Paseo por el Botánico de Santa Cruz de la Sierra

Paseo por el Botánico de Santa Cruz de la Sierra Originarias del Centro y sur de América y las islas pacíficas, el género Heliconia atrae al colibrí con sus llamativas hojas y brácteas que envuelven las flores. Esta planta ave del paraíso es el símbolo del Jardín Botánico de Santa Cruz / Jose Aparici

Jose Aparici nos invita a un viaje por Bolivia, concretamente al Jardín Botánico Municipal de Santa Cruz de la Sierra. Cómo él dice, un pulmón verde de la metrópolis del país con el que cerró su aventura de cooperación al otro lado del océano. Palmeras, plantas frutales nativas y flores fantásticas pondrán el fondo exótico a este recorrido en el que aparecen incluso una orquídea bailarina y el árbol del futuro.

Convertido en uno de los más extensos de Sudamérica con 217 Ha, y único en el continente por su división entre jardines y bosques relictos, el Jardín Botánico Municipal de Santa Cruz de la Sierra, a 8 km de esta, es el más funcional de Bolivia motivado por el desarrollo de varios proyectos y el flujo de visitantes, superando las 150.000 entradas anuales hoy en día. Mi visita el pulmón verde de la metrópoli del país y una de las joyas del oriente boliviano fue la bajada de telón de mi cooperación técnica de Biología, Agronomía y Gestión del Medio natural, enmarcada en el VII Programa Especialista Municipal Voluntario 2018 del Fondo Valenciano por la Solidaridad.

Han pasado poco más de tres décadas desde que el Jardín Botánico de Santa Cruz abriera sus puertas. Establecido inicialmente en la ribera del río Piraí, al oeste de la ciudad, la gran riada del 1983 lo obligó a ser trasladado a su actual ubicación a petición del ex director Noel Kempff Mercado, un reconocido naturalista boliviano y el gran impulsor en el siglo XX de la conservación de la naturaleza de un país que ocupa las primeras posiciones a escala continental y global en cuanto a biodiversidad, en riqueza y densidad de especies y de eco regiones.

 

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Cascada del Arco iris del Parc Nacional de Noel Kempff Mercado, en el noreste del Departamento de Santa Cruz y frontera con Brasil / Pattrön, flickr

 

En el año 1986 el asesinato de Kempff por narcotraficantes en plena expedición a la cordillera de Caparuch, actualmente Parque Nacional bautizado con su nombre, conmocionó a la sociedad boliviana y marcó un punto de inflexión en la lucha social contra el narcotráfico. Y es que la avioneta en que viajaba el grupo de investigación aterrizó por error en una pista utilizada por una fábrica de droga escondida en medio de la selva. De hecho, los más adultos recordaréis cuando saltó la noticia de aquel científico español, Vicent Castelló, el único superviviente de dicha tragedia que consiguió esquivar las balas, escapar y esconderse en la espesura verde hasta ser rescatado horas después.

Actualmente, las 217 Ha se dividen en dos áreas de gran diversidad florística y forestal: la de conservación y la de enriquecimiento. En la primera zona, la cual ocupa casi un 90% de la superficie, confluyen las tres unidades vegetales más representativas del Departamento de Santa Cruz: bosque subtropical, bosque chiquitano y bosque chaqueño; todos ellos son únicos con más o menos buen estado de conservación y con una composición florística peculiar y distintiva de los bosques homólogos de parques nacionales próximos. En cuanto al área de enriquecimiento, se encuentran los jardines con senderos ecológicos, los viveros, los herbarios, los laboratorios, el orquidiario, el cactario o el palmeral. Como veremos, en los últimos años la mejora de sus ambientes y la diversificación de la agenda de ocio de la mano de distintos acontecimientos a lo largo del año han incrementado el número de visitantes, que cada vez se sienten más atraídos a conocer espacios naturales sin alejarse mucho de la ciudad.

 

Descubriendo las colecciones

Desde el momento en que nos adentramos en el Jardín Botánico de Santa Cruz no importa dónde dirigimos nuestra mirada, los visitantes nos encontramos en contacto directo con la naturaleza y sobre todo, con nuevas curiosidades que aprender. Al inicio del recorrido, localizamos el Palmatarium, un espacio repleto de distintas especies de palmeras tanto del Departamento como otras regiones de Bolivia, una treintena en total en el Jardín.

 

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Mapa informativo del Jardín Botánico de Santa Cruz de la Sierra, el riachuelo que observamos separa las dos zonas: la de enriquecimiento (áreas de trabajo, expositivas y recreativas) y la de conservación (bosques) / Jose Aparici 

 

Siguiendo los senderos trazados, las colecciones de tajibos, una sexagésima de chorísias, bromelias, cactus, rosas del desierto y plantas frutales nativas, como la jabuticaba, guapomó, cupesí similar al algarrobo y achachairú, entre otras, van embarcando al visitante en un viaje formativo. De hecho, cada nuevo espacio que alberga una colección específica, posee la correspondiente señalética donde se explica sobre la especie y el número de muestras con las que cuenta el Jardín.

Cada una de las especies incluidas en las colecciones provenientes grande parte de viajes de recolección, como los “Gallitos Amarillos” de la familia Heliconiàcia de Samaipata y con una docena en el Jardín, han sido seleccionadas de acuerdo su distribución restringida, la rareza, el grado de vulnerabilidad o si están en peligro de extinción. De hecho, considerando la sexagésima de especies de cactus, aquellos endémicos son el punto de mira de los programas de investigación y reproducción llevados a cabo en el Botánico.

 

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El jabuticaba (Myrciaria cauliflora) es un pequeño árbol nativo de Brasil, Paraguay y Bolivia, especialmente distribuido en el Departamento de Santa Cruz, en áreas secas o subhúmedas. Originado en las ramificaciones tortuosas, el fruto es muy popular, usado en dulces y licores y, con multitud de propiedades medicinales / Jose Aparici

 

El conjunto de plantas posee un registro y, hablando de colecciones, uno de los otros atractivos consolidados en el Botánico es el herbario, que cumple tareas de investigación y conservación a través de muestras secas pertenecientes a la flora de la región. Cuenta con 18.000 muestras debidamente clasificadas en un moderno y único archivo en Bolivia, donde se salvaguardan de la extinción las plantas y sus partes, como hojas, tallos o frutos. En realidad se trata de un particular certificado de nacimiento de cada planta, que permite verificar su existencia, conocer su ubicación, estado y características de reproducción. Todo este marco logístico está dirigido a potenciar una conciencia en la población sobre la fundamental preservación de los bosques a través del entendimiento y la recreación, donde el público está en estrecho contacto con la naturaleza y todas sus formas de expresión.

En los últimos años, el aumento de los periodos de sequía en la región ha obligado al Jardín Botánico a minimizar esta situación climática mediante un estricto cuidado acompañado de la instalación de un sistema moderno automático de riego que facilita constantemente un ambiente bastante húmedo, sobre todo durante las bajas temperaturas de la noche. Además de mejorar los jardines y las colecciones de plantas vivas, hay que brindar al público un espacio más acuerdo y vistoso, donde desarrollar actividades de recreación.

 

Del laboratorio in vitro al orquidiario, el latido del Jardín

El sueño de Kempff Mercado de convertir el Jardín Botánico en un espacio de conservación y exhibición de la diversidad florística y forestal del Departamento de Santa Cruz, se ha hecho realidad. Y es que entre las colecciones presentes, las orquídeas ocupan un lugar privilegiado, entremezcladas con mantos de helechos en un orquidiario que traslada a los amantes de estas flores tan complejas a un majestuoso paisaje natural rodeado de colores, riachuelos y una cascada.

 

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Siendo el lugar más concurrido, fotografiado del Jardín Botánico, el orquidiario tiene un recorrido interior intercalado por acueductos, puentes, riachuelos y saltos de agua que sumado a las colecciones lo convierte en un oasis. Destaca la atención de un guía permanente para resolver cuestiones taxonómicas entre los visitantes / Jose Aparici

 

Buscando entre la diversidad de ejemplares, se refugia una orquídea conocida popularmente como la bailarina, única en nuestro planeta y, hoy por hoy, en peligro de extinción. Datos históricos señalan que la orquídea bailarina fue descubierta por el biólogo René Moreno Suárez en los valles de Santa Cruz, hace más de cuatro décadas. Unos años después, la flor fue facilitada a científicos norteamericanos con el fin de profundizar en su estudio y clasificación hasta que fue bautizada con el nombre científico: Oncidium stacyi Garay, eso sí, ¡sin considerar elementos de origen u otros relacionados con los naturalistas locales descubridores!

Bajo la premisa “la flor, una causa de todos”, la bailarina fue declarada la flor símbolo de los festejos con motivo de la celebración del Bicentenario y de los 450 años de la fundación de Santa Cruz de Sierra por parte de la administración local. La conservación de la orquídea como parte esencial del patrimonio cultural de la ciudad y la inspiración que desencadenaría la construcción del laboratorio de biotecnología vegetal.

