UN BOTÀNIC AL MES: JAIME GÜEMES

Jaime Güemes. Conservador del Jardí Botànic de la Universitat de València Jaime Güemes. Conservador del Jardí Botànic de la Universitat de València

La sección 'Un botánico al mes' ¡ya está de vuelta! Este mes de junio entrevistamos a Jaime Güemes, conservador del Jardín y un testimonio como pocos de su historia en las últimas décadas. Dedicado a aumentar la riqueza botánica de nuestro Jardín y conservar las valiosas colecciones de plantas, Jaime ha sacado tiempo para contarnos unas pocas curiosidades sobre su trabajo.

1. ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en el Botánico?

Empecé a colaborar con el Jardín Botánico en 1981 y he mantenido la vinculación con él desde entonces. Fue poco después de comenzar el segundo curso de Biológicas, me lo propuso Antoni Aguilella. Me gustaban las plantas, tenía ya clara mi vocación botánica y vivía cerca del Botánico. Al principio venía algunas tardes. Me encargaba del intercambio de semillas con otros jardines botánicos. Después participé en la recuperación del herbario, perdido hacía años durante la riada de 1957. Poco a poco aumenté mi dedicación al Jardín, que compatibilizaba con la carrera y el inicio de la colaboración con el Departamento de Botánica de la Facultad de Ciencias Biológicas, en el laboratorio de Isabel Mateu.

 

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Jaime Güemes aprendiendo fotografía en el Jardí Botànic de la Universitat de València

 

Poco después de licenciarme llegó Manuel Costa al Jardín y me invitó a participar en la restauración que dirigió, no lo dudé, su energía era contagiosa y el proyecto era muy estimulante: recuperar un jardín botánico decadente y ponerlo en la línea de los mejores jardines del mundo. Estuve becado desde 1987 hasta 1991, para dedicarme casi en exclusiva a la restauración del Jardín, aunque sacaba tiempo de donde podía para trabajar al mismo tiempo en el doctorado. Coordinaé y supervisé que la selección de especies y la plantación estuvieran de acuerdo con el proyecto elaborado. Fueron muchas, muchas horas y días pensando en el Jardín y conociéndolo a fondo. La restauración concluyó en junio de 1991, poco después leí mi tesis doctoral, y en 1992 accedí a la plaza de conservador del Jardín Botánico, que aún ocupo.

 

Todos sabíamos que la restauración del Jardín no estaría terminada sin la construcción del nuevo edificio de investigación. Lo inauguraremos el 2000 y allí trasladamos la sede de toda la actividad docente, científica y divulgativa del Jardín. Fue un cambio muy notable que cerró el ciclo de recuperación del Botánico y nos situó en un lugar destacado, comprometidos con la conservación de la biodiversidad, la nueva faceta que adquirieron los jardines botánicos desde 1992. En estos años el Jardín Botánico ha cambiado muchísimo y ha sido un placer haber podido vivir en primera persona, junto a tantas personas que lo han hecho posible.

 

2. ¿por qué te dedicaste a la botánica?

Puede que por comodidad. Desde pequeño me gustaba la naturaleza. Seguía con pasión la publicación por fascículos de "Fauna ibérica" ​​y los programa de televisión "El hombre y la tierra", que nos acercaron a tantas personas al conocimiento y divulgación del medio natural. Yo también quería ser como Félix Rodríguez de la Fuente o, al menos, como alguno de sus colaboradores. Salí bastante al campo en mi infancia y adolescencia porque estaba en un agrupamiento scout. Intenté observar aves y mamíferos (muchas veces acompañando a Patricio García-Fayos), pero verlos era bastante difícil. Muchos días volvía sin haber visto otra cosa que algún animal de lejos, pero contento de haber disfrutado del paisaje y de las plantas.

