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Botánico del mes: Emili Laguna

Botánico del mes: Emili Laguna Emili Laguna en Belalcázar (Córdoba). / Pau Laguna.

Experto en flora silvestre rara, endémica y amenazada, y reconocido internacionalmente por ser el promotor de las microrreservas de flora, una exitosa figura de protección con más de 20 años de existencia. Emili Laguna trabaja intensamente en el campo de la conservación con diferentes iniciativas. Es, además, jefe de Protección de Recursos Naturales en el Servicio de Vida Silvestre de la Generalitat Valenciana y coordinador de programas sobre flora amenazada del CIEF. 

¿Por qué escogiste la Botánica?

Las plantas me han encantado desde siempre. Crecí entre Valencia capital y Belalcázar, un pueblo del extremo norte de la provincia de Córdoba de donde viene mi familia materna, formada por pastores y labradores. Durante muchos años tuve que compartir los libros con la azada, la hoz o el zurrón a las espaldas; además, la gente mayor me enseñó mucho sobre las propiedades de las plantas, las que se podían comer, las venenosas, las curativas... Cuando estaba en València, el Jardí Botànic era el lugar preferido para pasear donde me llevaba mi padre muchos domingos.

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Emili Laguna (izquierda) con José Antonio Hernández Muñoz (actualmente jefe del servicio de Gestión de Espacios Naturales Protegidos de la GV) durante  una excursión del  alumnado de Biología Vegetal de la promoción 1979-1984 de Ciencias Biológicas de la Universitat de València. Marzo de 1983, paraje de Zagra, Tuéjar (València).

 

Cuando era más pequeño, me gustaban sobre todo los animales, particularmente los invertebrados, pero mi vocación botánica se consolidó sobre todo cuando estudiaba el bachillerato, en la Universidad Laboral de Córdoba. El último año allí, durante el curso 1978-79, con algunos ahorros de pequeños trabajos realizados el verano anterior, compré mi primera guía de campo de plantas y animales; ¡por fin podía empezar a reconocer y dar nombre a las plantas!  Ya en la Universitat de València en 1979, iniciando la carrera de Ciencias Biológicas, tenía claro que para el segundo ciclo escogería la especialidad de Biología Vegetal. De hecho, a comienzos de 3º de carrera, todavía en el primer ciclo, ya inicié, bajo la dirección de los profesores José Mansanet y Rafael Currás, lo que más adelante sería mi tesina sobre fenología vegetal.

 

Desde 1999 eres funcionario de carrera de la Generalitat Valenciana como especialista en Biología. ¿Nos podrías resumir tu trayectoria profesional?

Entre 1984 y 1986 hice algunos trabajos puntuales sobre botánica para diferentes administraciones, como la Diputació de València o el Ministerio de Agricultura. Mi trabajo en la Generalitat empezó a finales de 1986, como biólogo funcionario interino de lo que ahora se denomina Servicio de Vida Silvestre, y trabajé con esa plaza provisional hasta 1989. Ese año aprobé la oposición para biólogo contratado fijo, personal permanente  de la Generalitat, y 10 años después pasé a ser funcionario. Entre 1987 y 1990 fui el primer director-conservador del Parque Natural del Carrascar de la Font Roja, un lugar encantador y donde pasé muchas de las mejores experiencias profesionales.  Desde 1991 tengo la plaza de jefe de sección, pero entre 1990 y 1996 ejercí temporalmente las funciones de jefe de servicio.

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Salida de campo a las balsas del Carabassí (Elche) en febrero de 1987, a los pocos meses de empezar su trabajo para la Generalitat, destinado en la provincia de Alicante. / Daniel Climent i Giner. A la derecha, Emili Laguna y Juan Antonio Gómez –actualmente director del Centro de Recuperación de Fauna La Granja, El Saler, València– durante una visita al marjal de Pego-Oliva en junio de 1991. / Santiago Reyna –Servei de Vida Silvestre.

 

Cuando empecé a trabajar era el único botánico de la Generalitat, y a pesar de estar destinado en Alicante hacía trabajos en el servicio en las tres provincias, conociendo buena parte de la geografía valenciana. Entre otras tareas, me encargué de parte de los primeros convenios de investigación con las universidades valencianas para el estudio de nuestra flora rara, endémica y amenazada, sacando la conclusión de que la mayoría de las especies de interés para la conservación se concentraban a menudo en microhábitats. De ahí salió la idea de las microrreservas de flora, y de programar su creación y gestión formando una red, no como reservas naturales aisladas. A raíz del proyecto que redacté en 1992, se concedió la ayuda del programa LIFE que permitió implementar aquella idea. En 2006, al crearse el CIEF (Centro para la Investigación y Experimentación Forestal), se me encomendó la dirección de los proyectos de conservación relativos a flora silvestre amenazada, tanto referidos a la conservación ex situ como de los muchos de los trabajos de recuperación en sus hábitats.

Además de dirigir la creación y funcionamiento de las microrreservas, en parte gracias a un excelente equipo humano a mi cargo, las microrreservas permitieron que me incorporara a diferentes grupos de trabajo y entidades internacionales, como voluntario o con cargos meritorios no remunerados –por ejemplo en Planta Europa o en varios grupos de expertos de la UICN. Además de esto, he asesorado diferentes proyectos para la creación de microrreservas en otros territorios, como Chipre, Creta, Bulgaria, Eslovenia, Menorca, etc., lo que me ha permitido adquirir una experiencia fundamental para mi actividad profesional.

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Visita a la microrreserva de flora Puntal de l’Abella en Estivella, València, acompañado de los biólogos portugueses Ruben Paz y Sonia Catanho, durante una estancia en prácticas de la Universidad de Madeira para conocer la gestión de este tipo de lugares protegidos. Febrero de 2007. / Albert Navarro.

 

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Visita a los jardines botánicos de Kew en junio de 1998, en el regreso del Congreso ‘Natura 2000 and people’, celebrado días atrás en Bath (Gran Bretaña). La visita a Kew estuvo guiada por el editor y comunicador botánico Hugh Synge. / Hugh Synge.

 

Mucho de mi trabajo por la conservación no se hace dentro de la Generalitat, sino desde casa,  y colaboro con diferentes entidades. Fui promotor de la creación de la SEBiCoP (Sociedad Española de Biología de la Conservación de Plantas) y del inicio del proyecto AFA (Atlas de la Flora Vascular Amenazada de España), y soy también socio fundador y vocal de la junta directiva de la recientemente creada SIB (Sociedad Iberoamericana de Biogeografía).

 

En 2017, la Sociedad Española de Biología de la Conservación de Plantas (SEBiCoP) te otorgó el premio César Gómez Campo por tu trayectoria profesional. ¿Qué significó para ti este reconocimiento?

Una gran alegría porque, como comentaba, por un lado fui uno de los promotores de la creación de la SEBiCoP y todavía recuerdo que algunas voces auguraban que la iniciativa tendría poco  recorrido. Van ya 15 años de funcionamiento, ¡con cada vez más trabajo hecho! Por otra parte, fue todo un honor, puesto que César guio con sus consejos –entonces por teléfono o por cartas manuscritas– mis primeros pasos en la conservación de la flora, a finales de los años 80 y comienzo de los 90 del pasado siglo. Este año hará 10 años que faltó César Gómez Campo, pero su espíritu –no solo científico, sino también sus lecciones de humanidad–, nos ha guiado a muchos para llegar a donde estamos.

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Emili Laguna, Jaime Güemes y Lluís Serra, en ese momento vocal, presidente y tesorero de la SEBiCoP (Sociedad Española de Biología de la Conservación de Plantas), respectivamente, durante una excursión al Parque Nacional del Teide durante el 3º Congreso de Biología de la Conservación de Plantas.

 

También se te reconoce internacionalmente como el promotor de las microrreservas, una figura de protección que cumple 20 años. ¿Qué valoración  haces al respecto?

Pues bastaría decir que se ha llegado mucho más allá de lo  que yo había imaginado. Hace casi 30 años que planteé la idea de crear una red de microrreservas, y 20 años de la declaración legal de las primeras: a finales de 1998 en Castelló y en 1999 para València y Alicante.  Hoy por hoy, tenemos más de 300 microrreservas: es la red mundial más densa de terrenos protegidos específicamente para la flora silvestre. Si me supuso todo un orgullo recibir el premio de la SEBiCoP, otro tanto me pasó en 2004 al recibir el Silver Leaf Award de Planta Europa, precisamente por la propuesta y puesta en funcionamiento de las microrreservas de flora.

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Imagen con la señalización de la microrreserva de flora Penyal d’Ifac Nord, en el parque natural del Penyal d’Ifac (Calp, Alicante), en noviembre de 2017. / Pau Laguna Ferrer.

 

¿Qué relevancia tienen programas de ayuda como LIFE de la Comisión Europea para la biología de la conservación?

Son muy importantes en aquellos territorios donde no hay recursos propios u otros fondos comunitarios, así como para la conservación de especies muy amenazadas; el problema es que los fondos solo pueden dedicarse a especies protegidas por la Directiva de Hábitats, y esa norma tiene unas listas de plantas extremadamente deficientes, basadas en documentos de la década ¡de los ochenta! También son relevantes porque son los únicos fondos europeos multifuncionales, es decir, que alcanzan todo tipo de trabajo, para la conservación.

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En la microrreserva de flora de Elafonissi (Creta, Grecia), con el botánico menorquín Pere Fraga (a la derecha), el Dr. Costas Thanos (en el centro)- y miembros de su equipo, durante la salida de campo del I Congreso Internacional sobre Microrreservas de Flora, celebrado en Chania en noviembre de 2015 dentro del proyecto LIFE Cretaplant.

 

Muchos años, muchos proyectos... ¿De cuál te sientes especialmente orgulloso?

Obviamente, de la creación de la red de microrreservas de flora. También, cada vez más, del desarrollo de los planes de recuperación de las 3 especies de plantas que disfrutan aquí de esa herramienta de protección: Silene hifacensis, Limonium perplexum y Cistus heterophyllus subsp. carthaginensis. En todo caso, siempre me he sentido más orgulloso de llevar adelante esos proyectos gracias a un excelente equipo humano, los técnicos que día a día desarrollan esas tareas bajo mi coordinación.

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Fotografiando Silene hifacensis, al PN Penyal d’Ifac. / Albert Navarro.

 

También has sido director-conservador del PN Carrascar de la Font Roja. ¿Qué nos destacarías de esta época?

Fue un tiempo muy bonito e ilusionante, donde aprendí mucho, y con un amplio apoyo local para muchas de las iniciativas que promoví. Los parques están todavía lejos de poderse gestionar con suficiente visión de futuro; la cantidad de técnicos en plantilla en la Generalitat para su gestión, por comparación con otros países de nuestro entorno, es absolutamente irrisoria, y esto lastra mucho que puedan ponerse más en valor ante la sociedad.

 

¿En qué proyectos trabajas ahora mismo?

En el trabajo a la Generalitat estoy en muchas cosas a la vez, desde la continuación del trabajo con la red de microrreservas hasta el desarrollo de los planes de recuperación. En todo caso, esto es el 15 o 20% de mi trabajo, el resto son trabajos técnico-burocráticos (informes, memorias, trámites de autorizaciones, etc.). Como tarea nueva más interesante, llevo el negociado del Protocolo de Nagoya para el reparto justo de los beneficios de la biodiversidad, a pesar de que la mayoría de los expedientes que tramito ¡se refieren a microorganismos y no a plantas!

Los proyectos a los que dedico más trabajo creativo o intelectual los hago en mi tiempo libre, dedicados sobre todo a la etnobotànica, colaborando con un equipo de investigación del Sudeste Ibérico, y al asesoramiento o preparación de algunos libros y bases de datos. También estoy colaborando con la plataforma Conect-e para la recogida del conocimiento de usos de las plantas silvestres españolas mediante ciencia ciudadana.

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Localizando poblaciones de la orquídea Anacamptis papilionacea (=Orchis papilionacea) en el norte de Córdoba, entre El Viso de los Pedroches y Belalcázar. La especie, abundando en aquella parte de la Península, está catalogada En Peligro de Extinción en el  territorio valenciano. / Mar Laguna Ferrer.

 

¿Cómo ha cambiado tu trabajo con el paso del tiempo?

Desgraciadamente, el trabajo actual es cada vez más burocrático. Hay, por suerte, más gente comprometida con la conservación, desde la gente de la calle o las empresas a las administraciones a todos los niveles, pero los recursos humanos que se dedican son totalmente insuficientes. De la última oposición para técnicos de mi servicio hace... ¡casi 25 años!  Ahora me dedico, entre otras cosas, a redactar proyectos para que otros hagan ¡lo que a mí me gustaría hacer!

 

¿Cuál es la primera y la última cosa que haces al entrar en el despacho?

Después de encender el ordenador, abro el correo y reviso si hay peticiones de identificación de plantas o de otro tipo de apoyo a voluntarios que nos envían datos para el Banco de Datos de la Biodiversidad. Es gente que hace un trabajo inestimable altruistamente, y la rapidez de las respuestas a aquello que nos piden ¡es fundamental para mantener la moral alta! Lo último es revisar que no me olvido los discos duros portátiles, puesto que después continúo en casa mucho trabajo pendiente del trabajo y esto me obliga a cargar con la información. Esto afecta sobre todo al trabajo de difusión (redacción de libros, artículos, etc.), imposible de hacer en el despacho.

 

¿Trabajas solo o en equipo?

¡Siempre en equipo! Hoy por hoy es casi imposible pensar que se trabaje en solitario, y mucho menos en el caso de la conservación de la flora amenazada, donde hay que desarrollar muchas tareas encadenadas en el tiempo. El trabajo en grupo es necesario y muy enriquecedor, sobre todo cuando ves que tus discípulos y a la vez compañeros, ¡superan al maestro!

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Equipo técnico del proyecto LIFE para la creación de la Red de Microrreservas de Flora en abril de 1998. / Hugh Synge.

 

¿Piensas que tu trabajo te permite aprender sobre temas no relacionados con la Botánica?

En ell trabajo soy biólogo, no solo botánico, pues aprendo necesariamente sobre zoología, microbiología, etc. Por supuesto, tengo que estar al día si es posible en conocimientos de ecología, geología, edafología, climatología y ciencias ambientales en general, pero también en materias de derecho ambiental y procedimientos administrativos. Además, el trabajo exige, para hacerse bien, calidades de relación social que no tienen nada que ver con la botánica.

 

¿Cuál consideras que es la habilidad imprescindible para tu trabajo?

Probablemente  es la capacidad de diálogo y de comprensión de las otras personas. El autoritarismo y los procesos top-down tienen cada vez menos cabida en las relaciones de confianza entre los actores de la conservación. Hay que escuchar y aceptar mucho de lo que los otros dicen, no simplemente escucharles para continuar con la idea propia. Las plantas se conservan para el pueblo, pero con el pueblo, y esto implica un gran trabajo de proselitismo. Hace mucho más el trabajo de hormiguita con poca gente a nivel local, que hagan de catalizadores desde la base, siguiendo una estrategia bottom-up.

Hay que decir también que el protagonismo de la administración en los temas de conservación de la biodiversidad no solo es excesivo, sino que inhibe iniciativas de base. A menudo hace mucho más por la conservación una charla sobre la utilidad de las plantas medicinales (es decir, cosas que la gente local más interesada pero sin formación botánica puede entender), que la explicación de todo lo que hacemos desde el CIEF o el Servicio de Vida Silvestre, que la gente puede escuchar con admiración, pero que asimilan como una cosa ajena que no va con sus vidas.  

 

Entonces, ¿qué valoración haces del sector?

Buena en cuanto a la conservación en general, a pesar de que para avanzar de cara al futuro sería importante que se generara una red de entidades sociales dedicada a la conservación de las plantas amenazadas y que, entonces, la conservación estuviera fundamentalmente en manos de ONG, como se hace en la mayoría de países europeos. Hoy por hoy, la gran parte de esa tarea la hace la administración pública, y la única asociación comprometida con esas tareas, la SEBiCoP, es fundamentalmente una sociedad científica que todavía está empezando el camino para desarrollar esas funciones.

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Participación como voluntario en la plantación de la especie amenazada Frangula alnus subsp. baetica hecho por la Fundación Limne en la Chopera de Algemesí, en diciembre de 2015. Las plantas fueron producidas en el CIEF dentro de los programas dirigidos por Emili Laguna. / Mar Laguna Ferrer.

 

Como especialista en flora silvestre rara, endémica y amenazada, ¿nos haces un diagnóstico rápido de la situación a casa nuestra? ¿Cuál es el plan?

Hoy por hoy, a menudo somos considerados la comunidad autónoma más avanzada en conservación de flora en España y, de hecho, asesoramos frecuentemente a equipos de otros territorios. En los últimos años, estamos consiguiendo salvar de la extinción las especies valencianas consideradas más amenazadas desde el punto de vista de las obligaciones legales. De cara al futuro, hay que continuar con muchas más especies, pero como comentaba antes, el trabajo de la conservación está ejerciéndose fundamentalmente desde la administración pública, no hay colectivos ni ONG fundamentalmente centradas en la flora silvestre y esto es una tarea necesaria de cara al futuro. La implicación local no es fácil si solo se predica la importancia de las especies amenazadas, esto no ‘engancha’ a la gente. Habría que ligar mucho más la conservación con el conocimiento popular, la etnobotánica, tocar más la fibra de la idiosincrasia. La gente se implica mucho más cuando ve la utilidad de las plantas, y muchas de las más amenazadas la tienen o pueden tener (como ornamentales, medicinales, etc.). Esto pasaría también para modificar la legislación, que es excesivamente inquisitiva e inhibe todas esas iniciativas paralelas.

 

¿Qué papel juega la divulgación?

Fundamental. Es la tarea más importante para la conservación a largo plazo, y la que menos apoyo tiene en el caso de las plantas amenazadas, mucho más orientada al trabajo técnico físico –in situ y ex situ– del rescate de las especies, y sufriendo además la menor empatía que las plantas inspiran si se comparan con otros elementos, como la fauna.

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Octubre de 2012, en los invernaderos del CIEF. Emili Laguna revisa una floración de otoñal inhabitual de una de las especies que le han sido dedicadas, Cheirolophus lagunae (= C. intybaceus subsplagunae). / Dolores Ferrer Castán.

 

Recientemente, has participado en la 2nd Mediterranean Plant Conservation Week, celebrada en Malta. ¿Qué papel tienen redes de colaboración como Genmeda o Care-Mediflora?

Fundamental, a pesar de que todavía estamos a comienzos del rodaje. Genmeda es la red de centros de rescate genético vegetal del Mediterráneo, que  salió a raíz de dos proyectos dirigidos desde el CIEF por mi compañero –y ahora director general de Medio natural y de Evaluación Ambiental– Antoni Marzo, y con el tiempo la red de centros asociados ha crecido notablemente. Hoy por hoy, tengo la suerte de ser temporalmente el representante del CIEF en Genmeda, y creo que su futuro está asegurado, no solo porque el Mediterráneo es uno de los grandes centros de biodiversidad vegetal del planeta –pues no se acabaría nunca el trabajo de conservación, con una lista tan enorme de endemismos y de plantas amenazadas– sino por ser una entidad donde confluyen todas las riberas del Mare Nostrum, prestando especial atención al norte de África y Oriente Medio.

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Emili Laguna impartiendo una de las conferencias plenarias sobre los modelos de protección de pequeños espacios para la flora durante la 2ª edición de la Mediterranean Plant Conservation Week, celebrada en noviembre de 2018 en La Valletta, Malta. Dedicada al comunicador botánico Hugh Synge, quién falleció en verano del mismo año. / Pilar Valbuena – MPCW.

 

¿Qué relación tienes con el Jardí Botànic UV?

La relación ha sido grande y satisfactoria. Estudiando la carrera de Biología venia a menudo al Botánico, era el mejor lugar para conocer plantas, pero también para pasear, pensar, reflexionar... Mis primeros años en la Generalitat fueron prácticamente en paralelo al proceso de rehabilitación del Jardín bajo la dirección del profesor Manuel Costa, con quién tuve a la vez mucha relación por los convenios de investigación botánica con nuestra Conselleria, de los que yo era director facultativo. He tenido buena relación de colaboración y de amistad con todos los directores del jardín –Manuel Costa, Antoni Aguilella, Isabel Mateu y Jaime Güemes–, y también con mucha de la gente que trabaja o ha trabajado. La lista de buenos amigos sería demasiado larga, como también la de buenos momentos vividos juntos, sobre todo los grandes encuentros de botánicos españoles y europeos que he organizado o coorganizado: la primera edición del Congreso Español de Biología de la Conservación de Plantas –de donde salió el compromiso de crear la SEBiCoP- y la IV Conferencia Europea ‘Planta Europa’ de Conservación de Plantas. 

 

Seguro que has conocido personas interesantes gracias a tu trabajo...

Muchas, por no decir muchísimas. Sin duda, hay que rendir homenaje a los buenos amigos conservacionistas que nos han dejado. Hace pocos meses falleció Hugh Synge, autor del primer libro rojo mundial de la flora de la UICN y editor de la revista Plant Talk, el único magazine mundial sobre la conservación de plantas y hongos. Hugh se interesó especialmente por las microrreservas y por las iniciativas que desarrollamos desde la Generalitat. Coincidí con él muchos años en el comité directivo de Planta Europa, y aprendí mucho de su humanidad y de su buen quehacer en la tarea de difusión ambiental sobre el rescate de las plantas amenazadas.

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Septiembre de 2004, durante la celebración de la IV Conferencia Europea de Conservación de Flora Planta Europa. Emili Laguna con Dra. Jane Smart, secretaria ejecutiva de Planta Europa, y actualmente directora de programa mundial de conservación de especies de la UICN; Dr. David Bellamy, comunicador botánico, fundador de Plantlife y director de la Conservation Foundation, y el Dr. Antoni Aguilella, director del JBUV en ese momento. / Sergi Pitarch – Planta Europa / Generalitat Valenciana.

 

¿Alguna anécdota divertida que puedas compartir?

Me viene a la cabeza una situación muy divertida, preparándome para impartir una charla a la cual estaba invitado en el VII simposio de la AIMJB(Asociación Ibero-Macaronèsica de Jardines Botánicos). Estaba en el aseo intentando hacerme, sin demasiado éxito, el nudo de la corbata; falta de práctica, ¡soy poco amigo de las corbatas! Viendo mi dificultad, se acercaron los tres que en aquel momento coincidían en el aseo: José Antonio del Cañizo (en aquel momento director del Jardín Botánico Concepción, de Málaga), Josep Lluis Gradaille (director del Jardín Botánico de Sóller, en Mallorca) y el profesor Vernon Heywood. Cada cual se encargó de uno de los pasos para hacer el nudo, al tiempo que me daban una excelente conferencia práctica sobre el arte de las corbatas, tipos de nudos, etc. Todos quienes entraban casi huían ante la rareza de aquella situación. Todo sea dicho, fue, sin duda, el mejor nudo de corbata que nunca he llevado, ¡ni siquiera en mi boda lo tuve mejor hecho!

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A la izquierda, con nieve en el Collado del Buey, a 6 ‘tiros de piedra’ de la Fuente del Pozo, cerca del Pico de las Barracas o Cerro Calderón, cumbre más elevada de las montañas valencianas, en el Rincón de Ademuz. Foto realizada por Hugh Synge, editor de Plant Talk, durante la visita que hizo con el botánico y escritor John Akeroyd para preparar un reportaje sobre las microrreservas de flora. A la derecha, Emili Laguna con un sucedáneo de gorro para protegerse del sol. La fotografía estuvo hecha por la Dra. Ana Ibars en julio de 1996, en un receso de los trabajos que el equipo de Pteridologia del Jardí Botànic UV y el del Centro de Conservación de Especies de Agua Dulce de la Generalitat Valenciana hacían para cultivar las especies valencianas del género Marsilea en El Palmar.

 

¿Te consideras discípulo de algún botánico o botánica en especial?

Pienso que he tenido muchos maestros. Por supuesto, mis directores de tesina (mi primer trabajo de investigación): los profesores José Mansanet y Rafael Currás –que también me dirigió más adelante la tesis doctoral. Por el conocimiento florístico, sin duda de quien más he aprendido y continúo aprendiendo es de Gonzalo Mateo. Por mi especialidad, debo mucho a César Gómez-Campo, el introductor y pionero de la conservación de la flora en España; sus consejos guiaron el inicio de mis trabajos. También he aprendido mucho con el profesor Vernon Heywood, una fuente de sabiduría para todo aquel que quiera tener conocimientos sobre la conservación de la flora.

  

¿Qué época de la Botánica te hubiera gustado vivir?

La actual, sin duda. Es un momento muy importante. Probablemente formo parte de la última generación que ha recibido una formación botánica suficientemente completa, mucho mejor que la de las anteriores –por el avance de los conocimientos– y, sin duda, mejor que las futuras –porque la ciencia botánica ha casi desaparecido de los programas formativos universitarios.

 

¿Cómo animarías a los actuales estudiantes de biología para que se dedicaran a lo mismo que tú y qué tienen que tener en cuenta?

Los biólogos no reciben casi formación en derecho ambiental ni en temas sociológicos o de educación ambiental, que son fundamentales para la conservación. A banda, tendrían que tener una formación muy ancha de florística y de identificación fina de las especies biológicas en general –¡ahora les da igual hablar de plantas vasculares que de gusanos de tierra!–. El actual programa formativo no les da ninguno de esas herramientas de conocimiento.

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A la izquierda, fotografía con un ejemplar pequeño de tramussera valenciana (Lupinus mariae-josephae) en junio de 2006, poco después de que el botánico del CIEF Albert Navarro la relocalizara en la Lloma del Tramussar de Llombai, cuando la planta se consideraba presumiblemente extinta. / Inmaculada Ferrando. A la derecha, con una carrasca en Belalcázar. En casa de Laguna lo han bautizado como “encina del cromosoma X” por su aspecto. Después de tantos siglos de poda con hacha, muchos ejemplares de carrasca de la zona tenían heridas que acabaron deshaciendo parte de los troncos. / Pau Laguna.

 

¿Cómo imaginas los futuros botánicos y botánicas?

Como son ahora más allá de los Pirineos: buenos floristas desde las ONG de conservación. Hoy por hoy, es muy difícil que alguien en la inmensa mayoría de las universidades europeas pueda identificarte una planta que quieras conocer. En los centros de investigación tendremos expertos en la bioquímica y la genética de las plantas, pero sin el espíritu de querer conocer el máximo posible de la diversidad vegetal. Es decir, serán excelentes bioquímicos o genetistas pero no botánicos. Los botánicos, tal y como los conocemos, estarán en los grupos conservacionistas o en las asociaciones pero no en los centros de investigación. ¡Ojalá que al menos en el Jardí Botànic sí que haya botánicos de aquí 20 o 30 años!

 

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Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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