El Botánico de Bogotà: compendio de historia y biodiversidad

El Botánico de Bogotà: compendio de historia y biodiversidad Sebaxo93 (Wikimedia Commons)

El Jardín Botánico José Celestino Mutis ofrece al visitante de la capital colombiana una visión de la diversidad vegetal de uno de los países más megadiversos del planeta. Con poco más de 70 años de andadura, fue creado en honor al astrónomo y botánico José Celestino Mutis, primer científico consagrado al estudio de las ciencias naturales en el territorio de la Nueva Granada, actual Colombia.

Cuando se aterriza en Bogotá, uno puede llevar en mente que ha de visitar el Museo del Oro, el museo Botero, ascender al Cerro Monserrate, bien a pie o con el funicular, e incluso visitar la Catedral de Sal del cercano municipio de Zipaquirá. Pero hay una visita que tampoco ha de dejar de hacerse, ya que reúne una serie de elementos que le confieren gran atractivo. Dejando al margen el placer que supone adentrarse en la tranquilidad de cualquier jardín botánico cuando se visita una gran urbe, el Jardín Botánico de Bogotá lleva el epíteto añadido de José Celestino Mutis, lo que nos da una idea de que algo más nos puede ofrecer.

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Entrada al Jardín Botánico de Bogotà. / Olga Mayoral


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Detalle del suelo en la entrada al Jardín. / Olga Mayoral

 

El Jardín Botánico de Bogotá es un lugar especialmente agradable en una ciudad de en torno a 10 millones de habitantes, en la que el bullicio se apodera de los turistas y visitantes. La gran altitud de la ciudad (2.625 m), considerada la tercera más elevada de Sudamérica, tras La Paz y Quito, unida a la contaminación atmosférica, hacen que el paseante que entra en el Celestino Mutis se sienta rescatado a la vez que se le permite conocer parte de la enorme diversidad colombiana.

El origen del jardín es reciente, ya que se remonta a 1955, gracias al empeño de Enrique Pérez Arbeláez, botánico y sacerdote colombiano, ayudado de Teresa Arango Bueno, quienes dedicaron grandes esfuerzos a la recolección de semillas de los bosques andinos durante largas y fructíferas expediciones. Pérez Arbeláez publicó además una obra de gran interés bajo el título de Plantas Útiles de Colombia. Así mismo desarrolló el plan de zonificación del Jardín, aún en vigencia.

 

El tropicario: incentivando la conservación

Las 20 hectáreas de jardín albergan diversas colecciones, destacando la dedicada a la conservación de especies en peligro de la región de los Andes. Además, posee más de 2.000 taxones de plantas cultivadas, estando especializado en las plantas de la región andina. Hemos de incidir en el hecho de que Colombia está considerado el segundo país con mayor biodiversidad del planeta e incluye dos de los puntos calientes de biodiversidad (biodiversity hotspots): los Andes tropicales y la zona de Tumbes-Chocó-Magdalena. El Jardín Botánico permite hacer un rápido barrido por los diferentes ecosistemas y las especies más emblemáticas del territorio colombiano.

Uno de los centros de atención más destacados del jardín es la zona dedicada a las plantas de climas tropicales o húmedos, con especial atención a las orquídeas, uno de los grupos vegetales más significativos de Colombia. También es posible disfrutar de una zona con atractivos ejemplares arborescentes de la llamada palma boba (Cyathea caracasana), helecho nativo de las regiones tropicales o subtropicales del norte de Sudamérica. La palma boba llega a medir unos 12 metros de altura y está considerada un fósil viviente. Actualmente está en vías de extinción ya que sus troncos son apreciados por su resistencia y durabilidad y empleados para hacer postes y columnas en las viviendas, o incluso como macetas para las orquídeas.

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Palma boba (Cyathea caracasana) en el entorno dedicado a los helechos arborescentes. / Olga Mayoral

La importancia de la sección tropical ha motivado que en estos momentos el tropicario esté en plena remodelación. Esta nueva infraestructura recreará el bosque seco tropical, bosque húmedo, de áreas del Amazonas, Chocó y superpáramo, incluyendo los ecosistemas a escala real, para que los visitantes puedan conocer más de los valores ambientales y se incentive su conservación. En este sentido, el Jardín Botánico de Bogotá se ha posicionado como un centro de investigación y conservación especializado en ecosistemas alto andinos y de páramo que, además, se encarga de la gestión integral de coberturas verdes de Bogotá, así como del desarrollo de programas de educación ambiental para aumentar la transferencia social en la ciudadanía y su entorno. Y, todo ello, a cargo del gobierno distrital de Bogotá.

 

La maloca Y la chagra

En los jardines botánicos se aprende no sólo sobre plantas, sino también sobre los paisajes del país, alimentos y medicinas populares, costumbres, etc. Por eso uno de los elementos que más sorprende a los visitantes es la maloca, que ofrece una mirada a la Amazonia Colombiana. La maloca es la casa comunal y en el mundo mítico-simbólico constituye el centro ceremonial y social: en la maloca se comparte la sabiduría, se transmiten las historias, mitos, ritos y costumbres, la lengua materna, la artesanía o se enseña la forma de trabajar la chagra (huerta). La chagra, además, es el epicentro de la domesticación y conservación de plantas medicinales y comestibles, que normalmente crecen cercanas a la propia maloca. La Maloca del Jardín Botánico de Bogotá fue construida con elementos vegetales por los Uitoto, una etnia que fue tristemente diezmada en la explotación del caucho. La impresionante construcción, de 12 metros de diámetro y 8 de alto, tiene el techo cubierto por palma real.

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Maloca construida por la etnia Uitoto. / Olga Mayoral

 

El legado de Celestino Mutis

Pero queda una cuestión que a muchos turistas genera curiosidad, ¿por qué el Jardín Botánico lleva el nombre de Celestino Mutis? La importancia de Mutis en el contexto colombiano es indudable, pero en el siglo XVIII, Mutis era considerado uno de los referentes científicos y el mayor conocedor de la flora de Sudamérica. Por esta razón, Alexander von Humboldt se empeñó en hacer una parada en Bogotá, donde Mutis había establecido su residencia, en su expedición sudamericana para compartir conocimientos. Humboldt quedó impresionado por los herbarios y por la obra pictórica que se estaba llevando a cabo bajo la tutela de Mutis.

José Celestino Mutis fue el organizador y director de la más famosa expedición científica al Nuevo Reino de Granada (actualmente, Colombia) que, bajo la aprobación del rey Carlos III, duraría 33 años. Esta expedición tendría como resultado un importante herbario de más de 20.000 especies y una colección de 6.000 láminas que se enviaron al Real Jardín Botánico de Madrid. Además, Mutis es considerado uno de los impulsores de la salud, ya que promovió medidas de salubridad, así como una campaña de vacunación que salvó muchas vidas.

Es lógico, pues, que Mutis aparezca en el nombre del Jardín Botánico y que haya inspirado muchos nombres de plantas, como la flor de Mutis o clavellino (Mutisia clematis), emblema del Jardín Botánico. Se trata de una planta trepadora, de flores muy vistosas, de pétalos color rojo vivo, propia de los bosques andinos en altitudes entre los 2.300 y 3.200 m. Al margen de la belleza del clavellino, es una planta excepcional por tratarse de una hierba de la familia de las compuestas pero trepadora y con zarcillos, algo completamente atípico en esta familia.

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Mutisia clematis pintada por Salvador Rizo durante la Real Expedición Boáànica del Nuevo Reino de Granada de José Celestino Mutis (aquarela sobre papel). / Wikimedia Commons. A la derecha, José Celestino Mutis, óleo pintado por R. Cristobal. / Wellcome images

 

El nogal y la palma de cera del Quindío

En el jardín también se pueden ver grandes ejemplares del árbol insignia de Bogotá, el nogal (Junglans neotropica), originario de las cordilleras colombianas. Destaca por su longevidad y resistencia a la contaminación y por su gran valor paisajístico e histórico, siendo además su madera muy apreciada en ebanistería.

El árbol nacional de Colombia, la palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense) tiene un espacio reservado en el jardín, donde hay un pequeño y elegante bosquete. Estas palmeras tienen el tronco blanco, cilíndrico, liso y cubierto de cera, surcado de anillos negros que dejan las hojas al caer. Son originarias de las tres cordilleras colombianas, especialmente de los departamentos de Antioquia, Cundinamarca, Quindío, Tolima y Putumayo, donde han llegado a estar en peligro de extinción por múltiples factores, como la deforestación o el uso de sus hojas en las celebraciones católicas del domingo de ramos, costumbre casi del todo erradicada. La palma de cera crece en zonas de elevada altitud, con precipitaciones que superan los 1.500 mm anuales y constituye hábitat de especies en riesgo de extinción como el Loro Orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis).

 

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Bosquete de Ceroxylon quindiuense. / Olga Mayoral

Volviendo a las singularidades de este espacio, destaca la estrategia de desconcentrar las actividades del jardín botánico hacia las localidades, consolidando una red comunitaria de participación activa en diferentes proyectos.

Como curiosidad, para todos aquellos amantes de búsquedas rápidas en internet, debemos advertir que el Jardín Botánico José Celestino Mutis de Bogotá, tiene su homónimo en el Parque Botánico José Celestino Mutis, situado en el paraje natural de La Rábida, término municipal de Palos de la Frontera (Huelva).

 

 

Olga Mayoral

Doctora en Biología. Profesora del Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales

Me gustan las excursiones, la lectura y el cine. Sí, soy botánica pero ¡no me regales ramos de flores! Siempre corto la tortilla de patatas con cuchillo, nunca con el tenedor.