 

También muy pronto me di cuenta de que era mucho más fácil fotografiar plantas que animales. Me acomodé a observar la parte más "fija" de la naturaleza y poco a poco me cautivó. Después descubrí que eran la base de la vida terrestre. A los dieciocho años ya quería ser botánico y nunca me he arrepentido. Las plantas me han permitido un desarrollo personal y profesional muy satisfactorio. He tenido la suerte de trabajar en el Botánico y también de viajar para conocer y estudiar las plantas en su medio natural.

 

Pero si las plantas han sido importantes en esta vocación, igualmente importantes han sido las personas que me he encontrado por el camino y que siempre me han apoyado. Maestros, directores y compañeros. Podría hacer referencia a tantas que no cabrían en esta entrevista, algunas han salido o saldrán en ella. A los olvidados, les pido disculpas.

 

3. ¿En qué consiste tu trabajo?

Mi trabajo ha ido cambiando mucho a lo largo de estos casi cuarenta años en el Botánico. He hecho de casi todo. Ahora, en un Jardín con una plantilla estructurada y un mayor reparto de funciones, me dedico principalmente a la conservación de las colecciones científicas de plantas vivas que hay en el Jardín Botánico. Esto quiere decir que me preocupo por incrementar la riqueza botánica que se muestra en esta institución universitaria, mantenemos la coherencia científica de las colecciones que desarrollamos y pensando siempre que deben tener una utilidad para los visitantes, los estudiantes y también estar en el alcance de los investigadores.

 

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Umbracle del Botànic

 

También tenemos un patrimonio arquitectónico y arbóreo heredado y que es uno de los mayores valores del Jardín. A lo largo de los más de doscientos años de historia de nuestro Jardín se han alzado estructuras de hierro y vidrio como los invernaderos o el umbráculo con una singularidad notables, todos ellos construidos en la segunda mitad del siglo XIX; o se han plantado árboles que ahora tienen más de ciento ochenta años y que son monumentales. Todo ello justifica la protección del Jardín y su catalogación como Bien de Interés Cultural, con las obligaciones de conservación que ello supone. Velar por el mejor mantenimiento de estos elementos patrimoniales es también una de mis principales tareas.

 

Para todo ello cuento con la colaboración y ayuda de muchas personas que trabajan, entre ellas los conservadores de las otras colecciones y que ya han pasado por esta entrevista y los responsables de la didáctica y la comunicación científica que genera el jardín. También con los administrativos, los bibliotecarios, los técnicos en jardinería y los mismos jardineros, tanto propios como contratados, que trabajan diariamente con las plantas. Los arquitectos y los técnicos de prevención de la Universidad. Los investigadores que tienen sus laboratorios en el edificio. Los vigilantes e informadores, las personas de la limpieza y tantas personas sin las que el Jardín no podría ofrecer todo lo que ofrece a las más de 150.000 personas que lo visitan anualmente.

 

4. ¿Cómo es la situación laboral? Recortes, falta de investigadores...

La situación laboral y de recursos económicos, en general, es bastante diferente si hablamos del mantenimiento ordinario del Jardín, de las inversiones en él o los recursos para la investigación. Durante los años de la crisis el Jardín no ha sufrido recortes importantes en su presupuesto ordinario que hayan afectado de manera notable su funcionamiento y conservación. Hemos mantenido la plantilla de jardineros, tanto la propia como la de las contratas externas. También hemos mantenido la vigilancia y la atención al público. Las colecciones se han incrementado notablemente en los últimos años. En 2010 teníamos 20 colecciones diferentes, ahora tenemos 26, y tenemos proyectos para desarrollar algunas más en los próximos años. También se ha incrementado el número de especies en el Jardín, a estas alturas tenemos borde 3.500 taxones distintos y puede ser más de 100.000 individuos diferentes.

 

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Jardí Botànic de la Universitat de València

 

Hemos podido continuar trabajando con los árboles monumentales intentando alargar su vida y también garantizar la seguridad de los trabajadores y los visitantes. Durante los últimos años se han cumplido los 25 años desde la restauración del Jardín que hizo entre 1989 y 1991. Algunas construcciones de hierro o madera necesitaban intervenciones costosas para su mantenimiento (la pintura del umbráculo y los invernaderos, la sustitución de los registros de la acequia de Rovella, la reposición de las tablas o reparación de la conducción de agua caliente de los invernaderos...) todo se ha podido hacer con un ritmo satisfactorio, aunque más lento de lo que nos hubiera gustado. No podemos decir que la conservación del Jardín se haya parado por la crisis.

 

Otra cosa es la investigación. Esto sí que ha cambiado mucho desde el año 2000, cuando inauguraron el edificio de investigación, hasta ahora. Entonces teníamos muchos proyectos de investigación de varias programas competitivos: Consellería, Ministerio, Unión Europea. Empezamos un ambicioso plan de formación de investigadores y llegaremos a tener 12 becarios o contratados con cargo a proyectos. Se leyeron tesis doctorales en los siguientes años y se dotó al edificio de una actividad importante. Se organizaron congresos y reuniones científicas de mucho nivel. El Jardí Botànic de la Universitat de València se situó a la cabeza de la investigación española en conservación de la diversidad vegetal. Pero poco a poco la crisis se introdujo en el Jardín y empezó a disminuir los fondos que nos llegaban para mantener esta actividad. A estas alturas estamos empezando cierta recuperación, pero es bastante lenta estamos todavía muy lejos de lo que fue el principio de los 2000.

 

5. ¿Cómo ha cambiado tu trabajo con los años? Nuevas tecnologías, infraestructuras...

Muchas cosas han cambiado desde los ochenta cuando empecé a trabajar en el Jardín. Por un lado la especialización. Durante los primeros años me encargué de muchas cosas que forman parte de la actividad de los jardines botánicos: banco de semillas, herbario, plantas vivas, visitas guiadas, exposiciones... pero en la medida que el proyecto de consolidación del Jardín se hacía realidad, se buscaron personas que se pudieran dedicar a cada una de estas parcelas del trabajo en el Botánico. A estas alturas, el Jardín tiene cinco titulados superior, la mayor parte de ellos doctores, especializados en las diferentes colecciones y en las actividades de didáctica y de divulgación científica.

 

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Campaña botánica de 2016 del proyecto Flora iberica Ejulve (Teruel)

 

El trabajo con las plantas vivas también ha cambiado mucho desde que llegué al Jardín. Con la incorporación de los equipos informáticos a finales del ochenta y el acceso a la información a través de Internet desde finales de los noventa han facilitado mucho el trabajo de documentación, búsqueda de información y localización de especies. Ahora encontramos en minutos, en las bases de datos públicas y abiertas, mantenidas por instituciones científicas, información que antes nos costaba días de búsqueda y consulta en las bibliotecas.

 

Ha cambiado mucho, también, el trabajo de los jardineros, especialmente en lo que se refiere a la prevención de riesgos laborales. Las técnicas de trepa a los árboles, la protección durante los tratamientos fitosanitarios, la selección de los productos... Ha hecho mucho más seguro su trabajo y ha aumentado el respeto del Jardín al medio ambiente. En los ochenta se quemaban los residuos vegetales, se fumigaba con todo tipo de productos químicos, tanto herbicidas como insecticidas. Desde hace casi 20 años, el Jardín asumió un planteamiento de agricultura ecológica. No utilizamos productos químicos (excepcionalmente en la lucha contra el picudo rojo) y compostamos todos los residuos verdes que podemos triturar. Esto ha cambiado mucho la calidad ambiental del Jardín y también nos ha permitido un ahorro de dinero bastante interesante.

 

6. ¿Qué herramientas necesitas para hacer tu trabajo?

Sobre todo necesito plantas, aunque no sé si podemos considerarlas herramientas. Pienso que no. Para conseguir las plantas debo buscarlas donde estan: catálogos de semillas de otros jardines, viveros y medio natural. Habitualmente recurro a todas estas fuentes. Necesito información científica sobre las especies para poder tomar decisiones y la encuentro principalmente en la red o en las bibliotecas. También tengo que revisar y determinar las plantas para darles una determinación correcta, por eso utilizo equipos de observación (lupas y microscopios) y trabajos científicos de revisión (bibliografía).

 

Después tenemos que producir las plantas y cultivarlas en el Jardín. De ello se encargan los jardineros que utilizan, en general, las herramientas de jardinería tradicionales, algo evolucionadas: tijeras, azadas, ligón, mangueras, macetas, semilleros... Sólo los trabajos de poda han cambiado mucho en los últimos años y hay notables diferencias entre los equipos que conocí a los ochenta, parecidos a los de "toda la vida", sin protección por los podadores ni los árboles, y los que se usan hoy, con técnicas de trepa inspiradas en las de escalada deportiva y poda muy influidas por el conocimiento de la biología de los árboles, siempre pensando en la seguridad de las personas y el respeto a los árboles.

 

7. Trabajas solo o en compañía?

Trabajo y siempre he trabajado con muchas personas. Las plantas vivas del Jardín son atendidas por jardineros especializados, propios o ajenos. Ellos son los que llevan a cabo las ideas que planteamos y se hacen cargo de las colecciones que desarrollamos. Desde el vivero, donde producimos las plantas que luego llevaremos los parterres del Jardín, hasta los árboles monumentales, que cuidamos para alargar al máximo su vida, todo está en sus manos. Yo trabajo con ellos para que todo esté lo mejor posible.

 

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Jaime Güemes en el campo, explorando las paredes rocosas de la Ribera buscando Antirrhinum valentinum

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Jaime Güemes y Josep Oltra, exporando las parets rocosas de la Ribera buscando Antirrhinum valentinum

 

Trabajo también con los otros conservadores y los bibliotecarios. El banco de germoplasma es fundamental para nutrir de plantas del Jardín. Para intercambio con otros jardines o recogiendo nosotros mismos las semillas, todas pasan por el banco. Y los responsables del herbario nos ayudan diariamente a localizar las plantas en el campo, elegir testimonios del Jardín para conservarlos en el herbario, compartiendo los trabajos en el campo. La biblioteca es la base para la documentación y la búsqueda de información que necesitamos para el desarrollo de las colecciones botánicas.

 

También con las responsables de los departamentos de didáctica y de comunicación. Ellas necesitan a veces tener plantas concretas en el Jardín para hacer su trabajo, y nosotros intentamos conseguirlas. También necesitan información sobre las colecciones para enseñarla o darla a conocer. Nosotros intentamos que haya información y documentación a su alcance para atender estas necesidades. Pero todo nuestro trabajo no podría realizarse sin los compañeros de la administración del Jardín y de las personas que trabajan en el mantenimiento, limpieza y vigilancia. Finalmente, he trabajado siempre muy cerca de los directores que he tenido, intentando desarrollar sus proyectos y transmitirles las mis ideas y las necesidades del Jardín.

 

8. ¡Cuéntanos una anécdota!

Recuerdo aún con miedo la perra que vigilaba por las noches el Jardín. Era de Genaro, el último jardinero que vivió en la antigua alquería. Cuando salía por las noches del edificio viejo, en el centro del Botánico, la escuchaba ladrar desde lejos. La perra sólo se soltaba cuando no quedaba nadie en el Jardín, pero yo siempre salía con dudas. Y salía a oscuras, buscando en la claridad de la noche las siluetas de los árboles, arbustos o farolas donde podría subirme de un salto si llegaba a encontrarme con la perra suelta. Nunca ocurrió, pero nunca salí tranquilo. Era una verdadera angustia ir desde el centro del Botánico hasta la calle. Muchas cosas han cambiado en el Botánico en estos tiempos. Ya no hay perras sueltas por él.

 

9. ¿A qué Botánico/a te hubiera gustado conocer?

