Pedro Loefling, un botánico sueco a sueldo de la Corona española (1751-1756)

Pedro Loefling, un botánico sueco a sueldo de la Corona española (1751-1756) Orinoco / Juan Pablo Marín (PRICCO)

Se dice que Dios creó y Linneo ordenó. Y también distribuyó a sus discípulos por todo el mundo en su afán de conocerlo todo. Uno de ellos, Pehr Löfling, o Pedro Loefling, fue enviado al servicio de la Corona española y viajó a las Américas con otros expedicionarios formando parte de la Comisión de Límites como jefe de equipo de historia natural. Una aventura sin final feliz que no impidió que este joven botánico transmitiera sus conocimientos y pasión por las ciencias naturales y, en especial, por las plantas. Nos lo cuenta Joan Pedrol en un nuevo capítulo de Viajes (de) botánicos.

Carl Linnaeus(1707-1778) –latinizado Carolus Linnæos, más tarde, ennoblecido, cambió a Carl von Linné, que latinizó como Carolus a Linné– estaba firmemente convencido de que tenía la misión de poner orden en la Creación. De hecho, se le atribuye la frase “Deus creavit; Linnaeus disposuit”. Recordemos que en pleno siglo XVIII, el de las exploraciones de nuevos países y territorios lejanos, la llegada de nuevas plantas a Europa era constante. Linné había elaborado un sistema que permitía asignar fácilmente un nuevo espécimen a un grupo concreto y ponerle un nombre, contando únicamente el número de estambres y de carpelos; a la vez, había establecido y fijado el método de nomenclatura binomial que, al separar el nombre de la descripción, facilitó la memorización. La comprensibilidad y simplicidad del método habían contribuido al hecho de que tuviera una rápida difusión y una gran aceptación. Pero el objetivo era conocerlo todo en todo el mundo, y Linné era consciente de que la cantidad de plantas aún desconocidas era muy grande. Para descubrirlas, lo mejor era enviar gente preparada para explorar los nuevos territorios. Y con esta misión envió discípulos –apóstoles decía– por todas partes: Norteamérica, Japón, China, Egipto, África del Sur, India...

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Loeflingia, un género de cariofiláceas anuales dedicado a Loefling por Linné. / A. Rivas.

 

Ya el 1735, Linné se había lamentado del desconocimiento de la flora española y de la incultura botánica de España, añadiendo, además, que las únicas aportaciones las había hecho el francés Joseph Pitton de Tournefort. Parece que esta afirmación la tuvieron que escuchar alguna vez los embajadores españoles e, incluso, el Ministro de Estado, José de Carvajal y Lancaster (1698-1754), por parte de un grupo de aristócratas ingleses de paso por Madrid. Así, el 1750, Carvajal, mediante el embajador en Suecia, se pone en contacto con Linné y le pide que envíe un discípulo suyo a España.

El escogido para la misión fue Pehr Löfling (1729-1756) –latinizado Petrus Loefling–, que había ido a estudiar medicina a la Universidad de Uppsala, donde había descubierto la botánica de la mano de Linné. Era un estudiante con grandes aptitudes por la botánica y, ante las dificultades económicas por las que pasaba, Linné se lo había llevado a vivir a su casa con la idea de favorecerlo, pero también para que su modelo estimulara el interés por las plantas de su hijo y le hiciera de tutor. Llegó a ser su alumno predilecto, y lo ayudó como asistente cuando Linné tuvo que estar en cama enfermo de reuma.

 

Primeros años en Madrid

El viaje de Loefling empieza el 16 de mayo de 1751, embarcando hacia Portugal. Hace escala en Oporto y desembarca en Setúbal a finales de septiembre, desde donde se dirige a Lisboa. El viaje hasta Madrid lo hace con Louis Godin, uno de los matemáticos de la expedición de La Condamine y recién llegado de América. Se dirigen hacia Madrid por Badajoz, Mérida, Trujillo y Talavera de la Reina y alcanzan la capital el 20 de octubre. Loeflingse presenta en El Escorial ante José de Carvajal, Secretario de Estado y promotor de su viaje, y entra al servicio de la Corona española con sueldo y cargo de botánico.

En Madrid, rápidamente contacta con los botánicos de la capital, todos ellos boticarios o médicos, buenos conocedores de plantas, pero que no habían publicado gran cosa todavía. El grupo lo formaban Joan Minuart (1693-1768), Josep Quer (1695-1764), José Ortega (1703-1761), Miquel Barnades (1708-1771) y Cristóbal Vélez (c. 1710-1753). Por lo que refiere Loefling, las relaciones debían de ser muy buenas con Minuart y Barnades, cordiales con Ortega y Vélez y de una cierta tirantez con Quer.

Aranjuez Ciempozuelos

Cerros en los alrededores de Aranjuez, una de las pocas localidades un poco alejadas de Madrid que Loefling pudo visitar. / C. Aedo. A la derecha, cerros del Butarrón, cerca de Ciempozuelos. / D. Meliá.

 

Pronto comprende que estar al servicio de la Corona implica graves limitaciones de movilidad, porque necesita permisos para salir de la Corte. En los dos primeros años, las herborizaciones están limitadas a las afueras de Madrid, y las salidas en Aranjuez, San Fernando –donde tiene el jardín Barnades– o Ciempozuelos son acontecimientos extraordinarios; prepara viajes en Toledo o San Ildefonso, pero no dice nada más y probablemente no los llegó a hacer. En todo caso, sus colegas le cedieron plantas herborizadas en varios viajes, mientras él esperaba en Madrid; así las de Barnades de los Pirineos, las de Minuart de las montañas de Castilla o las de Velez de Andalucía y la Mancha.

 

La aventura en América: el principio del final

Ya desde la llegada a Madrid, José de Carvajal le había comunicado que el objetivo final era que fuera a las provincias de América. A finales de agosto de 1753, tiene la confirmación de qué él será el jefe del equipo de historia natural, formado por dos médicos recién licenciados –Benito Paltor, nacido en los Pirineos según Loefling, y que estudió en València, y Antonio Condal, de Barcelona– y por dos jóvenes dibujantes –Bruno Salvador i Juan de Dios Castel. Todos ellos formarían parte de una expedición a América, pero con destino todavía desconocido.

A mediados de octubre se dirigen todos hacia Cádiz, pero el embarque se aplaza y Loefling aprovecha para explorar el Puerto de Santa María. Gracias a la demora, le llega a tiempo el primer volumen de Species Plantarum de Linné para llevárselo a América. Entonces ya saben que forman parte de la expedición de la Comisión de Límites comandada por el capitán José de Iturriaga, con destino al puerto de la Guaira, y con órdenes de remontar el Orinoco, para llegar a Bogotá, Quito, Lima y a todo Perú.

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Mientras espera para embarcar, estudia los peces de la bahía de Cádiz. en la imagen, Caribito, de Juan de Dios Castel. Conservado en el fondo “Expedición de Límites al Orinoco. Pehr Löfling" (1743-1766). ARJB-DIV.II Lám. 127. / © Archivo del Real Jardín Botánico (CSIC).

 

Zarpan de Cádiz el 15 de febrero de 1754 y desembarcan en Cumaná, la actual Venezuela, el 11 de abril. A Linné tan solo le llegaron dos cartas desde América, datadas el 18 de abril y el 20 de octubre. En la última, Loefling le comenta los progresos botánicos por los alrededores de Cumaná: en unos diez meses han cosechado unas 600 especies, casi todas ya determinadas, y tiene descripciones detalladas de unas 250, de las cuales una treintena corresponden a géneros nuevos. Pero a la vez le anuncia también el que será el gran problema de los expedicionarios: los primeros ataques de fiebre.

Loefling murió de paludismo en la Guyana, a la misión de San Antonio de Caroní, el 22 de febrero de 1756. Tan solo había podido herborizar entre Cumaná y Barcelona. Mientras vivió, el equipo de historia natural funcionó bastante bien, pero al cabo de poco tiempo de morir él, Condal desertó y, en agosto de 1757, también lo hizo Paltor, al sentirse despreciado y degradado por Iturriaga.

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Mapa conservado en el fondo “Expedición de Límites al Orinoco. Pehr Löfling" (1743-1766). ARJB-DIV.II Lám. 200. / © Archivo del Real Jardín Botánico (CSIC).

 

La Comisión de Límites fue en sus inicios un auténtico desastre, con un importante retraso y muchas muertes por enfermedad. El carácter y las decisiones de Iturriaga y su enfrentamiento con el gobernador de Cumaná –que tenía una actitud claramente obstruccionista–, tampoco  ayudaron. Hasta que no se  hizo cargo José Solano, no consiguieron remontar el Orinoco y penetrar por el Casiquiare. Tan solo consiguieron llegar a los enclaves portugueses del Río Negro en 1759. La Comisión se disolvió oficialmente el 1761.

 

Un joven entregado a las plantas y a la ciencia

La imagen que nos llega de Loefling es la de un joven completamente entregado al estudio de las plantas, pero sin renunciar a las otras ramas de las ciencias naturales. Así, después del viaje desde Suecia, envía a Linné un listado y observaciones sobre algas o, en la espera para embarcar en Cádiz, hace un estudio muy completo de los peces de la bahía; entremedias publica unas observaciones sobre corales, describe un escarabajo pelotero o el pulgón de la cornicabra y, con Barnades, se dedican a la descripción de aves. Pero son las plantas lo que más le impresiona y le interesa.