 

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Sala de incubación de orquídeas in vitro con un fotoperiodo y temperatura controlada en los laboratorios de conservación vegetal del Jardín. Deben pasar unas 5-6 semanas para apreciar una alfombra verde en el vaso y después de 12-18 meses se extraen con cuidado las plántulas. El medio de cultivo, los utensilios, las semillas a procesar se someten a una estricta esterilización, en condiciones asépticas / Jose Aparici

 

En este laboratorio, se cultivan más de 10 mil ejemplares de especies de orquídeas híbridas y nativas sometidas a sistemas de reproducción in vitro, ya que después de su crecimiento y aclimatación se ponen en marcha programas de reintroducción en su hábitat natural. Unas 500 orquídeas han sido cultivadas ya en el recinto o más allá de esta familia, y el laboratorio produce un millar de plantas aproximadamente cada año para embellecer el lugar.

 

Disfrutando de la naturaleza, visitando tres bosques en un día

El bosque chiquitano, el subtropical y el chaqueño son los tres grandes ecosistemas que confluyen en el Botánico bañados por el riachuelo Guapilo, un estallido de belleza y riqueza floral que nos abraza, que nos hace pequeños cuando nos dejamos llevar por un sendero ecológico de 7 km, intercalado por paradas interpretativas, de descanso y desvíos. Un mar de copas arbóreas rodeado por una especie de isla, una altísima torre mirador en una de las paradas del sendero y que nos permite apreciar panorámicas del resto del Botánico y del perfil de la metrópolis de Santa Cruz. Pero dicho esto, ¿cómo es el bosque chiquitano o el chaqueño?

 

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Tramo del sendero ecodidáctico del Jardín correspondiente a la zona de enriquecimiento, cercano al primer mirador. El trazado de caminos perteneciente a la masa boscosa (zona de conservación) está restringida su entrada a recorridos motorizados guiados ya que hay una elevada presencia de serpientes / Jose Aparici

 

En las tierras bajas onduladas del oriente boliviano, concretamente en distintas provincias del centro y del este del Departamento de Santa Cruz, localizamos la ecorregión chiquitana, compuesta por los bosques tropicales secos más extensos del planeta y caracterizada por su ubicación de transición entre el clima húmedo de la Amazonia y el semiseco del Gran Chaco. La vegetación chiquitana es desde semicaducifòlia hasta caducifolia, y más del 75% de las especies del bosque tienen un valor comercial. Especies exclusivas de la ecorregión son Machaerium scleroxylon, Caesalpinia pluviosa, Centrolobium microchaeta y el roble sudamericano Amburana cearensis, entre otros.

Por otro lado, la ecorregión chaqueña forma parte del Chaco Boreal y está constituida por sabanas secas y matorrales espinosos en el sudeste del Departamento de Santa Cruz. Allí encontramos numerosas plantas suculentas, xerófilas; una composición florística muy marcada por las condiciones edáficas y topográficas puesto que el paisaje está formado por llanuras onduladas, colinas y aisladas sierras de suelos arenosos a margosos. Destacan cactus como la carahuata o lo sipoi; y árboles como el cupesi (algarrobo blanco), cupesicho (algarrobo negro), toboroche, quebracho, o guayacán, entre varios tipos de palmeras y arbustos como el mistol o tusca; todos ellos nombres populares de la zona.

 

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Hemos de tener en cuenta que los ejemplares in vitro como los de Paulownia tomentosa a parte de los 6-8 meses de proceso in vitro, su crecimiento se prolonga dos años más antes de estar preparado para repoblaciones / Dai Rui, flickr 

 

Hablando de bosques, el árbol del futuro se cultiva en Santa Cruz y precisamente en el laboratorio del Botánico se han producido los primeros plantones experimentalmente por técnica in vitro. Se trata de Paulownia tomentosa o Kiri, su nombre popular, de la familia de las Paulowniàcies. Originario de tierras chinas, este árbol Emperatriz ha generado gran expectación a escala global a causa de sus calidades excepcionales como sus raíces gigantes que permiten recuperar terrenos erosionados, la absorción de hasta 10 veces más de dióxido de carbono que el resto de plantas forestales, o que en un periodo de cinco años puede conseguir una altura como la de un roble de 40. Y es que suele crecer hasta 27 metros de altura, con troncos de entre 7 y 20 metros de diámetro y unas grandes hojas de 40 cm de ancho. El Kiri es el juguete del programa de conservación y posterior forestación de una septuagésima de especies arbóreas en peligro de extinción que son acomodadas en unas condicionas físicas y químicas idóneas.

 

El Jardín Botánico en cifras

El año 2015 fue el punto de inflexión del Jardín de Santa Cruz, en tan solo un año el número de entradas pasó del habitual umbral de las 3.000 además de 100.000, ascenso vertiginoso de la mano de la millonaria inversión del gobierno municipal en cuanto a infraestructuras. En concreto, en 2016 fueron 101.600; 104.600 más que el año anterior.

 

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Visita de una escuela local / ©Jardín Botánico Municipal de Santa Cruz de la Sierra, facebook

 

Estudiantes de colegios, institutos y universidades de la ciudad y de la provincia son los mayoritarios y junto a académicos, familias y grupos de amigos completan el perfil de los visitantes que recibe anualmente el Botánico. Es una aula viva donde se puede tocar y oler aquello que solo vemos en libros, un rincón emblemático para aquellos sectores de la población que desean olvidar el bullicio de la ciudad sin irse muy lejos de ésta y estar en contacto con la naturaleza durante unas horas. Aun así, en realidad es una mezcla estratégica de factores los que han conseguido la fórmula de éxito del Jardín.

En primer lugar, un gabinete de educación ambiental responsable de la dinamización anual de una agenda compuesta de jornadas formativas y visitas guiadas que han ayudado a incrementar el interés del público. Durante las vacaciones de invierno y de verano se realizan actividades lúdicas ajustadas al periodo de descanso escolar con proyecciones de documentales, talleres y juegos ecológicos, y campamentos los fines de semana, entre otros. Además, es ya una tradición la organización de cuatro importantes ferias, entre otras: Festival de la Orquídea (marzo), Festival de las Plantas Suculentas (mayo), Festival de la Rosa del Desierto (agosto) y Festival del Bonsai (octubre). Estas Muestras congregan centenares de coleccionistas de todo el país y atraen a miles de visitantes durante las jornadas de exhibición.

 

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6ª Feria Nacional del Bonsai en el Jardín Botánico Municipal de Santa Cruz / El Deber

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El Mirador Panorámico se alza a 18 metros del suelo para brindar una amplia vista del área circundante / ©Jardín Botánico Municipal de Santa Cruz, La Región

 

En segundo lugar, instalaciones técnicas estrictamente (laboratorios, herbario, orquidiario, palmeral o cactario) que se complementan con nuevas áreas y puntos de atracción turística, facilitando así mayores comodidades y opciones de dispersión del visitante al espacio natural habilitado. También encontramos una zona boscosa con red de senderos, un mirador en la parte interior, y un vivero y huerto orgánico con una amplia variedad de plantones forestales, frutales y ornamentales, y fitosanitarios para venta. Además, el aula Natura y su decena de guías especializados para acompañar los grupos de estudiantes o delegaciones, un auditorio con capacidad para un centenar de usuarios, una laguna de 1’5 Ha que cuenta con una cascada, muelle flotante y balcones miradores, y un patio colonial, un parque infantil, una área de camping para pernoctar, un merendero equipado de mobiliario, un salón comedor para realizar actos institucionales o privados, y una zona de aparcamiento con una capacidad para 250 vehículos. Según su director, espacios dinámicos que deben de ir cambiando con el objetivo de entretener más al visitante. Con todo esto yo me pregunto, ¿el papel lúdico, de ocio es primordial? ¿Se puede acabar vulgarizando el Jardín en un futuro?

 

Una radiación faunística ganando espacio

El enfoque botánico del Jardín resulta tal vez poco compatible con la elevada diversidad de fauna silvestre. En las zonas boscosas podemos observar una gran variedad de animales como primates, perezosos, ardillas y una explosión de avifauna migratoria que usa el Botánico como refugio de descanso y de alimentación, las más de 270 especies de aves posicionan el Botánico como uno de los lugares con más diversidad inventariada en la provincia de Santa Cruz. Es más, hay 300 especies de mariposas diurnas y una cincuentena de escarabajos coprófagos censados, y uno de ellos fue descubierto por primera vez en el Jardín. Estos últimos son particularmente vulnerables por su relación directa con los mamíferos y aves que habitan, y la colonización aumentada de otras especies invasoras y exóticas.

 

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Un perezoso y su cría en el Jardín Botánico / ©Jardín Botánico Municipal de Santa Cruz, La Región

 

Este escenario profundiza en la distinción de dos públicos, uno interesado en la visión como espacio zoológico y el otro como espacio botánico, generando así una presión no deseada sobre el Jardín en sí, donde se debe priorizar el valor de la investigación de la conservación vegetal y la educación ambiental mientras se restringen los valores meramente recreativos. De hecho, algunos informes realizados abordan si realmente el Jardín debe de aspirar a convertirse en un Bioparc, cosa que puede afectar irreversiblemente a la ecología de la biota y las interacciones de la fauna autóctona existente antes de la incorporación de nueva.

 

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Manto de bosques del Jardín Botánico y parte de los anillos periurbanos industriales de la metrópolis de Santa Cruz, perfilada en el horizonte de una panorámica tomada desde la torre mirador / Jose Aparici

 

Hoy por hoy, es un proyecto congelado pero en el 2015 se planificó la construcción de un hipotético Bioparc en el último bosque chaqueño del Jardín. Muchas voces se levantaron avisando de que la alteración de este representaría una pérdida, un impacto irreversible para Santa Cruz y para Bolivia, puesto que el citado ecosistema es único, relicto y característico en una área periurbana, degradaría la ciudad, y además, dificultaría gravemente a las nuevas generaciones el conocimiento de la vegetación nativa original que cubría antiguamente la llanura de Santa Cruz. Y es que el considerar el Botánico como un lugar opcional para el establecimiento de un nuevo zoológico comporta la subestima de los valores locales tanto de la flora como de la fauna, incluyendo especies de gran valor de conservación, como también los valores científicos, educativos, ambientales, culturales e históricos mostrados a la sociedad.

 

Reforzar el valor ecológico del Jardín Botánico

El Jardín Botánico de Santa Cruz se proyecta como referente ecológico, una aula viva donde los estudiantes refuerzan todo aquello aprendido en colegios, dentro del campo de conocimiento de la botánica o la zoología, por eso, la dirección continúa ampliando tanto las colecciones de plantas como la construcción de nuevos invernaderos actualmente. Sin duda, es indiscutible la importancia del Jardín si hablamos de protección de especies, de refugio de aves migratorias y como no, como basto territorio forestal con un papel regulador del clima local y de control de los vientos, entre otros factores.

 

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Panorámica del Jardín Botánico / ©Jardín Botánico Municipal de Santa Cruz de la Sierra, facebook

 

La necesidad de preservar los bosques relictos representados en el Jardín pasa por ser incluidos en un espacio natural protegido de ámbito municipal, con la restricción legislativa de actividades que podrían perjudicar los valores naturales presentes y los incentivos para mejorar el estado de conservación. Y es que los bosques del Jardín resultan ser de alto valor científico por los registros y descripciones de al menos dos especies y un género nuevo en Bolivia, y por todas aquellas investigaciones pendientes de llevarse a cabo para profundizar en el conocimiento de las ecofunciones y dinámicas de sucesión de la vegetación, como también la influencia de los parámetros edáficos físicos y químicos sobre el funcionamiento de los ecosistemas nativos de Santa Cruz. Marco que implica un extraordinario valor como área de estudio para futuros estudiantes de Biología, Ingeniería Agronómica o Forestal.

Los bosques naturales bolivianos equivalen a una área de 54 millones de Ha, representan el 48% de la superficie del país, concentrados en la porción norte y oriental (Departamentos de Santa Cruz, Beni, La Paz y Pando) y el 10% de los bosques tropicales existentes en América del Sur. Ese 48% de potencial forestal está compuesto por seis tipos de bosque.

 

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Familia disfrutando del boscoso Jardín Botánico / ©Jardín Botánico Municipal de Santa Cruz de la Sierra, facebook

 

Junto al bosque subhúmedo de la Chiquitania y el árido del Gran Chaco, encontramos el bosque siempre verde de las tierras bajas, formación extensa que ocupa la región amazónica de Bolivia caracterizada por las elevadas precipitaciones. Por otra parte están el bosque de los Yungas en los valles húmedos de la cordillera de los Andas, en el Departamento de Cochabamba y La Paz, el bosque húmedo subtropical, la zona comercialmente más importante ya que contiene un diverso bosque con más de un centenar de especies usadas en la industria maderable, y el bosque húmedo montañoso que se extiende hacia el sur hasta los 2000 m. de altitud y que es considerado menos productivo. Joyas naturales que conservar, proteger y difundir, una de las tareas por las cuales el Jardín Botánico tiene que seguir en activo y en el camino adecuado en su vocación científica.

José Aparici

Graduat en Biologia per la Universitat de València i postgrau d’Ecologia Avançada i Gestió del Medi Natural per la Universitat d’Alacant
He treballat al Servei Tècnic d’Espais Naturals Protegits de la D.G. de Medi Natural (GV), al Museu de Ciències Naturals de València i al Parc Científic-UV. També he realitzat col·laboracions formatives al Jardí Botànic UV, assistències tècniques en AE-Agró i com a Especialista Municipal Voluntari del Fons Valencià per la Solidaritat a Bolívia.