Ken Saro-Wiwa, el crimen del petróleo

En el año 1995 el escritor y ecologista nigeriano Ken Saro-Wiwa fue ejecutado junto con otras ocho personas por denunciar las actividades de la compañía petrolífera Shell en el delta del Níger. La comunidad internacional no pudo hacer nada ante aquella ejecución, cuyo único motivo era la denuncia pública de una masacre humana y medioambiental. La contaminación generada afecta todavía hoy en día a la salud de los manglares y también de los habitantes de la zona.

Pocas historias como la de Ken Saro-Wiwa han calado tan hondo en la opinión pública. Saro-Wira era una de las voces literarias e intelectuales más importantes de Nigeria y de África, un consagrado escritor y artista polifacético con presencia en distintos medios de comunicación. Apasionado de las letras también era un fuerte defensor de las raíces de su pueblo y de su etnia, la de los Ogoni, uno de los pueblos indígenas asentados en el Delta del Níger. Por eso veía con estupor lo que ocurría a su alrededor, ya que la tierra del reino Ogoni, en pleno corazón de la desembocadura del Níger, era una región pobre e inestable que tradicionalmente había vivido de la pesca.  Con unos recursoso mínimos, la llegada del progreso en un primer momento se veía como una salvación, ya que aquellas tierras aparentemente estériles tenían algo que muchos ansiaban, hidrocarbruros. Los Ogoni se pusieron en el punto de mira de las grandes multinacionales del petróleo y ninguno podría imaginar que eso sería el inicio de la tragedia.

 

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La modernidad llegó a la tierra de los Ogoni en forma de petróleo y de abusos: las empresas comenzaron a explotar la zona generando una riqueza que no revertía en el pueblo de forma significativa hasta el punto de que la región fue prácticamente abandonada a su suerte por un gobierno estatal silenciado y con las manos atadas debido a los sobornos. Tras casi 40 años de explotación petrolífera por parte de la empresa holandesa Shell, que se instaló en la zona en 1958, la degradación ambiental puso a los Ogoni en una encrucijada, la contaminación hacía que no pudieran continuar con sus actividades productivas y además tampoco se beneficiaban de la riqueza que venía del petróleo.

 

Denuncia pública y genocidio de los Ogoni

En un contexto de desesperanza total, Ken Saro-Wiwa decidió convertirse en la voz pública del pueblo Ogoni, aprovechando para ello su imagen, contactos y su trabajo durante años en la administración pública nigeriana. Así, era buen conocedor de la situación y testigo directo de los desmanes económicos y ecológicos producidos por la compañía Shell.

 

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Ken Saro-Wiwa

En el año 1991 Saro-Wiwa tomó la decisión de abandonar todo y dedicarse en exclusiva a la defensa de su pueblo. Un año antes había asumido la presidencia del MOSOP (Movimiento para la Supervivencia), organismo que le sirvió para denunciar ante el mundo la situación de los Ogoni mediante producciones cinematográficas y magnetofónicas. Durante los dos años siguientes, el escritor realizó una campaña de denuncia que cobró rápidamente un eco indeseado en el gobierno militar del dictador Sani Abacha. El MOSOP, lejos de acobardarse, redactó una Carta de Derechos en que reclamaba autonomía política dentro de la federación nigeriana, y una redistribución justa de los recursos de su territorio, que revertiera en el desarrollo propio. Las exigencias eran políticas, económicas y medioambientales, e incluían que la industria petrolera iniciara una descontaminación del territorio.

 

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Tras una multitudinaria manifestación pacífica a principios de 1993, la presión social hizo que la compañía Shell se viera obligada a cesar su actividad en el territorio Ogoni. La respuesta del gobierno de Nigeria no se hizo esperar. Saro-Wiwa fue detenido en abril de aquel mismo año junto con otros tres miembros del MOSOP y se le retiró el pasaporte para que pudiera salir del país. Fue entonces cuando la comunidad internacional dio un primer toque de alerta y mientras Amnistía Internacional lo declaraba preso de conciencia y comenzaba una campaña para exigir su liberación, el gobierno de Nigeria presentó distintos cargos contra los detenidos por asociación ilícita, intento de sedición y publicación de material sedicioso. Finalmente fue liberado.

 

Entre el verano de 1993 y la primavera de 1994 la dura represión del ejército del dictador Abacha acabó con la vida de miles de ogonis, cientos de ellos fueron encarcelados y los bienes de otros miles fueron expropiados. Junto con la fuerza que alcanzó el MOSOP llegaron también las divisiones internas, fruto de las cuales, en el transcurso de unos disturbios en la primavera de 1994 cuatro jefes ogonis fueron asesinados. Saro-Wiwa fue de nuevo detenido junto con otros ocho compañeros bajo la acusación de haber participado en los asesinatos y fue juzgado en un juicio militar sin garantías en febrero de 1995, en un proceso especial fuera del sistema judicial normal para juzgar casos relativos a sublevaciones y disturbios civiles.

 

El 10 de noviembre de aquel año y pese a las peticiones de clemencia de la Organización de la Unidad Africana (OUA), la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, la ONU y otros organismos, así como de varios líderes internacionales entre los que se encontraba Nelson Mandela, Ken Saro-Wiwa, premio medioambiental Goldman y candidato al premio Nobel de la Paz, fue ahorcado junto con sus compañeros.

 

El legado de Saro-Wiwa

Después de su muerte, el MOSOP cobró más fuerza, pero también las compañías petrolíferas amparadas por el gobierno de Abacha. La mirada internacional puso el delta del Níger en el punto de mira, pero aún así, el gobierno no cesó de en su empeño por silenciar la situación y prohibió el acceso a periodistas de cualquier medio de comunicación nacional o extranjero. Se estima que durante las revueltas del pueblo Ogoni más de 2000 miembros de la etnia fueron asesinados y otros tantos tuvieron que exiliarse.

 

Durante los años posteriores a la muerte de Saro-Wiwa las empresas petroleras instaladas en el Delta del Níger siguieron funcionando como pequeños gobiernos regionales. Así, controlaban los poderes sociales, económicos y ambientales, y tuvieron presencia incluso en la restauración de un régimen de garantías civiles en el año 1999.


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La compañía Shell, que a raíz de estos y otros sucesos incluyó códigos de respeto a los derechos humanos y al desarrollo de los pueblos en sus estatutos, llegó a admitir que en su momento había instado al gobierno a una intervención de las fuerzas armadas para sofocar las protestas ogonis.

Lo que nadie ha llegado a admitir claramente es la relación comercial entre el gobierno de Abacha y Shell, entre 1993 y 1995 la petrolera suministró de armamento al gobierno nigeriano. Tras una larga batalla legal, en mayo de 2009 la compañía alcanzó un acuerdo económico para poner fin a la reclamación de responsabilidades, por complicidad con la dictadura militar nigeriana en la represión y genocidio del pueblo ogoni, aceptando satisfacer 15,5 millones de dólares al actual gobierno de Nigeria y al MOSOP, y evitando de esta forma la celebración de un comprometedor juicio que afectaría a su reputación internacional.

 

Una agricultura y una ganadería “de alto riesgo”

Respecto a la situación de los ogonis, apenas ha variado en los últimos años. Tras cincuenta años de explotación petrolífera, contaminación y pobreza siguen conviviendo a partes iguales. En un informa sin precedentes publicado por la ONU en 2012, se constataba la importancia y el impacto de la contaminación en tierra ogoni y que requeriría la mayor operación de limpieza medioambiental jamás acometida en el mundo.

 

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Los oleoductos son una parte más del paisaje y la agricultura y la ganadería se han convertido casi en actividades de alto riesgo. Las muestras de agua tomadas en la zona han revelado que ésta contiene 900 veces más benceno, un hidrocarburo cancerígeno, del límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este agua es usada por los aldeanos para beber, cocinar y lavarse, y es usada para el riego y la escasa ganadería que sobrevive en la zona. El mismo estudio asegura que incluso áreas que parecen no afectadas en la superficie están contaminadas subterráneamente, y los científicos han llegado a encontrar ocho centímetros de crudo refinado sobre las aguas de los pozos.

 

Debido a que Ogoni es lugar de grandes lluvias, cualquier retraso en la limpieza de una fuga de petróleo puede provocar que lo arrastren las aguas y, así, atraviesa los terrenos agrícolas y llega en la mayoría de los casos a las bahías. El impacto del crudo sobre la vegetación de los manglares ha sido terrible y el sector pesquero está sufriendo por la destrucción del hábitat marino debido a una capa permanente de petróleo flotante. Por otra parte los incendios producen, en numerosas ocasiones, destrozos en la vegetación y crean una corteza de cenizas y alquitrán sobre la tierra, lo que dificulta la aplicación de medidas reparadoras o la reforestación. A esto se suman las fugas masivas de petróleo que en agosto de 2008 devastaron el área de Bodo en Ogoni, donde viven 69.000 personas, y que requerirá al menos 20 años de descontaminación.

 

Manifiesto del pueblo Ogoni

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Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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