Me hubiera gustado coincidir en el tiempo con José Pizcueta. Fue director del Jardín Botánico entre 1829 y 1863, quin logró, a mediados del siglo XIX, sacarlo de la ruina y el abandono. Pizcueta fue médico, pero se formó como botánico con Simón de Rojas Clemente y Rubio, el Real Jardín Botánico de Madrid. Recibió el encargo de dirigir el Botánico valenciano tras la visita de la reina regenta a Valencia y hiciera una dura queja a la Universidad por el estado en que encontró el Jardín Botánico (entonces poco más que un huerto de patatas, según cuentan las crónicas). Pizcueta fue el Manuel Costa del siglo XIX. Llamó a Felix Robillard, formado en el Jardin des Plantes de París, para hacerse cargo de la restauración del Jardín.

 

Esto supuso la modernización de la Escuela Botánica, la construcción del umbráculo y los invernaderos de hierro que aún se conservan, el incremento de las colecciones botánicas, entre otras muchas cosas. Pizcueta colocó el Jardín Botánico en el ámbito de los botánicos más importantes de la época. Inició el intercambio de semillas con ellos. Entonces se llevaron millares de plantas de todo el mundo y en 1856 el Jardín publica la primera lista de las especies cultivadas, más de 6.000. Aquella época, sin duda, fue trepidante y muy interesante, posterior a la de las expediciones botánicas del XVIII, también fascinante. Un momento en el que el Botánico fue el auténtico jardín ilustrado que quería ser desde principios de siglo, donde se concentraba la docencia de la botánica y donde se ensayaban plantas para aprovecharlas en el cultivos agrícolas u ornamentales. Fueron unos años parecidos a los que hemos vivido desde la restauración de 1990, pero ciento cincuenta años antes.

 

10. Imagina que tuvieses tanto de presupuesto como quisieras, ¿cómo sería, entonces, tu trabajo? ¿Qué cosas mejorarías?

Mejoría la calidad de las colecciones aumentado la procedencia natural y el origen conocido de las plantas que tenemos. Los jardines botánicos más potentes del mundo mantienen expediciones científicas por todas partes para conseguir semillas que luego cultivan en el jardín. De este modo la colección tiene una mayor utilidad para los investigadores ya que pueden trabajar con las plantas como si se trataran de poblaciones naturales. También da mucha más originalidad al jardín botánico ya que la colección de plantas se convierte en única, resultado de su propia labor de exploración y búsqueda.

 

Pero mantener expediciones botánicas por el mundo es una actividad muy costosa y la mayor parte de los jardines botánicos, el nuestro también, deben conformarse con el intercambio de semillas o la adquisición de ejemplares en los viveros especializados. En nuestro caso, mantenemos expediciones botánicas por la Península Ibérica y la cuenca del Mediterráneo, algunas de nuestras colecciones (rocalla de endemismos, plantas mediterráneas, ecosistemas valencianos) reúnen las plantas que hemos recogido en estos lugares y son realmente singulares. Otras colecciones como las orquídeas, bromelias, carnívoras o tropicales se nutren principalmente de plantas de viveros y, aunque son bastante interesantes, no tienen plantas recogidas por nosotros en la naturaleza.

 

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En la Sierra de Gádor (Almería) estudiando la biología reproductiva de Gadoria falukei

 

También mejoraría el control ambiental de los invernaderos. Son de mediados del siglo XIX y estan protegidos por la Declaración de Bien de Interés Cultural del Jardín Botánico, pero están orientados al sur y sufren una sobreexposición en verano que hace muy difícil mantener dentro unas condiciones de luz y temperatura adecuadas para el cultivo de las plantas. En dinero se podrían instalar mallas de sombreado, humidificadores, refrigeradores y automatizar todo para conseguir unas mejores condiciones ambientales.

 

Muchas otras cosas se podrían hacer. También ampliar la plantilla con personas especializadas en determinadas colecciones para aumentar su calidad y mejorar su componente expositivo. Restaurar el antiguo edificio de dirección, en medio del Jardín, originario de 1860 y que actualmente tiene un uso que no se merece. Convertirlo en un espacio expositivo, un museo botánico, podría ser una propuesta.

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia