Mariano Lagasca y el liquen de Islandia

Colaborador de Simón de Rojas y amigo de Cavanilles, Hooker o Alexander von Humboldt, Mariano Lagasca y Segura fue uno de los autores de La Criptogamia Española, libro que comprende una clasificación única en su género sobre helechos y musgos.

El aragonés Mariano Lagasca está considerado como uno de los botánicos europeos más brillantes del siglo XIX. También fue testigo directo del auge de la botánica en nuestro país, lo que le permitió codearse con algunos de los científicos más importantes de la época como el ilustrador, botánico y micólogo inglés, William Jackson Hooker, autor de Muscologia, una completa recopilación de los musgos del Reino Unido e Irlanda y que será vital para entender uno de los trabajos más interesantes de Lagasca, La Flora Española.

 

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Lagasca también fue amigo personal de Antonio José Cavanilles, que por aquel entonces era director del Real Jardín Botánico de Madrid, y gracias a esta amistad obtuvo el apoyo suficiente para ser comisionado por el gobierno para viajar por la Península  con el objetivo de recoger los datos y ejemplares necesarios para poder escribir su compendio Flora Española. Fue en uno de estos viajes cuando Lagasca descubrió el liquen de Islandia (Cetraria islandica), una variedad que se usaba tradicionalmente como remedio contra las enfermedades pulmonares y las picaduras de serpiente. Este hallazgo, en Asturias, dio reconocimiento y fama a Lagasca y acabó con la necesidad de importar esta especie del extranjero. Pero ese no fue su único mérito, a lo largo de su carrera botánica descubrió más de 400 especies, propuso nuevas clasificaciones y fue reconocido por botánicos de nuestro país y del extranjero.


Médico durante la Guera de la Idependencia

Como muchos otros intelectuales de su época, Mariano Lagasca (Encinacorba, Zaragoza, 1776) no se formó inicialmente como botánico ni como biólogo. En su caso, la primera opción fue seguir la carrera eclesiástica por una cuestión de conformidad familiar, así que siendo un adolescente se trasladó a Tarragona para formarse como sacerdote. Allí conoció al científico Antonio Martí y Franqués, famoso por sus estudios sobre composición del aire y sobre fisiología vegetal y por demostrar la teoría de Linneo sobre la sexualidad de las plantas. Al parecer, fue esta amistad la que despertó un especial interés de Mariano Lagasca por la botánica, una ciencia que se esmeró por aprender desde entonces.

 

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En 1795 Lagasca se instaló en Zaragoza para comenzar sus estudios de medicina, y dos años después se trasladó a Valencia con el objetivo de terminar su carrera y seguir formándose en el "huerto de simples" de la ciudad (el origen del Botánico de Valencia), donde recibiría clases de Vicente Alfonso Lorente. Entre 1797 y 1800 se convierte en el alumno aventajado del botánico valenciano y comienza a elaborar un extenso y rico herbario recogiendo ejemplares en las provincias de Valencia, Castellón y Murcia. En 1801 se traslada a Madrid, pero hará este viaje andando y recogiendo nuevas especies para su herbario, un hecho que llamará mucho la atención de Antonio José Cavanilles, quien lo acogerá de inmediato como profesor adjunto en el Real Jardín Botánico de Madrid.

Comienza entonces su colaboración con este Jardín, que durará décadas, prestando especial atención a su reorganización. Lagasca se implicará en la docencia, dando clases como profesor y convirtiéndose en colaborador habitual de los Anales de Ciencias Naturales, publicación editada por la institución. Debido a su experiencia en trabajo de campo y por mediación de Cavanilles, en 1803 Lagasca fue enviado por el gobierno a herborizar la Península con el fin de confeccionar una Flora Española. En Asturias recogió más de dos mil especies, entre ellas el liquen de Islandia, un hito botánico que le granjeará mucha fama internacional. Tras la muerte de Cavanilles en 1804 Lagasca siguió vinculado al Botánico de Madrid, consiguiendo su plaza como profesor en 1807. En estos años se centró en el estudio y la ordenación y clasificación de vegetales recopilados en su viaje por Asturias.

 

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Cuando estalló la Guerra de la Independencia, y a pesar de que José Bonaparte le ofreció el cargo de director del Jardín Botánico de Madrid,  Mariano Lagasca se decantó por el bando que luchaba contra los franceses y se alistó en el ejército como médico militar. Durante la contienda sirvió como médico pero nunca olvidó su rico herbario, que fue completando a lo largo de sus continuas marchas. En 1811, a punto de finalizar la Guerra, Lagasca publicó en Orihuela el primer número de Amenidades naturales de España, célebre en la historia de la ciencia por la «Disertación sobre un nuevo orden de plantas de la clase de las compuestas».  Cuando poco después regresó a Madrid, ya finalizado el conflicto, Mariano Lagasca decidió elaborar un segundo herbario con todo el material, plantas y semillas recogidas en las provincias meridionales en los últimos cinco años.

En 1816 publicó un catálogo del Jardín Botánico de Madrid, Elenchus plantarum H.R.M., propuesto como modelo de género, y al año siguiente vio la luz Species plantarum quae aut novae sunt, aut nondum recta cognoscuntur, otro catálogo que contiene 411 especies, la mayor parte nuevas, y algunos géneros de nueva creación. Al año siguiente, en 1818, publicó Memoria sobre las plantas barrilleras de España, traducida a varios idiomas. Durante este periodo será comisionado por el Gobierno para redactar la Flora de Santa Fe de Bogotá, recogiendo para ello los materiales que D. José Celestino Mutis había recopilado en su viaje por América, un mérito que volverá a ponerle en la cima de los botánicos internacionales.

Diputado en Cádiz y exiliado en Londres
A partir de 1820 comienza la etapa política de Lagasca, que coincide con su caída personal y profesional. Elegido como diputado en las Cortes de Cádiz en 1821, participará con los liberales en la elaboración de la reforma de la enseñanza, llegando a obtener un cargo como ministro. Sin embargo, cuando el gobierno liberal fue derrocado, tuvo que salir de España. Durante su huida le fueron incautados su herbario y prácticamente toda su biblioteca personal, que fue destruida. También le fueron arrebatadas los manuscritos de Flora Española, su gran obra.

 

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Mariano Lagasca aprovechó su exilio en Londres para ponerse al día de los principales avances botánicos del momento. Obsesionado con las clasificaciones, tuvo la oportunidad de examinar de primera mano el herbario personal de Linneo y clasificó el herbario de un importante botánico inglés que había viajado por Oriente. También publicó algunos artículos en el Cardener's Magazine dedicados al estado de la agricultura en España, el Hortus siccus londinensis y tradujo al español la Teoría elemental de Botánica, de Candolle. Además, participó activamente en el departamento de cereales del Jardín Botánico de Chelsea y fue uno de los principales impulsores y docentes del Ateneo Español de Londres, una institución que tenía como fin proporcionar enseñanza gratuita a los hijos de los emigrados y exiliados españoles.

 

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Tras la muerte de Fernando VII en 1833 y habiendo pasado dos años en EEUU, Mariano Lagasca volvió a España. Su fama internacional hizo que fuera recibido como profesor titular del Jardín Botánico de Madrid, nombrado presidente de la junta de gobierno del Museo de Historia Natural y condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica. Sin embargo, la España que dejó no era la que encontró a su vuelta y el reconocimiento duró poco. La botánica española, decía, no había avanzado en los últimos años, y su participación en política le había granjeado más enemigos que amigos en la comunidad científica. Debilitada su salud se trasladó a Barcelona, donde murió en 1839.

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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