Cultivos para reducir el efecto invernadero

¿Es posible que plantando unos o otros cultivos podamos reducir el calentamiento global? Según un grupo de expertos de Universidad Politécnica de Madrid y de la Universidad de Wageningen (Países Bajos) las emisiones de óxido nitroso a la atmósfera, la mayoría provocadas por actividades agrícolas y ganaderas, pueden reducirse hasta un 44% eligiendo los cultivos adecuados.

Por primera vez desde su fundación en 1945 la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha publicado sus propias estimaciones sobre los gases del efecto invernadero que provienen directamente de la agricultura, la silvicultura y la ganadería. El motivo de la realización de este informe, publicado en marzo de este año gracias a una base de datos de FAOSTAT sobre emisiones de Gases de Efecto Invernadero derivados de agricultura, silvicultura y otros usos de la tierra y publicada en 2012, es que durante los últimos cincuenta años la emisión de gases nocivos derivados de estas actividades se ha duplicado y parece que la tendencia sigue en aumento para las próximas décadas, llegando alcanzar un 30% más en el año 2050 si no se toman las medidas adecuadas al respecto. Y lo peor es que, en proporción, las emisiones producidas por estos sectores se han incrementado de forma muy superior a lo que lo han hecho en otros como por ejemplo la industria.

 

Según el informe de la FAO la cantidad de emisiones nocivas a la atmósfera relacionadas con el efecto invernadero depende de la actividad en concreto (agropecuaria o forestal) y de algunas condiciones ambientales como pueden ser el clima o el tipo de suelo. Además, el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) es muy superior en los países desarrollados que en el último siglo se han decantado por técnicas de cultivo y abono propias de la agricultura intensiva. Las emisiones derivadas de la producción y explotación agropecuaria han crecido en una década (2001-2010) de 4.700 millones de toneladas a 5.300 millones, lo que supone alrededor de un 14% más. Si nos fijamos en datos más concretos, por ejemplo, los procesos biológicos producidos en los arrozales generan una cantidad de metano que representa el 10 por ciento del total de las emisiones nocivas de la agricultura, mientras que la quema de sabanas representa el 5 por ciento de este mismo total. Otro dato curioso de este informe hace referencia a las explotaciones forestales: en el año 2010 se retiraron de la atmósfera unos 2.000 millones de toneladas de CO2 como resultado de la “captura” de sumideros forestales.

 

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Fuente: Informe FAO


En el caso de España la agricultura es responsable directa del 11% de las emisiones de gases de efecto invernadero. A esto hemos de añadir que, por sus condiciones climáticas y por sus características socioeconómicas, nuestra agricultura se considera como uno de los sectores más vulnerables al cambio climático. Para concienciar a agricultores y técnicos sobre este tema en septiembre de 2013 la Fundación Global Nature firmó un acuerdo con la Fundación Biodiversidad para poner en marcha “Energía, Agricultura y Cambio Climático”, un proyecto financiado Fondo Social Europeo a través del Programa “Emplea Verde” de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y del Fondo Social Europeo que tiene como objetivo formar a agricultores y técnicos y asesorar a explotaciones agrícolas para adoptar buenas prácticas que signifiquen menos consumo de energía y una reducción de las emisiones de GEI.

 

¿Cómo pueden los cultivos minimizar la emisión de GEI?

Si hablamos de agricultura y de efecto invernadero los suelos juegan un papel fundamental por ser los responsables de la emisión de óxido de nitrógeno (N2O), uno de los principales gases de efecto invernadero junto con dióxido de carbono, el metano y algunos aerosoles. El óxido de nitrógeno está presente en los fertilizantes nitrogenados de síntesis y también en los orgánicos y supone un 38% de los gases de los GEI producidos en agricultura (el metano generado en el proceso digestivo de los rumiantes produce el 32%, la descomposición de metano en arrozales encharcados alrededor de un 12%, la quema de biomasa un 11% y el estiércol y los purines alrededor de un 7%) y un 8% de los gases de efecto invernadero producidos a nivel global.

 

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El metano es uno de los gases causantes del efecto invernadero. Los rumiantes y los procesos microbiológicos que ocurren en los arrozales son sus principales causantes. Imagen arrozal: International Rice Research Institute ( IRRI) en Flickr 

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Fuente: Informe FAO

Los efectos del óxido de nitrógeno son demoledores para nuestra atmósfera. Aplicados a las plantas en forma de fertilizante nitrogenado, tiene la capacidad de cambiar la estructura del suelo una vez se han desarrollado las raíces de la planta, afectando al contenido de humedad y a su estructura y facilitando la creación del gas que después se liberan desde el suelo hasta la atmósfera. Aunque los fertilizantes y abonos nitrogenados y los realizados con N2O son cada vez menores, su uso ha sido abusivo durante los últimos cincuenta años. Se estima que de los 14 millones de toneladas de fertilizantes químicos usados en 1954 se pasó a casi 194 millones en 2007, la mayoría fertilizantes nitrogenados de los cuales un 40% eran asimilados por las plantas mientras que el resto se incorporaba, como hemos visto, al ciclo terrestre.

 

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Cicle N2O


El problema de las emisiones de N2O es tan importante a nivel global que son muchos los expertos que investigan cómo disminuir este gas de efecto invernadero proveniente generalmente de la agricultura. Dentro de este grupo de investigadores destaca el equipo de expertos de COAPA de la Universidad Politécnica de Madrid, liderado por Antonio Vallejo y en colaboración con la Universidad holandesa de Wageningen, que observó la posibilidad de reducir hasta más de un 40% la emisión de gases cuando en un terreno se plantaban dos especies diferentes de herbáceas en lugar de una sola. Los resultados del estudio de COAPA, publicados en la revista científica Global Change Biology, se basan en que las dos especies de herbáceas “mezcladas”, a pesar de ser complementarias, tenían raíces muy diferentes, lo que permitió que consumieran el nitrógeno del suelo de manera muy eficiente reduciendo la cantidad de éste emitida a la atmósfera. Este estudio, que lleva los principios de la ecología a la agricultura y a las investigaciones sobre la emisión de GEI, sirve para demostrar que las decisiones que los agricultores tomen sobre qué tipo de cultivos plantar en sus campos puede afectar, de igual forma que los fertilizantes, a las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de sus explotaciones agrícolas.

 

Hasta ahora las investigaciones para reducir los gases de efecto invernadero en la agricultura se centraban en el tratamiento directo del suelo. Prueba de ello es el proyecto europeo RegaDIOX, uno de cuyos objetivos es encontrar métodos para “capturar” el CO2 del suelo y reducir así la emisión de gases de efecto invernadero gracias a una gestión sostenible y planificada de la agricultura de regadío. El proyecto está coordinado por Fundagro (Fundación Navarra para el Desarrollo Rural) y cuenta con expertos de la Universidad de Navarra que han centrado sus esfuerzos en investigar formas de añadir una contribución natural de carbono al suelo mediante agua para que éste tenga mayor capacidad de tener CO2 y así, con mayor cantidad de materia orgánica, reducir la cantidad que gas que va a la atmósfera.

 

Informe completo de la FAO: Agriculture, Forestry and Other Land Use Emissions by Sources and Removals by Sinks. 1990-2011 Analysis”

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia