VER EL BOTÁNICO CON LOS OJOS CERRADOS

El pasado mes de abril el Jardín Botánico recibió una propuesta muy especial, organizar una visita con invidentes y realizar con ellos un taller de cianotipia, la antigua técnica fotográfica. Hablamos con Marcos Pastor, el responsable del taller, sobre la experiencia y sobre qué puede aportar a un invidente una visita al Botánico.

Cuando se plantea la visita de un invidente a un museo, en este caso un museo vivo como el Botánico, surgen muchas dudas. ¿Estará el Jardín adaptado a sus necesidades? ¿Cómo se va a desenvolver? ¿Cuáles son las sensaciones que va a captar? ¿Con qué impresión saldrá? Y es que los problemas principales a los que se enfrentan los invidentes en los museos es que no hay actividades adaptadas a ellos, ni guías especializados, textos en braille, ni tampoco los accesos son siempre los adecuados, ni hay rutas marcadas o dirigidas. Pueden ser muchos los obstáculos a salvar cuando se plantean esa opción en su agenda de ocio.

 

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En este sentido el Botánico no es una excepción, pues excepto el servicio de audioguía que estuvo activo durante unos años, no cuenta con adaptaciones para invidentes. Por desgracia parece que es bastante común, ya que aunque Marcos Pastor, el responsable de la propuesta del taller, nos cuenta que en el Museo Reina Sofía de Madrid, el Prado o el Thyssen Bornemisza tienen programas culturales y talleres didácticos específicamente diseñados para personas con diferentes tipos de discapacidad, en el resto de España casi no se dan casos. Por eso al Botánico le pareció tan buena idea acoger el taller, por toda la información que se podía obtener en este aspecto.

 

La idea del taller surgió mientras Marcos realizaba sus prácticas en el máster de Arteterapia y Educación para la Inclusión social en la fundación ONCE de Valencia, pensando en cómo acercar a los invidentes a instituciones y museos de la ciudad. Conocía el Jardín Botánico y que realizaba actividades, pero sabía también que éstas no estaban adaptadas al colectivo con el que estaba trabajando. Así pues, la propuesta nació por un lado para estrechar lazos en entre el Botánico y la Fundación ONCE, y por otro, para explotar al Jardín como espacio en el que desarrollar una visita-taller donde la vista sea el sentido que menos importe.

 

Por esto la actividad se planteó como un viaje por el tacto, el olfato y el oído sumergidos en el Jardín, para así conocerlo, percibirlo e interpretarlo. Entre otras cosas, los participantes (un total de quince) conocieron la historia del Jardín y las colecciones que alberga. Mientras tanto, recogieron flores, hojas y otros elementos que les llamaron la atención. El objetivo era que construyeran una imagen a partir de la experiencia, y que después la plasmaran a través de la fotografía, tanto digital como analógica (en este segundo caso, usando la técnica de la cianotipia).

 

revelado

cianotipia

 

Tras la experiencia, Marcos explica que el Jardín Botánico presenta algunas ventajas como espacio museístico para un invidente, por un lado es un espacio tranquilo donde relajarse y alejarse del bullicio de la ciudad, y este ambiente ayuda mucho a disfrutar de la visita. Además, la ruta marcada también contribuye a la sensación de seguridad tan necesaria en estos casos. Por otro, el Botánico aporta conocimientos sobre la historia y cultura de la propia ciudad, así como de toda la riqueza botánica que alberga. Finalmente, uno de los puntos fuertes del Jardín para la visita con invidentes son los aromas, que enriquecen la experiencia y le aportan mucho valor a través del olfato.

 

Aun así, y como pasa en otros espacio que hemos comentado, el Botánico tiene que avanzar en materia de adaptabilidad. La falta de actividades específicas, guías especializados, rutas marcadas, y el acceso a las instalaciones (además de diferentes obstáculos que pueden aparecer en el camino como desniveles) son los puntos negativos sobre los que hay que trabajar.

 

Sobre la visita, Marcos destacaría algunas de las experiencias que más gustaron a los alumnos del taller, como por ejemplo en los invernaderos poder oler de cerca las plantas, y tocar diferentes tipos, tamaños y texturas de hojas. También les pareció interesante la escultura que hay integrada en un árbol o el sabal, un ejemplar arbóreo que suena como un tambor cuando golpeas su tronco.

 

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En el caso de los invidentes, es muy importante la motivación con elementos de este tipo, que hacen que participen activamente, así como la propuesta de actividades complementarias, a la hora de planear un recorrido por un museo. Para ellos puede resultar monótono basar solamente la experiencia en escuchar las explicaciones de un guía, pues es lo más habitual. En este caso, la visita-taller les pareció novedosa y dio al Jardín algunas ideas para futuras propuestas.

 

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Como conclusión de la colaboración, de la cual esperamos que surjan muchas más oportunidades de desarrollar talleres como este, el Jardín se apunta un listado de mejoras si quiere adaptarse a un colectivo específico pero que puede ser público potencial, como son los invidentes. Estaríamos hablando no solo de la adaptabilidad, sino también de ser conscientes de los puntos fuertes que ofrecen las plantas (sus aromas, formas y texturas) y el ambiente del Jardín (en cuanto a ser un entorno muy relajante que propicia una visita segura si está bien dirigida). Todo para hacer que el Botánico sea también un espacio en la guía de ocio de quienes aprecian las plantas sin necesidad de verlas.

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia