Rachel Carson y la “Primavera silenciosa”

Bióloga marina y ecóloga, Rachel Carson está considerada como una de las mentes percusoras del movimiento ecologista e impulsora fundamental del ecofeminismo. Su libro "Primavera silenciosa" se convirtió en su día en la principal réplica para aquellos que defendían la contaminación bajo el pretexto del progreso.

 

Aún se habla en términos de conquista. Aún no hemos madurado lo suficiente como para vernos como una parte ínfima de un universo increíblemente vasto. La actitud del ser humano hacia la naturaleza es de fundamental importancia, simplemente porque hemos adquirido el poder funesto de alterar y destruir la naturaleza. Pero el ser humano es parte de la naturaleza y su guerra contra ella es, inevitablemente, una guerra contra sí mismo.” Esta es una de las frases con la que Rachel Carson (27 de mayo de 1907-14 de abril de 1964) intentaba explicar a la opinión pública la importancia de salvaguardar el entorno para garantizar la propia supervivencia de la Tierra y de la especie humana. De alguna forma, su voz intentaba transmitirnos que somos una parte vulnerable del mundo, que no somos intocables y que estamos sujetos a los mismos daños que el resto del ecosistema, es decir, que los bosques, las plantas, los animales o los océanos. Su actitud valiente e innovadora y su pasión divulgativa le ha valido un puesto entre las mujeres más destacadas de la ciencia y también un reconocimiento social y humano: para la gran mayoría, Rachel Carson es la incitadora y el origen del movimiento ecologista tal y como lo conocemos hoy en día.

 

La pasión de Rachel Carson por la naturaleza comenzó en su infancia. Nacida en una pequeña granja de Pensilvania, heredó dicha pasión de su madre, y también por los libros, algo que con el paso de los años la convertiría en una de las mayores divulgadoras de ciencia de todos los tiempos. Los océanos fueron siempre su principal fuente de estudio. Estudió en la Universidad para Mujeres de Pensilvania y, tras su graduación, en 1929 completó sus estudios de zoología en la Universidad John Hopkins, obteniendo el título superior en Biología Marina.

 

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Tras concluir sus estudios universitarios Rachel Carson empezó a dar clases en la Universidad de Maryland y, más tarde, comenzó su carrera como funcionaria del estado obteniendo un puesto permanente en la Comisión de Pesca de EEUU. Este trabajo le permitía unir sus dos grandes pasiones: el mar y la comunicación, pues uno de sus cometidos era elaborar programas de radio sobre la vida acuática. Otras de sus labores en este departamento fueron el análisis y la elaboración de informes sobre las poblaciones de peces, se dedicó más de quince años, compaginando su trabajo con la colaboración en distintos medios de comunicación, siempre para hablar de la ciencia en general y del mar, que era su gran pasión. Durante esta época publicó sus primeros trabajos editoriales entre los que destacan Under the Sea-Wind (1941) y El mar que nos rodea (1952), por el cual ganó el Premio Nacional del Libro en la categoría de no ficción. Tres años más tarde (1955) vio la luz The Edge of the sea, el libro que completa su trilogía sobre el mar. Este trabajo, que supone una unión casi perfecta entre oceanografía y poesía, aumentó el prestigio de Carson en los círculos literarios y científicos.

 

Controversia y polémica: la crítica al gobierno de EEUU

Hasta aquí, la biografía de Rachel Carson es similar a de la otros muchos científicos y divulgadores de la ciencia que a lo largo de su carrera compaginan la docencia, con la investigación y la producción literaria. Sin embargo, hubo un hecho que hizo que la carrera de Carson diera un giro de 180º y que su figura se convirtiera en icónica para unos, y altamente peligrosa para otros.

