La huerta en enero

Comienza el año y es tiempo de plantearnos nuevos retos en nuestra huestra ahora que todavía no hay mucha actividad y podemos planificar las cosas con calma. Aprovecharemos para renovar nuestra reserva de semillas y limpiar las herramientas, pero también para atrevernos a trabajar con asociaciones o fabricar nuestro propio compost con los restos orgánicos de casa y del jardín.

En enero recolectaremos lechugas, coles, espinacas, zanahorias, endivias, ajos tiernos, rabanitos y tirabeques. Además, a pesar del frío, todavía estamos a tiempo de plantar guisantes, ajos, espinacas y rabanitos, así como perejil en el rincón de las aromáticas. Podemos también abonar las parcelas que se vayan quedando vacías y habrá que estar atentos a las malas hierbas que tienden a invadir nuestras huertas. Aprovecharemos para hacer una buena limpieza ahora que las bajas temperaturas inhiben en parte su crecimiento.

 

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Y hablando de limpieza, no hay que olvidarse de nuestras inseparables herramientas que tras meses de duro trabajo se han ganado un merecido descanso. Azadas, horcas, rastrillos, palas… ¡toca hacerles una puesta a punto! Para ello las limpiaremos bien, engrasaremos sus partes metálicas para que no se oxiden e barniza la madera con un producto especial.

 

Pero la tarea más importante de este mes de enero será la de planificar ya nuestra huerta para los próximos meses y estaciones, y conseguir así optimizar al máximo nuestro terreno. Lo primero es revisar nuestro stock de semillas. Si no habéis sido previsores y habéis recogido las semillas de los frutos de todo este año pasado os recomendamos adquirir nuevas reservas.

 

Desde el Botánico os recomendamos siempre utilizar semillas ecológicas de variedades autóctonas. Para ello os invitamos a participar de los conocidos “Intercambios de semillas” que organizan en nuestro territorio asociaciones como Llavors d’ací. Si no tenéis semillas para intercambiar no pasa nada, la primera vez que participéis os darán unas cuantas simientes de variedades locales para que las cultivéis y así la próxima vez ya tengáis material a intercambiar. El próximo intercambio será el 9 de febrero de 11 a 13h en la Estufa Fría del Jardín Botánico. ¡Os esperamos!

 

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Pues bien, una vez tengamos las semillas nos pondremos a preparar los planteles de los cultivos que hayamos elegido para el próximo verano, para que puedan ir desarrollándose a resguardo del frío. En nuestro caso, haremos semilleros de pimiento y berenjena, mientras que los de tomate los dejaremos para mediados de febrero. Podemos fabricar nuestros propios semilleros caseros por ejemplo con tarritos de yogur a los que les haremos unos orificios en la base para evitar encharcamientos. Después los llenaremos con sustrato, que presionaremos ligeramente con la mano, y los rotularemos para distinguir las diferentes variedades que elijamos. También podemos comprar directamente cajas de siembra ya preparadas, eso va según gustos y presupuesto.

 

Lo importante es que tengan alveolos o recipientes indiduales para asegurar un correcto crecimiento de la plántula, y para que luego nos sea más fácil sacarla sin dañar las raíces. Sólo falta enterrar una semilla en cada recipiente, pero nunca más del doble de su diámetro, esa es la regla universal. Y ojo con las cantidades! Para un terreno de 40 metros cuadrados  plantaremos 20 ó 25 matas entre pimientos y berenjenas. Por último regaremos y colocaremos el semillero en un lugar bien iluminado, siempre evitando el sol directo, y con una temperatura óptima de germinación de entre 20 y 25ºC. Cuando las plántulas alcancen un tamaño adecuado, allá por el mes de abril, ya podremos transplantarlas a nuestro huerto.

 

Cerramos ciclo!

Desde febrero del año pasado hemos repasado juntos mes a mes, las tareas más importantes que hay que realizar en nuestra huerta. Un rincón para los enamorados de la tierra, que espero que hayáis disfrutado tanto como yo, y que está basado en parte en el trabajo que realizamos cada día en la huerta del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia.

 

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Una huerta en la que además de cultivar hortalizas a base de semillas de variedades autóctonas, también encontramos otro tipo de cultivos como frutales, leguminosas y otras plantas útiles, para que todo el mundo pueda apreciar la gran diversidad de cultivos que puede ofrecernos nuestra tierra.

 

La huerta valenciana, en concreto, nació en la época del imperio romano, cuando se creó la ciudad de Valentia como centro logístico y de hibernación para sus campañas de conquista sobre la península. Nos trajeron cultivos tan importantes como los cereales, la vid y el olivo. Pero lo que conocemos actualmente como huerta valenciana, se forjó realmente en la Edad Media, durante el periodo islámico, con la construcción de una importante infraestructura fluvial a base de acequias, azudes y pequeñas presas. Un gran salto para la agricultura que permitió el desarrollo de la ciudad de Valencia y de sus poblaciones circundantes.

 

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Las acequias mayores de Valencia estuvieron regidas desde esta época por el Tribunal de las Aguas, todavía vigente en la actualidad, y son ocho: Mestalla, Moncada, Tormos, Rascaña, Quart, Mislata, Favara y Rovella. Una época musulmana de esplendor en la que se introdujeron cultivos tan característicos hoy de nuestras tierras como el arroz, la chufa, la berenjena o la alcachofa. ¡Un placer para los sentidos!

 

Nada más, os recordamos que podéis seguir consultando cada mes los artículos publicados hasta ahora en esta sección de espores, y a partir del próximo mes os espero con nuevos artículos específicos y más técnicos sobre el arte de la horticultura.

Carmen Latorre

Jardinera del Botánico de la Universidad de Valencia

Encargada de la huerta y las plantas útiles

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