Vida después del fuego

Los incendios siempre han sido grandes enemigos del hombre, de sus cosechas y de sus posesiones. Pero hay una disciplina, la ecología del fuego, que los estudia y nos explica cómo las llamas gestionan el territorio, las especies, las enfermedades y los nutrientes.

Pasado un verano sospechosamente devastador, tal vez, ha llegado el momento de pensar de nuevo en los incendios. La zona mediterránea ofrece a las llamas lo que los bomberos denominan triángulo de fuego, oxígeno, combustible e ignición. Cuando se combate un incendio se lucha en contra de uno de estos elementos. El oxígeno está presente en el aire que respiramos, el combustible son las víctimas forestales y la ignición es el desencadenante, el cual puede tener origen humano o natural.

 

INCENDIOS7

 

El abandono sucesivo de las áreas rurales ha reducido notablemente los mecanismos de prevención de incendios. Un campo explotado puede actuar como cortafuegos durante un incendio, pero un campo abandonado donde las hierbas crecen libremente funciona exactamente a la inversa. Por esta y otras muchas razones parecidas es importante la gestión correcta del territorio. Las necesidades socioeconómicas nos han llevado a ignorar algunos factores como el fuego, pero su ecología nos permite conocer su comportamiento y nos explica que los incendios per se no son peligrosos para la biodiversidad, no obstante, sí lo son algunos regímenes de incendios.

 

Estrategias evolutivas

Si visitamos una zona quemada pasados unos pocos meses podremos ver reverdecer el terreno con nuevas generaciones de plantas. Ese es el caso de las plantas llamadas rebrotadoras, las cuales, después de sufrir las inclemencias de las llamas, vuelven a generar tallos a partir de yemas localizadas en las raíces u ocultas bajo una corteza gruesa. Los ejemplos por excelencia del paisaje mediterráneo son el madroño (Arbutus unedo) y la encina (Quercus ilex).

 

VIDAFOC2

Encina y coscoja (Quercus spp.) rebrotando bajo pinos quemados. Un año después del incendio

VIDAFOC1

Quercus ilex, encina

 

Otro mecanismo natural por el cual los bosques se regeneran es la germinación de semillas gracias a estímulos derivados del fuego, como por ejemplo, el aumento de la temperatura y, más raramente, de algunos componentes del humo. Así, es fácil encontrar en los espacios recientemente quemados, por ejemplo, ejemplares jóvenes de aliaga (Ulex parviflorus) que la ecología del fuego incluye en la clasificación de las reclutadoras.

 

incendios14

Ulex parviflorus, aliaga

 

La estrategia oportunista también se hace de notar en los bosques calcinados. Se sirven de ella algunas especies que mueren con las llamas pero su dispersión es tan eficaz que aparecen a la vez que las rebrotadoras y resulta difícil distinguirlas.

 

El mundo de los pinos

La mayor parte de los pinos que viven en ecosistemas con incendios frecuentes son conocidos con el nombre de pinos pirófitos. Estos pinos sufren incendios de copa que son los más feroces y afectan a la totalidad de la parte aérea de la planta. Pertenecen al subgénero Pinus, tienen cortezas finas, mantienen las ramas inferiores y presentan piñas que sólo se abren gracias al fuego o a ponientes persistentes, las llamadas piñas serótinas. Sólo algunas especies, como el pino canario (Pinus canariensis) son rebrotadoras.

 

INCENDIOS9

Piña serótina de Pinus halepensis

 

La historia del fuego

De los tres elementos del triángulo de fuego sólo uno ha existido siempre en nuestro planeta, la ignición. Los rayos y volcanes han estado siempre presentes pero no han tenido qué quemar hasta que hace 450 millones de años, durante el Silúrico, las plantas colonizaron el medio terrestre para convertirse en leña. A su vez, estas plantas proporcionaron a La Tierra el elemento restante del triángulo, el oxígeno.

 

VIDAFOC3

 

El Carbonífero es el periodo en el cual el registro geológico encuentra la mayor parte de los depósitos de carbón. Ya habían pasado unos 100 millones de años desde el Silúrico y el oxígeno había logrado valores más altos que los actuales. Esto explica que, a pesar de la elevada humedad, los bosques prendieran con mucha facilidad.

 

A fuego lento

Aunque el fuego nunca ha sido considerado como factor de evolución, hoy en día, está ampliamente aceptado que la presión de selección que impone el fuego a los ecosistemas es una realidad. Darwin no lo contempló a sus escritos pero la ecología del fuego ha trabajado para conocer qué implicaciones tienen las llamas sobre la composición de las comunidades vegetales. En los carrascales, casi el 75% de las especies vegetales son rebrotadoras mientras que en los matorrales este porcentaje lo protagonizan las plantas germinadoras.

 

VIDAFOC4

 

Durante la historia geológica de La Tierra los diferentes tipos de incendios, su intensidad y su frecuencia, lo que hemos denominado régimen de incendios, han ido cambiando y han seleccionado la vegetación y sus estrategias de defensa hacia al fuego. Hoy en día, esta selección continúa actuando sobre las comunidades vegetales.

 

La doble vertiente de los incendios es la semilla de un debate difícil. Por un lado, después de un incendio no queda únicamente muerte sino que se abre todo un abanico de posibilidades y de estrategias para los vegetales que no serían posibles de ninguna otra forma. Por el otro, la modificación del régimen de incendios es un peligro para la biodiversidad y para las actividades humanas y es por eso, que compatibilizar los dos puntos de vista es el verdadero problema. El trabajo conjunto de la ecología y la planificación urbanística parece ser la única vía de gestión adecuada de un mundo inflamable.

 

Ver también artículo relacionado:
Inés Perales

Colaboradora del Departamento de Cultura y Comunicación del Jardí Botànic

Exagero siempre que puedo y me gusta atiborrar a mis amigos y familia. Me maravillan las cosas o animales que vuelan excepto E.T, que me da miedo.

 

Medios