 

En realidad, todo había comenzado antes, en los primeros años de Rachel Carson en el Departamento de Pesca estadounidense a mediados de los años 40. En esta época, comenzó a preocuparse por el uso de pesticidas elaborados con financiación militar en la II Guerra Mundial. Muchos de ellos se convirtieron en productos de uso generalizado por terratenientes y grandes empresas agrícolas, entre ellos el dicloro-difenil-tricloroetano, conocido popularmente como DDT. El DDT se utilizó durante la II Guerra Mundial para eliminar los piojos de los soldados y para reducir el contagio de tifus entre las tropas. Según las versiones oficiales, el uso de aquel pesticida no había tenido consecuencias directas en los humanos. Sin embargo, algunos informes del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EEUU alumbraban que los residuos de DDT podían contaminar lagos y arroyos, dañando el alimento de las águilas calvas y alterando su proceso de reproducción. Aquel informe coincidió con el descenso brutal de esta especie de águilas.

 

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A finales de los años 50, Carson alertó a las autoridades sobre el uso de aquellos pesticidas. Durante más de cuatro años (1958-1961) la bióloga recabó ejemplos de daños ambientales producidos por efecto directo del DDT, cuyo uso continuado causaba, como habían afirmado informes anteriores, cáncer en ratones. A raíz de estos datos Carson predijo un aumento de consecuencias futuras, especialmente cuando con el paso del tiempo los insectos desarrollarían resistencia a los pesticidas mientras que los ecosistemas se debilitarían cada vez más convirtiéndose en víctimas de las especies invasoras. En 1960 Carson y su asistente Jeanne Davis encontraron suficiente evidencia que apoyaba la conexión entre el cáncer y los pesticidas, una conclusión controvertida que fue citada por algunos miembros de la comunidad científica como “extremadamente alarmista”. Además, Rachel Carson posó una gran sombra sobre la administración del gobierno al sugerir que la luz verde al uso de aquellos pesticidas estaba respaldado por “incentivos financieros detrás de ciertos programas de pesticidas”, y acusó directamente a la industria de desinformar a la población y a los oficiales de gobierno de aceptar esa información por interés y sin ningún tipo de cuestionamiento.

 

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Originalmente la idea de Carson era publicar un artículo científico de este tema. Sin embargo, pronto entendió que las revistas potencialmente interesadas podrían sufrir algún tipo de presión por parte de los anunciantes. Por eso decidió recopilar todo el material posible y escribir un libro específico sobre el tema. Aquel libro, Primavera silenciosa, estaba dedicado a íntegramente a los pesticidas como veneno ambiental y a los futuros daños de su uso en el medio ambiente. Pronto se convirtió en un Best Seller. Según la obra de Carson tan sólo en EE.UU había (en los años cincuenta) medio millar de nuevos productos, 500 químicos nuevos a los que el cuerpo de hombres y animales debía adaptarse de alguna forma. Además, los insectos terminarían por volverse inmunes a los pesticidas y, como resultado, habría que crear insecticidas más potentes o usarlos en unas cantidades desmesuradas. A pesar de eso, Carson concluye en su libro: “No digo que los insecticidas químicos no deban utilizarse nunca, pero sí creo que hemos puesto químicos venenosos y biológicamente potentes de manera indiscriminada en manos de personas que ignoran del todo o casi por completo su potencial para causar daño. Hemos puesto a una enorme cantidad de personas en contacto con estos venenos, sin su consentimiento y, a menudo, sin su conocimiento”.

 

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La posterior publicación de los datos de aquel informe en The New Yorker no sólo atrajo la atención del público en general sino también de la industria de la química, que comenzó una campaña de desprestigio contra Carson. Aquel intento de silenciar a la bióloga no sólo fracasó: la unidad y la fuerza que suscitó Primavera silenciosa ayudó a cristalizar el movimiento ecologista y a través de él se logró la prohibición nacional del DDT y otros pesticidas. Y no sólo eso: a principios de 1963 el Presidente John F. Kennedy creó un Comité de Asesoría Científica para estudiar el problema que ella trataba, y en mayo de aquel mismo año emitió un informe sobre los pesticidas donde se señalaba que aunque el uso adecuado de pesticidas podría considerarse necesario, se requerían más investigaciones antes de rociarlos indiscriminadamente. Ni el entonces presidente ni Rachel Carson pudieron observar el éxito de aquella empresa conjunta: él falleció asesinado en noviembre de aquel mismo año y ella tan sólo unos meses después, en abril de 1964, víctima de un cáncer de mama.

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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