta británicos después de la venta de Riotinto por el gobierno español allá por 1873. Nos acompañas a conocer con más profundidad este río andaluz? Considerado por ilustres naturalistas como un auténtico expediente extraterrestre al norte interior de Huelva, relleno de misterios biológicos.


Poniéndose en contexto: ¿Por qué el río se llama Tinto?

Perteneciente a la cuenca del Guadiana y recorriendo casi un centenar de kilómetros hasta confluir con el río Odiel en la ría de Huelva, el río Tinto nace en la fachada atlántica de la Sierra Morena y la extensión de este espacio natural gira en torno a los 17 mil Ha. A lo largo de la comarca de Riotinto, destaca sorprendentemente la cantidad de infraestructuras y elementos dispersos asociados con la minería y que muestran una dura historia pero vital del desarrollo histórico y socioeconómico de las comarcas del interior de Huelva. Por ello, la oferta turística cultural gira alrededor de este motor, donde destaca la profunda Peña del Hierro y el lago multicolor a sus pies, el Museo y el Ferrocarril Minero, entre otros equipamientos vinculados.

 

El río es conocido popularmente por el color rojizo de su cama y amarillo, ocre de los bordes; rasgos edáficos intensificados debido a las minas a su paso por la Peña del Hierro. Unos márgenes del capital caracterizados por la escasa vegetación de ribera, ya que se necesita una elevada tolerancia ecológica para soportar una extrema acidez del hábitat. Aunque, podemos prestar especial atención a especies amenazadas como el brezo de las minas (Erica andevalensis), planta endémica en peligro de extinción, lo acoge y sustenta a una necesaria comunidad animal.

 

Entre las figuras de protección en torno al río destaca el de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC, Corredor Ecológico). Y es que en la década de los 80, este río estuvo a punto de desaparecer. Preocupados por los efectos de la explotación minera, los técnicos de la Junta de Andalucía concluyeron que el río Tinto sería recuperado paisajísticamente y diseñaron un plan de conservación, donde la descontaminación jugaba un papel clave ya que las minas fueron las responsables de los vertidos de agua ácida. Así, que los técnicos autonómicos idearon una escéptica y convencida solución: recurrir a la química más básica y derramar sosa cáustica para estabilizar y neutralizar las aguas del río; es decir, reducir la acidez de estas y finalmente, devolverlas a su estado aparentemente natural.


Paralelamente, una investigación abordó la polémica en torno a la naturaleza del río

El calor sofocante del verano y la asfixia del aire azufrado no fueron un impedimento para los paseos del investigador barcelonés Ricardo Amils, catedrático en Microbiología por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y especializado en ecología molecular de ambientes extremos en el Centro de Astrobiología, dependiente del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En la pedregosa ribera del río Tinto, él apreciaba como las rocas parecían escupir sangre del interior del suelo. Forman arroyos y en los márgenes acumulan agregados verdosos de minerales de azufre. En estas aguas huchas, las que queman como el sulfúrico y llenas de metales en una solución altamente tóxica, no hay peces, cangrejos ni cucharones.

 

Ahora mismo es cuando recuerdo un documental sobre el Río Tinto, cuando se lanzó un carro de la compra en el río para comprobar la corrosión del mismo. El carro se degradó completamente en cuestión de pocos minutos y ya se puede imaginar mi cara de no puede ser verdad frente a la televisión. Amils tenía la certeza de que no se exactamente un río lo que vemos, sino algo más extraordinaria. Y es que en el nacimiento del río, sólo se aprecia la parte visible de un poderoso reactor biológico subterráneo que se extiende cientos de kilómetros: un mundo oscuro, donde el calor y el oxígeno de la parte superior fueron desplazados por la negrura, el frío y la anoxia, la ausencia total de oxígeno.

 

Afortunadamente, un equipo de investigadores liderados por el Dr. Ricardo Amils fijó su atención en la naturaleza química del río y encendió la luz de alarma. Pidió a instancias de la UNESCO la paralización de la decisión de usar sosa, desencadenando un enfrentamiento con la Junta. Han transcurrido tres décadas y el equipo de Amils han publicado los resultados geofísicos, definitivos de aquella disputa y por tanto, han desmontado la versión de la contaminación minera. Y es que se ha demostrado, que la naturaleza de las aguas del río Tinto proviene de los acuíferos subterráneos instalados en un terreno extremadamente rico en sulfuros metálicos, y que esto lleva sucediendo durante millones de años. Pero, ¿cómo se llegó a esa conclusión?

 

El enfrentamiento no se cerró todavía. El asunto era una especie de debate sobre que fue primero, si el huevo o la gallina. ¿Por qué? Faltaba saber la localización exacta de la fuente de acidez en el subsuelo, lo generaba la singularidad del río. "La interpretación era que las primeras muestras contaminadas salían de la zona minera", subraya Amils, "pero si encuentras el mismo a mucha profundidad se puede afirmar que la actividad minera no tenía nada que ver con esto".

