Micorreservas de flora: una figura de protección que cumple 25 años

Micorreservas de flora: una figura de protección que cumple 25 años Font del Molí Mató (Agres), declarada como MRF. Las comunidades de briófitos y helechos de las fuentes con precipitación de carbonato cálcico son hábitats prioritarios de la Directiva 92/43/CEE y normalmente aparecen en forma de enclaves de pocos metros cuadrados.

Este 2019 se cumplen 25 años del Decreto 218/1994, de 18 de octubre, del Consell de la Generalitat, que posibilitó la creación efectiva de las microrreservas de flora. Pero ¿cómo nació la idea de hacer microrreservas? ¿Fue una casualidad o fruto de la lógica? Nos lo explica el autor de la idea.

La primera idea

La microrreserva de flora (MRF) es una figura jurídica de protección del terreno para conservación de plantas y hongos, que se propuso por primera vez en el territorio valenciano, siendo exportada a otras comunidades autónomas y países, fundamentalmente de Europa y en torno al Mediterráneo. Como veremos a continuación, su formulación no fue ninguna casualidad, ni el resultado de que se encendiera una bombilla.

 

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Imagen de gran parte de la superficie de la MRF Les Rotes-A, en Dènia, ejemplo de microhábitat litoral fuertemente afectado por la erosión marina, donde la comunidad vegetal está presidida por el endemismo diánico Limonium rigualii.

 

A lo largo de los años 70 y 80 del pasado siglo, se hicieron en todo el mundo numerosos trabajos donde se ponía de manifiesto que las redes de conservación de fauna, flora y hábitats naturales, a menudo dejaban sin protección muchas especies que vivían en lugares pequeños. De hecho, se planteó una polémica científica y técnica, denominada ‘SLOSS’ –iniciales en inglés de single large or several small– donde se contraponían los beneficios y defectos del modelo tradicional de grandes espacios protegidos, a menudo –pero no siempre!– representado por los parques nacionales y naturales, frente al de numerosos espacios más pequeños, que mayoritariamente correspondían a reservas y monumentos naturales.

La realidad era que, salvo algunos casos donde se combinaban unos pocos espacios grandes y abundantes con otros pequeños, como por ejemplo en las repúblicas de Chequia y Eslovaquia, o en Gran Bretaña, la mayoría de países del planeta solo poseían redes de grandes terrenos protegidos, adecuados para especies que necesitan una gran extensión de hábitat como superficie vital mínima; es el caso de la mayoría de grandes mamíferos y aves, los grupos biológicos que motivaron la creación de la mayoría de esos espacios protegidos. Pero en el caso de la flora silvestre, la distribución de las especies más singulares –las que consideramos raras, endémicas o amenazadas– apuntaba justo en sentido inverso. Como se demostró mediante los primeros estudios sobre la flora singular valenciana, desarrollados por equipos de investigadores de la Universitat de València –Doctores Manuel Costa, Ramón Figuerola, Gonzalo Mateo y Antoni Aguilella– y de la Universitat Politècnica de València –Dr. José Luis Carretero– entre 1987 y 1989, la mayoría de esas especies de interés para la conservación mostraban una clara tendencia a vivir en espacios pequeños, con características ambientales diferenciadas de las dominantes del entorno.

 

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Los grandes acantilados del Norte de Alicante se encuentran entre los lugares con mayor concentración de plantas endémicas y amenazadas valencianas. En la imagen, parte de la actual MRF Cala de Oro, en el cabo de Moraira (Teulada), donde se mantienen los único núcleos nativos suficientemente viables de la especie catalogada En Peligro de Extinción Silene hifacensis en el territorio peninsular ibérico.

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Los islotes son también buenos ejemplos de lugares que por su medida y presencia de especies vegetales elevantes son candidatas a ser elegidas como microrreservas. En la imagen, en el extremo oriental de Tabarca, se sitúan sucesivamente los islotes de La Naueta y La Nau. Esta última, más al fondo, se declaró MRF para la conservación de la especie Lavatera mauritanica.

 

Estos lugares son los llamados microhábitats, enclaves pequeños con tipos de suelos o sustratos difícilmente colonizables por la mayoría de especies dominantes en nuestros paisajes, donde las características químicas o físicas – como salinidad, movilidad del suelo, verticalidad, inundación prolongada, etc. – solo permiten que unas pocas plantas puedan crecer. Esta característica afecta muy especialmente a los endemismos, las especies de distribución más restringida, que de hecho en nuestra área huyen habitualmente de los hábitats considerados más evolucionados o próximos a la clímax climática, como por ejemplo las maquias o los bosques.

Unos primeros cálculos, hechos a raíz de esos estudios, indicaban que cerca del 97% de la flora endémica valenciana se distribuía en terrenos abiertos, justo lo contrario de los tipos de hábitats que a menudo justificaban la declaración de grandes espacios protegidos, usualmente dedicados a la protección de los bosques y de las grandes especies de aves y mamíferos que vivían. La razón era bien sencilla: esos lugares hacían de filtros evolutivos, seleccionando favorablemente las especies progresivamente adaptadas a esas condiciones aparentemente inhóspitas. Para cualquier buen observador de la naturaleza, parece evidente que las especies raras a menudo viven en lugares raros, un hecho muy patente en el caso de los endemismos; pero, incluso se da la situación que esos microhábitats singulares pueden estar dominados por especies endémicas, como ocurre a menudo en el caso de la vegetación de las rocallas o en la de los yesares.


Consultando a los sabios

Volviendo al trabajo de gabinete, hay que recordar que la comunicación en aquel tiempo, finales de los años 80 y comienzo de los 90, no tenía demasiado que ver con la actual; internet era todavía casi un sueño, y el contacto con expertos de otras regiones y países se hacía por correo postal. A menudo las cartas se perdían, o las contestaciones tardaban meses en ser recibidas, y las separatas de los trabajos científicos eran por supuesto en papel, ¡todavía no existía el formato PDF! En España solo había un experto destacado, quien había trabajado en temas de conservación de flora y había conseguido suficiente renombre internacional. Se trataba del profesor César Gómez Campo (1933-2009), catedrático de Botánica en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), y reconocido como principal promotor mundial de la conservación ex situ de plantas amenazadas mediante los bancos de semillas.

 

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César Gómez Campo (Torrelavega 1933–Madrid 2009) / link.springer.com

 

César fue, sin lugar a dudas, el gran pionero de la conservación de la flora española, y a diferencia de la mayoría de grandes ‘popes’ de la ciencia, era una persona sencilla y humilde, que contestaba con rapidez cualquier consulta y no escatimaba al transmitir su conocimiento, adobado con consejos derivados de su experiencia. En cuanto recibió la consulta sobre la posibilidad de proteger las plantas mediante microrreservas, expresó su ilusión con la idea, que de hecho materializaba otra que él mismo había propuesto años atrás, hacia 1981, en el apartado sobre conservación de recursos genéticos de la obra Tratado del Medio Natural, editada por la UPM. Allí recomendaba la creación de algún tipo de ‘minireserva’ para la protección del lugar denominado La Encantada –en Villarrobledo, Albacete– para garantizar la alta concentración de plantas endémicas y amenazadas que se mantenían en menos de una hectárea de terreno. Lo que ahora se proponía desde Valencia era similar, pero mucho más ambicioso, estableciendo toda una red representativa de la flora endémica, rara y amenazada, que podía afectar a centenares de pequeños lugares protegidos.

Más adelante, en 2002, el profesor Eduard O. Wilson, creador de la palabra ‘Biodiversidad’, y uno de los grandes expertos mundiales en Ecología, planteó en su libro The future of Life la posibilidad de proteger lugares aún mucho más pequeños para asegurar la conservación de la microfauna, microflora y microorganismos. No es tampoco una casualidad, dado que Wilson es entomólogo, experto en mirmecología –rama de la entomología que estudia las hormigas–, y entonces, como la mayoría de los botánicos, acostumbra a ver el mundo a pequeña escala, adecuado para las necesidades vitales de los organismos estudiados.

