Christopher Field: en las fronteras del cambio climático

Christopher Field, biólogo,  tras años de estudios ha llegado a la máxima de que na gestión adecuada de los ecosistemas contribuye a mitigar el cambio climático, y le ha valido el reconocimiento de la comunidad científica internacional gracias al Premio Fronteras del Conocimiento 2013 en cambio climático. La consecuencia no seria solo quitarnos parte de culta, también mirar la forma de cómo encarar este nuevo reto.

A veces parece que el cambio climático ha llegado al mundo de repente, que es un problema que ha aparecido de la nada en nuestro mundo y que hay que solucionar rápidamente, pero en realidad es resultado de un proceso largo agravado por la acción del hombre en el último siglo. La voz de alarma sobre el cambio climático llegó prácticamente cuando ya estábamos a punto de cruzar el umbral del nuevo milenio, y hasta entonces el tema parecía preocupar únicamente al sector de la sociedad más concienciado con temas ecológicos y medioambientales. Pero en poco tiempo el problema se ha convertido en el eje de toda una serie de políticas mundiales, nadie es ajeno a que el planeta se está calentando y que puede tener consecuencias que modifiquen conductas y ecosistemas y, en definitiva, el modo de vida que hemos conocido hasta ahora. Políticos, agentes sociales, grupos ecologistas, científicos y en general, la sociedad, claman soluciones ante este problema que muchos intentaron ocultar pero que hoy en día viene avalado con decenas de cifras, informes y datos contrastados.

 

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Svante Arrhenius


La primera persona que alertó sobre un continuo aumento de la temperatura debido a las emisiones nocivas a la atmósfera fue el físico y químico sueco Svante Arrhenius, ganador del Premio Nobel de Química en 1903. Algunos años antes, en 1896, observando las emisiones preindustriales, Arrhenius advirtió de que si seguíamos enviando CO2 a la atmósfera de la misma forma que aumentaba la industria en apenas doscientos años la temperatura global subiría de cinco a seis grado, con consecuencias a todos los niveles. A pesar de la gravedad de sus predicciones fueron pocos los que le hicieron caso. Las alarmas vendrían después, cuando ya habían pasado más de seis décadas y el petróleo y la desertización se habían convertido en base de la cultura del desarrollo en nuestro planeta.

 

El cambio climático nos sale muy caro

Aunque durante años algunos han asegurado que el cambio climático era una cortina de humo para ocultar otros problemas globales, lo cierto es que las cifras sobre esta realidad son verosímiles: desde que comenzó a medirse la temperatura de la Tierra a finales del siglo XIX ésta ha pasado a tener una temperatura media de 14,5° en 1890 a 15,2° un siglo después, hasta situarse en 15,32º el 2005.

 

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El aumento de las temperaturas parece estar modificando también los fenómenos atmosféricos y lo hace de una forma totalmente impredecible para el ser humano, siendo su principal riesgo. Los polos retroceden, los mares crecen y las lluvias son cada vez más continuas y no podemos hacer nada. Algunos santuarios como los glaciares del Himalaya, Huayna Potosí, Chacaltaya parecen encogerse a gran velocidad y el número de huracanes aumenta sin parar: durante la década de 1960 se registraron cerca de 8 huracanes y el número se multiplicó en los decenios siguientes (14 en 1970 y 29 en 1980). La cifra no ha parado de crecer en los veinte años siguientes. La crudeza de estos huracanes es, además, cada vez mayor y sus costes económicos y humanos también lo son. Si en los años 60 del pasado siglo un huracán podía causar daños valorados en tres mil millones de dólares, esta cifra se ha multiplicado por por treinta, los daños económicos provocados sólo por el Katrina en 2005 superaron los cien mil millones de euros.

 

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Las plantas son las que más pueden sufrir el aumento de las temperaturas, y los ecosistemas, debido a este hecho, pueden colapsarse. Los expertos calculan que un aumento de 0,5 grados por decenio equivaldría a una migración de entre 50 y 80 kilómetros de plantas tropicales hacia zonas menos cálidas. Puesto que las plantas no pueden migrar con esa rapidez muchos ecosistemas no soportarían el cambio de temperatura y acabarían por desaparecer, arrastrando en esta desaparición toda la biodiversidad existente en él. Por no hablar de los problemas que este calentamiento y su consecuente efecto invernadero puede causar en los seres humanos: aparte de las víctimas directas existen una serie de catástrofes humanas relacionadas con estos fenómenos naturales. Después de cada tsunami, cada huracán o inundación sobrevienen enfermedades, epidemias e incluso hambrunas derivadas de la pérdida total de las cosechas y de los recursos básicos.

 

¿Existen soluciones contra el cambio climático?

Aunque parece imposible, aunque no podamos parar en seco este cambio climático, a nivel general sí que se pueden tomar medidas para al menos frenarlo lo máximo posible. Algunas de estas ideas aparecieron publicadas en la prestigiosa revista de divulgación científica Scientific American en el año 2008. Entre estas medidas destacaríamos eliminar y reemplazar los combustibles fósiles, mejorar las infraestructuras para el desarrollo de sistemas de energía renovable y arquitectura sostenible, consumir menos energía y promover políticas de ahorro tanto en los hogares privados como en los lugares de trabajo.

 

Pero mucho más allá de todo esto existen voces que apuestan por mitigar el cambio climático de una forma controlada. Una de ellas es la del científico Christopher Field, catedrático de Biología en la Universidad de Stanford y director de Ecología Global del Carnegie Institution for Science que el pasado mes de enero fue reconocido con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático.

 

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Los trabajos de Field, impulsor de una reserva ecológica que funciona como laboratorio natural para científicos de todo el mundo, la Jasper Ridge Biological Reserve, han permitido evaluar los efectos de la deforestación y las prácticas agrícolas en el clima global. Y es que, saliéndose de la tendencia general, Field afirma que no solamente la actividad humana contribuye en el calentamiento de la Tierra sino que el mayor peso recae en los propios ecosistemas: según sus investigaciones el intercambio de CO2 entre ecosistemas y atmósfera es veinte veces superior a las emisiones generadas por la actividad humana. Por lo tanto, la responsabilidad del hombre es más bien indirecta. Evidentemente, esto es una buena noticia, ya que si somos capaces de controlar los ecosistemas podremos controlar levemente los efectos del cambio climático. El problema es cómo debemos hacerlo.

 

El otro aspecto estudiado por Field es cómo la vegetación terrestre participa activamente en el control de clima modificando la radiación solar que absorbe del planeta y la evaporación del agua. Lo ha hecho gracias su investigación iniciada a principios de los años ochenta con una tesis doctoral sobre la fotosíntesis y sobre cómo los procesos bioquímicos producidos en una sola hoja pueden servir para extraer conclusiones sobre un bosque entero. Para ello Field se ha convertido en pionero en la utilización de observaciones de satelites para calcular cuánto CO2 captan los ecosistemas planetarios, un dato esencia para poder cotejar los modelos de clima.

 

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Jasper Ridge Biological Reserve


Aunque desde fuera puede parecer que el estudio que el profesor Field ha desarrollado en los últimos treinta años no tiene que ver nada directamente con el cambio climático, lo cierto es que su estudio le ha llevado a extraer conclusiones que a día de hoy son fundamentales para entender cómo y por qué estamos viviendo este aumento de temperaturas en el planeta. Su estudio es también pionero al presentar probabilidades de predicción sobre el cambio climático que hasta ahora parecerían imposibles: el trabajo de Field ha acabado siendo clave para cuantificar la fotosíntesis a escala global, para evaluar la capacidad de las plantas para absorber carbono y actuar como sumideros, y de una forma más general para comprender la respuesta de los ecosistemas al aumento de las concentraciones de carbono en la atmósfera.

 

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Christopher Field es autor de más de doscientas publicaciones sobre este tema y en la actualidad es co-presidente del Grupo de trabajo II del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que se ocupa de Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad frente al cambio climático. La labor de este grupo de trabajo es emitir un informe periódico que sirva de base para crear políticas públicas de actuación.


La concesión del Premio Fronteras del Conocimiento a su visionaria investigación viene avalada, según el jurado del mismo, por la utilidad de sus predicciones, ya que “ha cruzado la frontera desde la ciencia básica hasta la investigación del impacto del cambio climático”. Además el jurado también ha valorado el papel de Field como intermediario entre científicos y políticos y su exposición clara de una necesidad de gestionar adecuadamente los ecosistemas como arma para luchar contra el cambio climático.

 

Más información:

IPPC: www.ipcc.ch/home_languages_main_spanish.shtml#.UvO3e2J5ONY

FUNDACIÓN BBVA: www.fbbva.es/TLFU/tlfu/esp/microsites/premios/fronteras/galardonados/2013/cambioclimatico.jsp

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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