 

Además, el río Tinto transcurre sobre una Franja Ibérica de Pirita, la mayor concentración del planeta de estos minerales como el sulfuro de hierro y que se extiende por la región suroeste de la Península Ibérica. Esto motivó que los humanos explotaron intensivamente la zona desde hace al menos 5.000 años y que sólo en la provincia de Huelva, hay más de 200 cicatrices mineras. Pero, ¿fueron estas explotaciones las que dieron acidez al río o la acidez era de origen natural?


El examen de las profundidades del río resolvió el enfrentamiento

Las claves de Amils con 30 años de investigación a sus espaldas plasmadas en la realización de perforaciones en el lecho del río, en concreto en el nacimiento de éste, a la altura de la Peña del Hierro. Agujeros que llegaron a más de 600 metros de profundidad y las muestras obtenidas de estratos sedimentarios reflejan un equilibrio que perdura desde al menos ocho millones de años. Según el CAB, los datos de resistividad y los sondeos electromagnéticos en el acuífero del río Tinto hasta esas profundidades han revelado las ubicaciones de las fuentes de acidez debido a distintos materiales geológicos. Estos contienen sulfuros masivos y actúan como el acuífero de las aguas ácidas del río.

 

Una vez determinado que el origen de la acidez del río es natural gracias al conocimiento aportado por las perforaciones, llega el momento más interesante del asunto. La otra pauta fundamental que hace que el río sea así y tenga su peculiar aspecto marciano no está en la geología, sino en la parte viva del sistema. Las perforaciones en el río abren la puerta a descubrir el inframundo de una de las corrientes fluviales más oscuras del planeta. Llenos de otra vida, de una vida que acaricia con los dedos el extraterrestre y que nos dan una sesión magistral de química. Río formado por algas, cientos de hongos pero sobre todo, antiquísimos bacterias que hacen suyo el reino ácido.

 

El río acoge una fascinante diversidad de microorganismos, muchos de ellos sin catalogar, que se alimentan sólo de minerales y se adaptan a hábitats extremos. "La parte más curiosa es que estamos detectando un tipo de actividad que no nos esperábamos", decía un entusiasmado y esperanzado Amils, "y además de los organismos fartons de pirita, parece que hay otras, de modo que el ecosistema gana en complejidad ". Y añade, "allá abajo, cada organismo cumple su función", insiste Amils, "se aprovecha hasta el mínimo recurso ya que hay infinidad de bacterias con mucha hambre".

 

Pero, ¿qué ocurre exactamente? Las bacterias roban la energía y oxidan el hierro de las enormes franjas subterráneas de pirita en un sistema de reacciones en las que el hierro se quema y se reduce. En la superficie y con abundante oxígeno, la solución de ión férrico aflora en el caudal del río, que le da esa coloración rojiza. Además, mantiene la acidez con un pH muy bajo en su nacimiento ya que el ión férrico, un potente oxidante, quema los sulfuros metálicos y libera ácido sulfúrico y otros metales pesados ​​en solución, corriente abajo.

 

Los biólogos plantean el estudio geofísico y geomicrobiològic de las funciones bacterianas no en un lugar concreto, sino a lo largo de los 100 km del río y que llevan en marcha millones de años. La campaña de prospecciones en el subsuelo del río Tinto servirán para investigar precisamente un nuevo eslabón en la cadena, el de las bacterias que habitan en muchos metros de profundidad y transforman el terreno. Según Amils "el siguiente paso consiste en distribuir las sondas en los pozos y ver si somos capaces de sacar datos en tiempo real de la actividad metabólica en el subsuelo de la Franja de Pirita". Simplemente fascinante, no crees? Y se preguntarán, sucede lo mismo en los ríos vecinos? Pues no, ya que hay una ausencia de acidez y las bacterias son incapaces de convertir el hierro suspendido en el óxido. Por tanto, el hierro se deposita en el fondo pero no se da este ciclo "marciano" que le da el río Tinto ese aspecto rojizo.


El río Tinto, la representación terrestre del subsuelo de Marte?

El Tinto es considerado uno de los mejores análogos geoquímicos terrestres de Marte, es decir, el análisis de la vida en las entrañas de este curso fluvial puede llevarnos al entendimiento de la vida en otros mundos. Aguas caracterizadas por su pH muy ácido, rojas, de alto contenido de sales ferruginosas, de escaso oxígeno y contaminadas desde los albores de la historia por el sulfato férrico. Por ello, fue el lugar elegido por la Agencia Espacial Estadounidense, NASA, con el fin de estudiar las formas de vida justificadas por las posibles similitudes de las condiciones ambientales entre el río y Marte. Un planeta, un mundo helado, también rojo debido al hierro oxidado, también desprovisto de oxígeno y que se creía seco, hasta que surgieron las evidencias, como se sabe, que el agua transcurría por su superficie. Y tal vez, sigue existente una actividad subterránea como en el río Tinto? Lo que sí es conocido, es un director de la NASA enfurecido en 1999 con sus científicos por no interesarse antes por un cuenca fluvial tan parecido a Marte hasta que él no la visitó por primera vez.

 

En el proyecto MARTE (2003-2006), con la colaboración de la NASA, extrajera las primeras muestras edáficas provenientes de perforaciones a 160 metros de profundidad en la cuenca del río Tinto, coincidiendo con la Franja de Pirita Ibérica. Sin embargo, en noviembre de 2011, se dio un paso adelante. A la vez que la NASA lanzaba al espacio el conocido Rover Curiosity camino de Marte, en la cuenca del río Tinto se dio el pistoletazo de salida a una nueva fase de perforación, heredera del proyecto MARTE y coordinada por el Dr. Amils del Centro de Astrobiología. El proyecto fue conocido por las perforaciones mencionadas anteriormente de 600 m y es denominaba Vida Subterránea en la Franja de Pirita Ibérica (IPBSL en inglés) y que algún día, podrían hacerse realidad en el subsuelo marciano.

 

El objetivo del IPBSL fue buscar el tipo de vida microbiana o los ecosistemas ya detectados en el proyecto MARTE y responsables de las singularidades bioquímicas del río rojo, que pudieran desarrollarse también en el subsuelo marciano y ser los desencadenantes de algunos rasgos en Marte: la detección de metano atmosférico o, la presencia de óxidos de hierro (hematites) y la de sulfatos (jarosita). Y es que Amils ya señaló unos depósitos amarillentos en un tramo de embalse de las aguas del río Tinto. Era jarosita, un mineral que también ha sido identificado por los espectrómetros de los rovers que recorrieron la superficie marciana. La geología dicta que la jarosita se puede originar sin que la vida faja acto de presencia. Por lo tanto, habrá que esperar a que las agencias espaciales (NASA y ESA) sepan cómo mejorar sus perforaciones en las futuras misiones, ir más allá de los pellizcos de un par de metros de suelo y solucionar la cuestión de la vida microbiana subterránea.

 

Sin duda, el río Tinto ha convertido en el campo de pruebas, donde se calibran amigos robots que formarán parte de misiones al planeta rojo acompañados de humanos allá por 2037, según EEUU. "Se están haciendo perforaciones en diversos rincones del mundo, en los océanos, pero el exhaustivo trabajo en el Tinto está realizando con un análogo de Marte", incide Amils. "Una vez descartada la vida en la superficie del planeta rojo" concluye, "el siguiente paso es buscar metros abajo, como ocurrió en el Tinto. Yo estoy convencido de que hay vida".

 

Pero, ¿cómo es el responsable del salto del río Tinto a la gloria, a la órbita internacional?

Son muchos los que consideran que el Dr. Ricardo Amils y su desbordante vocación son los artífices del reconocimiento social del río Tinto más allá de nuestras fronteras, del interés por parte de la comunidad astrobiológica global. Se ha tejido una auténtica alfombra de elogios hacia el microbiólogo. "Es un compañero admirable, sólo puedo recitar éxitos", dice Penelope Boston, directora del Instituto de Astrobiología del Centro Ames Research de la NASA, que lo define como alguien "totalmente dedicado a expandir la ciencia a los pies del río Tinto, desde la geología y la microbiología hasta la geoquímica y la botánica ". El reputadísimo microbiólogo de la Universidad de Arizona Jim Fields, añade la "pasión" del español para impulsar el río Tinto "como el modelo de vida en Marte". Como también, la autoridad mundial en estudio del origen de la vida, el científico mexicano Antonio Lazcano conoció Amils y no creía que el río Tinto fuera un modelo terrestre de las condiciones pasadas y presentes de Marte, pero cuando Amils lo llevó de visita al paisaje del Tinto, un atónito Lazcano gesticula solamente: "parece pintado por Max Ernst".

 

El Dr. Amils no es alguien deseoso de colocarse una medalla. Según él: "nunca fui un buen estudiante. A veces mis hijos me lo recuerdan cuando los lance el sermón para no sacar unas notas más altas. Yo era licenciado en química y abocado al mundo de los antibióticos. Un día, después de una conferencia, se me acercó la todopoderosa y revolucionaria bióloga Lynn Margulis y me dijo: "Interesante, pero aburrido. Tienes que salir al campo ". Por lo tanto, durante la primera excursión en el río Tinto allá por los años 80, el estudiante de doctorado acompañante de Amils le preguntó, "cómo es posible la presencia de algas flotando en aguas ácidas?" Así empezó todo, el viaje de la biología molecular a la ecología microbiana conducida por las aguas del Tinto. Tenga razón o no, la historia de Ricardo Amils quedará ligada para siempre a uno de los ríos más enigmáticos de la Tierra, a la pincelada de un contraste de colores en un rincón de Andalucía.

José Aparici

Estudiante de Grado de Biología en la UV
Colaboro con el Banco de Germoplasma, el Gabinete de Comuniación y Cultura del Jardí Botànic y con la asociación Autismo Infantil. Me fijo en exceso en las matrículas de los coches, admiro la capilaridad hídrica de los árboles monumentales y nunca he entendido la ley de Hondt.