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lustración de de Malpighia glabra Linn. Conservada en el fons “Expedición de Límites al Orinoco. Pehr Löfling" (1743-1766). ARJB-DIV.II Lám. 30. / © Archivo del Real Jardín Botánico (CSIC).

 

Nada más llegar a Portugal ya busca el famoso drago que había visto Clusius en 1564 o la palmera canaria, y también se sorprende ante plantas americanas aclimatadas, como los agaves o las chumberas. Reconoce muchas de las plantas autóctonas, pero bien pronto se da cuenta de la diversidad y complejidad de algunos grupos de plantas ibéricas como por ejemplo las cistáceas o las pequeñas  cariofiláceas anuales, a las cuales dedicaría buena parte de sus esfuerzos durante los años siguientes. También experimenta por si mismo el triste sino de los botánicos mediterráneos en busca de las plantas anuales de primavera: un año aparecen por todas partes y en cantidades agobiantes, y al año siguiente apenas si se  encuentran dos o tres pies raquíticos.

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Infrutescencia de Lygeum, uno de los géneros al que Loefling dedicó muchos esfuerzos para hacer una descripción cuidadosa. / J. Pedrol.

 

Las plantas son su centro de interés y son omnipresentes en todo el relato. Aún así, no hay que olvidar que el texto de su estancia en España está formado por las cartas dirigidas a Linné, y lo que aparece son sobre todo listas de plantas recolectadas y comentarios sobre determinaciones o problemas taxonómicos. También  figuran noticias sobre las relaciones con los botánicos y políticos españoles, sobre la colonia extranjera en la capital o sobre los otros discípulos de Linné dispersos por el mundo. Durante los años en Madrid, busca en todo momento la maestría y la aprobación de Linné, pero durante el periplo americano adquiere ya total autonomía. En cualquier caso, Linné “editó” las cartas de Loefling para evitar susceptibilidades con los botánicos madrileños e incluso halagarlos, sobre todo pensando en Joseph Quer, uno de los más prominentes y bien situado en la Corte, e irreducible tournefortiano.

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Portada e ilustración de Iter hispanicum. / Biblioteca digital RJB.

 

La versión en castellano de Ignacio de Asso (1742-1814) sólo contiene la traducción del prefacio y del diario del viaje, en sueco en el original. El prefacio es obra de Linné y es una semejanza y una alabanza de la vida y méritos del discípulo. El diario de viaje lo editó Linné, según dice en el prefacio, a partir de las cartas que le envió Loefling durante la estancia en Portugal y España, a las que añadió algunas descripciones de plantas singulares. También  incluyó un extracto de los manuscritos que le llegaron del periodo americano. El texto en castellano contiene a menudo notas a pie de página y todas parecen obra de A. J. Cavanilles (1745-1804), editor de botánica de la revista. El original de 1758, el Iter hispanicum, contiene además una parte, en latín, dedicada a la descripción de plantas españolas y otra parte de americanas, así como algunos apéndices y índices finales más.

 

REFERENCIAS

Observaciones de Historia natural hechas en España y en América por Pedro Loefling: traducidas del Sueco, según la edición de Cárlos Linneo, por D. Ignacio de Asso. Anales de Ciencias Naturales 3: 278-315 (1801); 4: 155-191, 324-339 (1801); 5: 82-104, 296-340 (1802). [Disponible a Biblioteca digital del RJB; reimprès a Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural 5: 11-134 (1908), disponible a Biblioteca digital del RJB].

Petri Loefling Iter hispanicum, eller resa Til spanska länderna uti Europa och America, förrätad ifrån År 1751 til År 1756, med beskrifningar och rön öfver de märkvärdigaste växter, utgifven Efter dess Frånfälle af Carl Linnaeus. Stockholm, Ṫryckt på Direct. Lars Salvii Kostnad (1758). 316 p. [Disponible a Biblioteca digital del RJB i a Internet Archive]

* Para entender mejor la expurgación que hizo Linné de la correspondencia de Loefling, ver G. LÓPEZ GONZÁLEZ (1990). La obra botánica de Löfling en España, pp. 33-49. In: F. PELAYO. Pehr Löfling y la Expedición en el Orinoco, 1754-1761. Madrid, CSIC. 190 p.

Primera edición del texto por Edith Castells y Pilar Pérez Ramón.

 

Joan Pedrol

Botánico. Profesor titular de la Universidad de Lleida

Interesado en sistemática, taxonomía y corología de plantas vasculares, pero también en (re)descubrir los caminos, vivencias y paisajes que amantes de la botánica han pisado antes.