 

Los primeros pasos

Tener una idea es probablemente lo más sencillo, pero llevarla adelante a menudo cuesta bastante, especialmente si hay que moverse dentro del estático mundo de la administración pública y la burocracia. Quien os escribe estas líneas, biólogo del Servicio de Vida Silvestre de la Generalitat Valenciana –en aquel tiempo llamado Servicio de Protección de los Recursos Naturales–, con el apoyo de quien entonces era el jefe del servicio, Santiago Reyna Doménech, propuso a los mismos equipos de investigación de la UV y la UPV que habían estudiado nuestra flora singular, hacer ahora sendos trabajos en las 3 provincias valencianas para seleccionar hasta 150 lugares destacables por su contenido botánico, susceptibles de poder denominarse ‘refugios genéticos de flora silvestre’.

 

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Uno de los lugares más tradicionales de estudio de la flora amenazada valenciana es sin duda el actual MRF Cabo de Cullera. Sus acantilados, de altura y extensión pequeñas, contienen la única población mundial del endemismo valenciano Limonium dufourii sobre roquedos litorales; entonces, también es el único lugar donde sobrevive la comunidad vegetal Crithmo-Limonietum dufourii.

 

El caso de la Universitat de València, el equipo se enriqueció con los profesores Juan Bautista Peris y Gerardo Stübing, discípulos del Dr. Manuel Costa. Los trabajos se propusieron en 1990, denominando a los posibles lugares ‘refugios genéticos de flora silvestre’; los convenios de investigación entre la Generalitat y las dos universidades duraron dos años, 1991 y 1992, tiempo suficiente para que aquella primera denominación potencial de los lugares a proteger se abandonara, en favor del nombre actual, ‘microrreserva de flora’.

Pero avanzar en una idea en la administración pública es difícil, y la posibilidad de vencer el inmovilismo en los temas de conservación de la naturaleza, todavía centrados solo en los grandes espacios para las especies de gran medida, solo era posible dando un gran paso adelante. La posibilidad había salido en 1990, al pedirse desde la Presidencia de la Generalitat la colaboración técnica de expertos que pudieran ayudar a planificar a medio y largo plazo la evolución futura de la economía valenciana. Bajo la dirección del profesor José Honrubia López, fundador del Departamento de Estructura Económica de la Facultad de Economía en la Universitat de València, se participó en la redacción de los documentos del “Proyecto 93: La Comunidad Valenciana en la Europa Unida”, donde se analizaban todos los campos del conocimiento y actividad de las administraciones y empresas, para preparar a las tres provincias valencianas, de cara a la creación del Mercado Único Europeo. En ese documento, dentro del apartado sobre medio natural, se propuso la creación de la red de MRF, como elemento complementario de la de Espacios Naturales Protegidos (ENP), para garantizar la conservación de las especies más relevantes del territorio valenciano. Este proyecto se editó en 1991 por el departamento de Presidencia de la Generalitat, tratándose entonces de la primera vez que aparecía publicada la palabra ‘microrreserva’.

 

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Entre los ecosistemas a menudo puestos como ejemplo de perfectas microrreservas destacan las balsas temporales mediterráneas. En la foto, zona central de la MRF Lavajo del Tío Bernardo, que junto a la MRF Lavajo del Jaral, ambas en Sinarcas, contienen las únicas poblaciones valencianas de numerosas especies amenazadas como por ejemplo Marsilea strigosa, Isoetes velata, Littorella uniflora, etc.

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Uno de los microhábitats más amenazados del territorio valenciano son los acantilados de baja altura, a menudo buscados por urbanizaciones o apartamentos turísticos y carreteras. En el centro de la imagen poden apreciarse los acantilados del Portet de Moraira (Teulada), que en su extremo meridional contienen una de las MRF más pequeñas, con solo 0,4 ha.

El camino que comenzamos en aquel momento era solo un primer paso, pero uno de grande, y supuso mucho trabajo posterior, entre otras cosas para diseñar la figura jurídica. De esto y del papel del programa Life en la comisión europea os hablaré en la segunda parte de este artículo que trata de mostrar, de una forma muy resumida, cómo hemos llegado a tener especies importantísimas de flora protegidas bajo la figura de la microrreserva, siendo además inspiradores de esa figura de protección en otras provincias y países, y habiendo conseguido exportar la idea de que en cuestión de conservación de plantas lo pequeño también tiene mucha importancia.

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Logotipo conmemorativo del 25 aniversario de la creación de las Microrreservas de Flora. / Servei de Vida Silvestre de la Generalitat Valenciana. 

 

PARA AMPLIAR INFORMACIÓN:

LAGUNA, E., C. THANOS, C. FOURNARAKI, C. KADIS & M. BOU DAGHER KHARRAT. 2018. Plant micro-reserves in the Mediterranean area. VALDERRABANO, M., T. GIL, V. HEYWOOD & B. DE MONTMOLLIN (eds.): Conserving wild plants in the south and east Mediterranean region: 106-107. IUCN. Gland y Málaga. 

KADIS, C., C. THANOS & E. LAGUNA (eds.). 2013. Plant micro-reserves: From theory to practice. Experiences gained from EU LIFE and other related projects. 194 pp. PlantNet CY Project Beneficiaries. Utopia Publishing. Atenes. 

LAGUNA, E. 2011. “Les microreserves valencianes de flora silvestre”. In GIRALT, J. (dir. ed.): Història Natural dels Països Catalans, Suplement Flora i Fauna: 156-157. Fundació Enciclopèdia Catalana. Barcelona.

LAGUNA, E., G. BALLESTER, V.I. DELTORO, C. FABREGAT, S. FOS, A. OLIVARES, J.E. OLTRA, J. PÉREZ-BOTELLA, P. PÉREZ-ROVIRA & L. SERRA. 2010. “La red valenciana de microrreservas de flora: Síntesis de 20 años de experiencia”. In GIMÉNEZ, P., J.A. MARCO, E. MATARREDONA, A. PADILLA & A. SÁNCHEZ (eds.): Biogeografía. Una ciencia para la conservación del medio: 265-272. Universitat d’Alacant. Alacant.

LAGUNA, E. 2008. ”La conservación de la Biodiversidad aplicada a pequeña escala: La red valenciana de microrreservas de flora”. In GRISOLÍA, S. (coord.): “Biodiversidad”: 249-263. Presidència de la Generalitat Valenciana – Fundació Premis Jaime I. València.

LAGUNA, E. 2007. The network of plant microreseves, consolidated experience from the Valencian Community (Spain).Ensconews 2: 12-13.

LAGUNA, E. 2005. Microrreservas, conservación ‘in situ’ y planes de recuperación de flora amenazadaRecursos Rurais, 2: 81-90.

LAGUNA, E. 2004. The plant micro-reserve initiative in the Valencian Community (Spain) and its use to conserve populations of crop wild relatives. Crop Wild Relative, 2: 10-13.

LAGUNA, E. 2002. La red valenciana de microrreservas vegetales. Boletín de la Sección del Estado Español de Europarc, 13: 24-28.

LAGUNA, E., G. BALLESTER, C. FABREGAT, A. OLIVARES, L. SERRA, V. DELTORO, J.PÉREZ-BOTELLA, P. PÉREZ-ROVIRA & J. RANZ. 2001. Plant micro-reserves: a new model of micro protected areas, SpainRe-Introduction News 20: 19-21.

LAGUNA, E. 2001.The micro-reserves as a tool for conservation of threatened plants in Europe. 119 pp. Nature & Environment series nº 121. Council of Europe. Estrasburg.

LAGUNA, E. 1995. Microrreservas de flora: un nuevo modelo de conservación en la Comunidad Valenciana. Quercus 118: 22-26

Emili Laguna

Jefe de Protección de Recursos Naturales. CIEF-Servei de Vida Silvestre (Generalitat Valenciana)

Botánico las 24 horas del día, trabaja intensamente en el campo de la conservación en diferentes iniciativas. Experto en flora silvestre rara, endémica y amenazada, y promotor de las microreservas de flora.